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La banca y sus clientes ante la pandemia COVID-19

por 3 abril, 2020

La banca y sus clientes ante la pandemia COVID-19
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El senador Felipe Harboe Bascuñán oportunamente exhortó a fines de marzo a la Banca con la frase: “Como Chile ayudó a la Banca en 1982, yo esperaría que ellos ayudaran a sus clientes”, en que señaló que la Banca propondría a los deudores, en esta megacrisis económica global, pasar las cuotas morosas de los créditos de dinero a las tres últimas cuotas del crédito, a razón de UF más 2.7 de interés, lo que denunció como un modelo insuficiente para esta coyuntura, en que los costos los sigue pagando el deudor, lo que califica como una no ayuda y entonces surgen las siguientes reflexiones.

Extrapolando coyunturas económicas, efectivamente, así como la Banca recibió una apoyo financiero clave del Estado en la crisis económica de 1982, de salvataje financiero, cuando la Banca estaba técnicamente quebrada, mediante los megacréditos otorgados por el Banco Central, bajo la modalidad de “deuda subordinada”, en que los Bancos pagaron a largo plazo (20 años en promedio) en la medida que existieran utilidades para los Bancos rescatados y bajo esa condición pagaron la deuda con el Banco Central.

Ahora, efectivamente los clientes de Bancos, desde pequeños deudores de créditos de consumo, de capital de trabajo, hipotecarios para vivienda y pymes en general, debieran recibir de la Banca equitativamente un trato de excepción para el pago de sus créditos, en una economía en crisis, con efectos insospechados, que hacen presagiar que el escenario que se viene es el de una economía de guerra y luego de posguerra, una vez que se supere la pandemia del coronavirus.

Por ello, sería razonable que la Banca revise su modelo de negocios y haga lo suyo, entregando al deudor instrumentos flexibles para la renegociación de sus deudas en este contexto, en que muchos deudores se encuentran ya sin o con escasos flujos de liquidez para pago inmediato de sus pasivos financieros; y así, parece razonable que la opción alternativa o modelo “liquidacionista” de llenar a los tribunales civiles con gestiones preparatorias y demandas de juicios ejecutivos de cobro de mutuos de dinero, con dudosos resultados de pago, ojalá no sea el modelo que veremos en ejecución.

En consecuencia, ahora la Banca tiene un tremendo desafío en su modelo de negocios a nivel país, cual es reprogramar las deudas de sus clientes razonablemente, con tasas de interés 0 (cero) y plazos benignos para una economía en crisis, todo lo cual además impacta en su calidad de cartera. Además, no olvidar que se ha suspendido el pago del impuesto al mutuo u operaciones de crédito de dinero a tasa 0 (cero) entre el mes de abril y hasta el mes de septiembre de este año, por iniciativa del Ministerio de Hacienda, justamente para auxiliar a los deudores financieros, aprobada ya por la Ley N° 21.255.

No cabe duda que el tratamiento y modelo que asuma la Banca en este escenario económico, frente a sus deudores, va a impactar en la calidad de sus carteras y eventualmente su liquidez y clasificación de riesgo, y especialmente en su imagen y reputación de industria, siendo una ecuación que exige ponderar todos estos elementos en juego y para que esta política de nuevo trato se haga realidad, y para ello resulta imprescindible la intervención de las autoridades sectoriales Ministerio de Hacienda, Comisión para el Mercado Financiero en tanto ente regulador y fiscalizador de la Banca e instituciones financieras y la opinión técnica del banco de los bancos, el Banco Central.

En este contexto, también el FMI y el Banco Mundial, el 25 de marzo, han exhortado en conjunto a los acreedores de los países más pobres, 72 economías, a suspender los pagos con los acreedores, para enfrentar el problema del coronavirus y la paralización de la economía mundial y doméstica, a nivel global.

Parece razonable y equitativo que ahora la Banca haga su aporte clave, y coloque sus capacidades técnicas y financieras al servicio de los clientes a nivel país, quienes ante un trato de excepción consistente en renegociaciones blandas, ojalá con 0 (cero) tasa de interés y reprogramación de plazos de pago, condonaciones de intereses morosos y gastos de cobranza, hasta que la economía interna vuelva a su capacidad productiva de empleo y crecimiento y reciban así el trato que se espera por quien lo necesita ahora, será favorablemente valorado con efectos beneficiosos para nuestra economía. El óptimo por igualdad ante la ley y de trato, es que la política de la banca sea una misma para todos sus clientes a nivel país, evitando así que se produzca un mercado desigual de ofertas.

Así, también se promulgó la Ley N° 21.255, que autoriza al Ministerio de Hacienda para aumentar el capital social del Banco del Estado, recibiendo un aumento de capital de US$ 500.000.000, con cargo a activos del Tesoro Público, para ir precisamente en ayuda en el refinanciamiento de las pymes. Ahora es el momento de que hable la Banca privada con voz clara, centrando su análisis de riesgo en ayudar al deudor y no en liquidarlo, para oír una voz que este sabrá valorar como señal de un gesto de un nuevo trato y mantener los activos y emprendimientos de sus clientes, y a la vez esta nueva política de refinanciamiento de créditos legitimará a la Banca ante el país.

En síntesis, el Estado ha iniciado un proceso de implementación de medidas económicas para ir en apoyo de los pequeños y medianos deudores, bajando a 0 (cero) la tasa del impuesto de timbres y estampillas y aumentando el capital del Banco Estado para ayudar financieramente a las pymes y deberá seguir buscando incentivos y subsidios en materia social y económica. Ahora es tiempo de que hable la Banca.

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