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La carencia cognitiva de las elites

por 9 diciembre, 2019

La carencia cognitiva de las elites
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El Presidente Sebastián Piñera no ha estado a la altura de las circunstancias. Cuando Chile necesita un Presidente con visión de futuro y capaz de comprender la naturaleza de las demandas sociales, tenemos un Presidente y un gabinete que no entiende lo que está pasando en el país. El énfasis de la crítica la coloco en el aspecto cognitivo, en la incapacidad para entender lo que está pasando. Lo que ocurre en el gobierno es que sus integrantes viven en lo que el filósofo español-estadounidense José Medina llama una “ignorancia epistémica” (lo epistémico tiene que ver con el conocimiento). Esta ignorancia es una ceguera que les impide comprender lo que está sucediendo en el país. Y a su vez, esta incapacidad por parte de las autoridades políticas en Chile se explica por que sufren de una carencia cognitiva.

Algunas de las razones que se dan para explicar la ineptitud del gobierno apuntan a la filosofía política que anima el actuar del gobierno. Por ejemplo, se dice que a un gobierno de derecha no se le puede pedir que implemente políticas asociadas a la socialdemocracia. Esto, me parece, es cierto. Sin embargo, no explica a cabalidad por qué el Presidente y sus ministros han sido tan displicentes hacia sus compatriotas. No explican las declaraciones delirantes como esa que le aconsejó a los chilenos levantarse más temprano para así acceder a una tarifa más baja en el metro. O la declaración de que este era un buen momento para comprar flores. E incluso peor: que Chile tiene uno de los mejores sistemas de salud en el mundo. ¿Cómo se explica todo esto? Se explica por la ignorancia espistémica que mencioné más arriba.

Según Medina, los sujetos, dependiendo del lugar que ocupamos en el orden social, tenemos acceso a distintos recursos epistémicos. Y dado que la sociedad es desigual, existe una desigualdad epistémica que Miranda Fricker (filósofa estadounidense) llamó “injustica epistémica”. En términos sencillos esto significa que los recursos cognitivos que existen en la sociedad no están repartidos equitativamente. No todos tenemos el mismo acceso al conocimiento. Existe una desigualdad epistémica que le hace mal a la democracia y que corroe el tejido social que mantiene unida a una comunidad. Como consecuencia de esta desigualdad, una persona que nace y crece en una posición de privilegio social va ser una persona que tiene acceso a ciertos conocimientos que otras personas no tienen. Aunque esto puede parecer una ventaja (y en muchos casos ciertamente lo es), también puede ser una desventaja. Y es una desventaja porque alguien en una posición de poder tiene más probabilidades de caer en lo que Medina llama las garras de la “arrogancia espistémica”. Como resultado de esta arrogancia, sus horizontes epistémicos se empequeñecen. Si alguien cree saberlo todo, si alguien está acostumbrado a hablar siempre desde la autoridad entonces las oportunidades para conocer sus limites, para equivocarse, auto-corregirse y aprender cosas nuevas disminuyen. Más aún, en sus relaciones con el otro, siempre están mirando al Otro desde arriba, desde las alturas de la autoridad. El Otro, el oprimido, no le puede enseñar nada porque el poderoso ya lo sabe todo.

Por otro lado, el débil tiene a lo menos una ventaja; lo que Medina llama una “lucidez epistémica”. El oprimido tiene a su disposición una serie de capacidades cognitivas que ha debido desarrollar para mejor desenvolverse en un mundo que le es adverso. Entre estas capacidades está el saber reconocer más fácilmente las necesidades del otro. A su vez, las personas que no estamos en posiciones de poder tenemos una mayor curiosidad y un grado de humildad que nos permite abrirnos hacia nuevas formas de organizarnos. El que poco tiene, crea (por necesidad) una serie de disposiciones epistémicas que le permiten comprender el mundo de una forma que el poderoso no puede.

Existe, entonces, una desconexión entre el poderoso y el oprimido. Esta desconexión se suple, a veces, con empatía. Es decir, aunque el que tiene poder no conoce y por ende no sabe lo que realmente está ocurriendo en la sociedad en su conjunto, es capaz de sentir empatía por el dolor del otro. A su vez, esta empatía lo puede llevar a tomar ciertas decisiones que van en beneficio de los más desposeídos. Pero esto tiene su límite. Ayudar, hacer caridad sin saber qué es lo que está realmente sucediendo en la sociedad sólo sirve para postergar los problemas. La tragedia de este gobierno y de los políticos en general no se soluciona con más empatía. Este no es un problema psicológico o afectivo. Este es un problema cognitivo, de conocimiento. Muy todopoderosos, inteligentes y capacitados se sentirán, pero cuando se trata de temas de justicia social y de construir una sociedad más armónica y justa, no tienen idea de lo que se necesita. Simplemente no saben. Tienen una carencia cognitiva que les impide tomar las decisiones necesarias.

Por eso las autoridades creen que es mejor tomar decisiones a través de mesas técnicas, que son supuestamente imparciales y que se rigen por parámetros objetivos. En sus mentes, no es necesario conocer o aprender cómo viven los demás para tomar decisiones. Sienten que no tienen nada que aprender del jubilado. De la mujer. Del estudiante, el inmigrante o el trabajador. Ellos ya saben todo lo que necesitan saber para tomar decisiones, decisiones que afectan a esos mismos jubilados y trabajadores. En esto consiste la tecnocracia. Los expertos, los especialistas, creen saber mejor que nadie cuánto y cuándo debe subir la tarifa del metro. O cuándo debe subir la luz, el agua y los peajes.

No sé bien cómo se soluciona esto, cómo se mejora o se disminuye la brecha epistémcia que existe. El Chile que nació el 18 de Octubre del 2019 está abriendo caminos nuevos. El mundo está mirando para ver en qué va terminar todo. Sin embargo, me parece, a lo menos, que es evidente que elegir a un multi-millonario o a un miembro de la súper élite como Presidente de un país es algo que, a la larga, no beneficia a la sociedad en su conjunto. Cuando el Presidente Piñera salió en cadena nacional para decirle a Chile que nos había escuchado y entendido, no era cierto. Siendo el hombre “exitoso” y el winner que es, él siente que no tiene la necesidad de escucharnos porque no tiene nada que aprender de nosotros. Y es su carencia cognitiva, su arrogancia epistémica la que hoy día tiene el país al borde del caos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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