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Matthei y Merkel: no mucho más que dos letras en común

por 1 septiembre, 2020

Matthei y Merkel: no mucho más que dos letras en común
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Hace unos días, a propósito del revuelo provocado por Joaquín Lavín al declararse socialdemócrata, Evelyn Matthei expresó: “Yo me defino más como Merkel”. Una asociación parecida había hecho ya en 2013 cuando fue candidata presidencial y que, al parecer, usará también en esta oportunidad.

Pretensión no menor la de compararse con quien Forbes ha considerado casi ininterrumpidamente como la mujer más poderosa del mundo, desde 2006. Mujer, además, que al asumir la Presidencia rotativa del Consejo Europeo, en julio pasado, presentó los lineamientos que seguirá Alemania y, por primera vez en años, rechazó todo apoyo privado, para asegurar su neutralidad política frente a grandes multinacionales que se habían hecho el hábito de “patrocinar” la presidencia europea.

Muy a pesar de Evelyn Matthei, las diferencias ideológicas entre ella y su admirada líder germana son abisales. En primer lugar, porque Merkel viene de una matriz democratacristiana y Matthei de RN y ahora de la UDI. Es efectivo que la DC alemana está más a la derecha que su par chilena, pero, salvo por sus valores cristianos, a mucha distancia de las ideas de la derecha neoliberal criolla. Por lo mismo, al no alcanzar mayoría en las recientes elecciones, estuvo dispuesta a gobernar en coalición con la Unión Social Cristiana (CSU: una variante bávara de la DC) y el Partido Socialdemócrata alemán (SPD). Ideología, esta, con la que Matthei separó aguas luego de la declaración de Lavín.

A partir de una breve comparación del Acuerdo de Gobierno de la coalición encabezada por la canciller alemana y del Programa de la candidatura presidencial de Matthei en 2013, se pueden obtener algunos “botones de muestra” de sus profundas diferencias.

Lo primero que llama la atención es que el texto de Merkel está organizado en grandes temas como Familia y niños(as) en el centro”, “Ofensiva en educación, investigación y digitalización”, “Configurar una política social justa y confiable” o “Manejo responsable de los recursos”, que contienen visiones de desarrollo para el país. El de Matthei, en tanto, prescinde de orientaciones conceptuales de ese tipo, para centrarse en cosas puntuales o anuncios generales de magro contenido: “Salud pública digna”, “Educación equitativa y de calidad: desde la cuna al trabajo”, “Regionalización de verdad” o “Mano firme de mujer contra la delincuencia y el narcotráfico” y otros similares.

A propósito de este último aspecto, que resalta la mano firme “de mujer”, llama la atención que mientras el programa de la coalición de Merkel tiene un subcapítulo dedicado a la “Igualdad de derechos de hombres y mujeres”, señalando que ello es un acto de justicia y un motor de desarrollo nacional, una idea similar está completamente ausente en el caso de Matthei. Salvo por anuncios relativos a asegurar el acceso a un empleo a mujeres que no lo tienen, que se expresaría en 400 mil puestos de trabajo, y a mejorar algunas de sus condiciones laborales.

Particular importancia tiene en el programa de Merkel el capítulo titulado: “Un Estado fuerte y con capacidad de acción para una sociedad libre”. En el chileno, solo se encuentran menciones marginales a su “modernización”, a su rol regulador, a la calidad de sus servicios y al financiamiento que debe proveer en ciertas actividades. Una imagen radicalmente consecuente con el rol secundario y subsidiario que la derecha nacional le asigna al Estado en el bienestar social de la población.

Por último, y para no aburrir, vale la pena mencionar que mientras el programa alemán hace extensas referencias a la cultura, la ciencia e investigación (tres subcapítulos), el de Matthei escasamente menciona dichas palabras: “ciencia” aparece solo tres veces. El concepto cultura es repetido en muchas más ocasiones, pero la falta de claridad respecto de cuál es su relevancia en la construcción de su proyecto de sociedad y cómo se realizará su fomento, es tan grande como mezquina su referencia a la ciencia.

En fin, sería largo enumerar las diferencias que conforman el abismo ideológico que separa a Matthei de Merkel. Por lo que tal vez sería mejor que la propia alcaldesa y nueva candidata presidencial nos explicara dónde ve sus similitudes con la líder germana, si piensa insistir en compararse con ella.

Por lo pronto, y después de revisar ambos programas, tengo la impresión que no tienen mucho más en común que dos letras en sus apellidos.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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