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El día más violento de mi vida

por 14 noviembre, 2019

El día más violento de mi vida
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Cuando pasa algo extraordinario uno dice, esto tengo que relatarlo, y eso es lo que siento de ayer, el día más violento que me ha tocado vivir.

Todos sabemos del estado de convulsión social que Chile vive, pero, a pesar de eso, uno trata de llevar una vida lo más normal posible, y es así como ayer, día de paro nacional convocado por la CUT y otros organismos intermedios de la sociedad, abrimos nuestro boliche para dar almuerzos para quienes anduvieran “a pasos de la Plaza Italia”, como ya lo hacemos hace años.

El sentido de haber abierto no es nuestra oposición al paro, o a la sensación de injusticia primigenia, sino la necesidad de vender un poco para ver si, después de los acontecimientos ocurridos, podemos llegar a pagar los sueldos de fin de mes, nada más, digo, nada más.

Anoche se veían las noticias en las que, cual pueblos opresores, o nazis, se denigraba a la gente haciéndola humillarse para poder atravesar una barricada o a un piquete que bloqueaba una calle. Y aunque esta es una situación más bien difundida, en nuestro caso la humillación la hemos tenido que sufrir viendo la destrucción de toda la infraestructura puesta en la terraza habilitada por el municipio en la vereda. Los quitasoles sacados de cuajo y quemados, nuestro pasto sintético también quemado, y nuestros maceteros de cemento convertidos en barricada, junto al pasto y a los quitasoles.

A propósito de los maceteros, lo más absurdo es que en un principio manifestantes violentos y manifestantes ecologistas pelearon por el desarraigo que unos hacían de las plantas y los otros los increpaban a ese respecto. Lo que finalmente ocurrió es que las plantas las volvieron a plantar bajo los árboles viejos que están a lo orilla de la calle, directamente en la tierra.

Con todo, al mediodía, nuestro objetivo era poder vender almuerzos, y como ya no hay turistas en las calles, los sándwiches ya no aluden a características de esa naturaleza, como era la “hamburguesa la gringa rica”, sino a temas más contingentes, como la “chorrillana de la igualdad” o el “plato popular del día”, consistente en carbonada, porotos con riendas o lentejas.

Importa también destacar que el boliche ya no se abre en la noche, porque en el último mes ha habido todos los días mambo (manifestaciones y violencia). Hasta pasado el almuerzo la cosa está a una “temperatura” razonable, me refiero a que, incluso habiendo disturbios en la Plaza, todavía se puede trabajar en el boliche.

Sin embargo, poco a poco el aire se va enrareciendo, van cambiando los manifestantes, van apareciendo los encapuchados, normalmente llega un blindado de carabineros que se para casi frente al boliche y en esos momentos sacamos las mesas de la terraza y seguimos atendiendo, mientras queda gente, en el salón. Una que otra lacrimógena, muchos insultos y gritos incendiarios en los exteriores.

Esta situación también, dados los horarios, nos ha obligado a reducir el personal que trabaja con nosotros. Quiero agradecer a cada uno de ellos, especialmente a Carlos, su colaboración.

Ayer el mambo empezó más temprano de lo esperado, es decir, tipo 2 de la tarde ya habíamos recogido nuestra terraza callejera.

A la vez, comienzan las barricadas, los insultos a la institucionalidad, especialmente a los carabineros que ayer no aparecieron en su ya habitual blindado. Quiero destacar que sin ellos los manifestantes más violentos, a quienes no puedo identificar como miembros de alguna organización, bajan el nivel de agresividad. Sin embargo, su ausencia dio pie para que violaran los cierres de una gran parrilla, La Hacienda Gaucha y se hiciera una barricada frente a este boliche.

De lo que vi fue carne, cajones de paltas y cerveza que circulaba y que dio pie para que algunos comenzaran a hacer un asado. La consigna que se vociferaba era… y el pueblo dónde esta… el pueblo está en la calle haciendo parrilláh…”. Estos sibaritas fueron increpados, incluso con violencia física por otros manifestantes que aparentemente no compartieron esta forma de protesta.

Para avivar el fuego, también algunos manifestantes ingresaron al terreno de la Fundación Violeta Parra y aprovecharon algunas obras de arte hechas en madera para avivar un poco más la barricada. Me acordé del incendio de la biblioteca de la Universidad de Berlín en los años 30. Algunos manifestantes presentes intentaron aplacar esta iniciativa pero los resultados fueron magros.

Conforme iba llegando el ocaso, fue aumentando el grado de descontrol y violencia. Primero vino el incendio de los cimientos de la construcción que hace la Universidad de Chile en lo que era la Facultad de Química y Farmacia, donde un manifestante incluso se vio en los altos de la grúa horquilla que esta allí. ¡anda a saber qué hacía ahí!

Luego vino la destrucción con galletas de corte de metal, de los cierres del boliche Las Terrazas, cierres que ese mismo día se habían reforzado. Paralelamente, es probable que producto de estos mismos actos, se inició un incendio. Con este tercer incendio, llamamos a bomberos, quienes actuaron, primero pidiendo que quienes todavía seguían dentro del lugar saqueándolo, que salieran y diciéndoles, especialmente a uno, que les avisara a sus compañeros de correrías que estaban dentro, a lo que este respondió, “…no, si aquí cada uno anda por la suya”.

Con tanta violencia alrededor nuestro, la pregunta que me queda es ¿y por qué no nosotros? ¿Por qué no se quemó nuestro boliche ayer? Se debió haber quemado, y la única razón que tengo para que eso no haya ocurrido es que la presencia nuestra en el interior sirvió como barrera moral de entrada, no tengo otra explicación, aunque estáa tampoco me satisface del todo. Agradezco a mis hijos mayores que hayan estado conmigo en esta situación.

En cuanto a nuestro local, primero hubo un manifestante que insistía en ingresar, arguyendo motivos poco creíbles, esta persona era un ladrón, ya lo habíamos identificado y preferimos no abrirle.

Luego llegó a la entrada otro manifestante, aparentemente con sus facultades cognitivas disminuidas, presumo por la ingesta de algún producto específico, con tres heridas provocadas por balines. En ello llega también una persona con conocimientos médicos y algunos materiales de salud que logra sacarle uno de los tres balines y que lo único que nos pregunta-exige, mientras prestamos asistencia de luz con nuestros celulares, es que no lo grabemos, desconozco la razón.

A todo esto en la TV esperábamos las palabras del Presidente Piñera, las que si bien se dijeron, nada anunciaron, será una inteligente estrategia de ajedrez político. Así como ha jugado la partida, me sorprendería porque no se ha adelantado a ninguna jugada, llegando tarde a todas.

Ya a las 12 de la noche, cuando había bajado notoriamente la presencia de manifestantes, vemos al gerente de Las Terrazas, colega a quien habíamos llamado para informarle de lo que ocurría en su boliche y lo dejamos en sus asuntos mientras se veía, a un lado del boliche diezmado, un grupo de personas tomando cerveza en una terraza callejera que habían improvisado, sentados en sillas que antes habían sido de esa cervecería.

De los daños producidos luego de la convocatoria, ni la CUT ni nadie responderán, de los incendios tampoco y que por qué nosotros no y otros sí, algún día podremos darnos una respuesta.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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