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Razón del tapabocas

por 19 abril, 2020

Razón del tapabocas
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Hablar desde la ignorancia y para satisfacer necesidades esenciales de gobierno, es una situación prevista por los teóricos de la comunicación. El vocero se aventura, entrega las consignas del día, llena vacíos y miente. No puede sino mentir y a veces apuntarle. Esto se debe a que el modelo prescribe una sobre abundancia de mensajes sin información para efectos de acompañar y guiar a la población. Como decía Mac Luhan, el medio es el masaje.

Otros teóricos abubdan en que, no por mucho comunicar amanece más temprano. No se ustedes pero a mi la repetición de las caras, me las endurece. Desembozadas o veladas, las caras impávidas y las falsamente afectadas me producen rechazo. Los discursos esquemáticos que encuentran su sentido en la comparación de un día con otro, se escuchan como zumbido.

Ruidos de fondo en una ciudad que ha bajado sus decibeles hasta la dulzura pero que tiene más temor al silencio que a la batahola. Los secretarios y las secretarias aportan cada día la reminiscencia de esas figuras totémicas que no buscaban la adoración sino mantener a raya a los extraños. La gente de palo no puede más que comunicar con sus lenguas de palo una tranquilidad de palitroque y un matiz en la coloración de la madera, que los habitantes agradecen; alguien vela por nosotros. Luego,  arrancamos de los equívocos de estas figuras que piden sacrificios humanos y ofrecen recompensas inciertas.

La aparición de estas esfinges sonoras, de cuyo murmullo dependen la muerte y los modos de continuación de la vida, ejercen un poder hipnótico sobre la población que asiste de oídas a la infección asoladora. Los comunicadores olvidan que el lenguaje de las abejas no esta en la vibración del aire sino en los pasos de baile con los que informan de la posición y la distancia del alimento.

Las autoridades sanitarias no son expertas bailarines o actrices y de ninguna manera son poetas. Es mucho pedirles que se enjuaguen la garganta, que aclaren la voz, que modulen sus tonalidades y que se expresen en un canto arrítmico que acompañe a la población a moverse en sus asientos.

El mensaje no tiene nada que comunicar. Cuatro o cinco números que pasan filtrados por la tela de la máscara, bien podrían entregarse escritos, sin este dolor de la presencia que deben experimentar tanto los paquetes sonoros como los auditores.

Uno diría, por ausencia, que la boca es el espejo del alma. Estas figuras compactas, gruesas o estilizadas, encorvadas o tiesas, muestran sus ojos hundidos, dibujados como puntos negros paralelos a las dos cejas. Por razones de incompetencia cultural de las tecnologías visuales, en esas cuencas pequeñas ya no se enciende ningún destello de vida. Son figuras del sonambulismo cuyas cuencas oculares han sido lavadas de sus heridas y todavía no han empezado a hundirse marcando la calavera. Se los mantiene inmovilizados para no acusar cojeras intempestivas e impedir que se vengan sobre nosotros.

La máscara no protege al vecino sino que impide la exhalación final de los pulmones entre los dientes. Todo se juega en las vías aéreas. Las compuertas atmosféricas se abren y se cierran como en el manejo de las riendas de un velero. La técnica con la que se improvisa la navegación por corrientes turbulentas, se cruza de manos tapando los escapes traeros y apostando a ojos cerrados a la benevolencia de los seres aéreos.

Todo está minuciosamente controlado en la postura del velo que atraviesa los discursos autoritarios. La máscara divide la política entre el ejercicio de la hipocresía, que esconde la cara detrás de un habla monótona y el cinismo desembozado que se presenta cubierto por los golpes atronadores de la lengua. El Mago de Oz y el tigre de papel comparados con la sanguijuela rastrera que busca pasar por padre amoroso de todos sus súbditos.

No hay diferencias de fondo entre el Gran Dictador y el Parásito discreto. Salvo torceduras imprevistas en las curvas, en los próximos días veremos restablecerse los rostros desafiantes, la preocupación por el delito y la ofuscación ante el proceso constituyente.

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