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La secreta inundación de la esfera pública

por 19 septiembre, 2020

La secreta inundación de la esfera pública
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Para que los extremos radicales ganen, Felipe Kast asegura que estos necesitan que el mundo moderado se margine del proceso. El martes 8 de septiembre el diputado Gabriel Boric acusó de “puro tacticismo carente de convicciones” a quienes desde Chile Vamos están por el apruebo. Habló de “un par de figuras aisladas” siendo que en Evolución Política no es minoría el conjunto de personas que creen en la necesidad de una Nueva Constitución. Una gran cantidad de militantes lo hacen, diría el ex presidente Hernán Larraín, con el sueño de poseer una carta fundamental que sea válida para todo miembro activo del Estado chileno que sea titular de derechos políticos y se someta a sus leyes. Pretenden que la carta sea legitimada a través de la democracia; el apruebo, en definitiva, no le pertenece a ninguna posición ideológica. Si la mayor parte de las personas que componen Evópoli votarán apruebo, aunque ciertos políticos quieran creer lo contrario, vale cuestionarse por qué Boric critica una supuesta jugada engañosa y saturada de relato retórico.

Da la sensación de que la política actual se concentra en lo que Cristóbal Bellolio determinó como “seleccionar, patrullar y amplificar los desaciertos del adversario”. No faltan aquellos dirigentes chilenos que, transversalmente, invierten casi todo su tiempo en esa dinámica. Seguramente el diputado ignora que los partidos no los hacen sólo sus parlamentarios o ministros o alcaldes. Tal vez gasta demasiado en hallar descuidos del gobierno, uno que no le ha hecho la tarea difícil con sus torpezas y desatinos. Constituye incluso una falsedad twittear sobre “un par de figuras aisladas de sus partidos” que están por el apruebo. La anterior afirmación peca por ser una tendente a eludir la verdad y la rectitud. Tratar a quienes aprobarán como cabos sueltos es injurioso.

Óscar Contardo decía en uno de sus escritos que es un muy buen ejercicio el de refrescar la memoria pública. Desde, al menos, 2014 que Evópoli ha estado por una Nueva Constitución. Como partido decidieron hace menos de un mes pasar del apruebo a la libertad de acción ante el plebiscito, opción que fue rechazada por el 40% de los votos de los consejeros políticos que querían mantenerse por el apruebo. Cómo olvidar también que hace un par de meses, el propio partido político de Gabriel Boric decidió suspenderle la militancia y varios, entre ellos el alcalde Sharp, renunciaron a las suyas por la decisión del diputado magallánico de sumarse al acuerdo del 15 de noviembre.

El proceso constituyente, como expuso Daniel Mansuy, no le pertenece al Frente Amplio. En la RM, cuando se consultó a las bases de Evolución Política, hace 6 meses, el apruebo sacó un 60%. Muchos apoyan el cambio de constitución desde mucho antes del estallido social y a partir del 18O con mucha más fuerza aún. Desde el comienzo se levantaron voces por el apruebo entre líderes de la centroderecha, trabajando algunos desde antes de la pandemia. El apruebo es una opción transversal, pues defender una democracia más participativa, diría Ricardo Lagos, “no posee color político”.

El diputado Boric no tiene en cuenta que en la política deben existir cuestiones que admitan interpretación caritativa, que no todo es blanco y negro; sacar asuntos de contexto para que parezcan desaciertos es una práctica inútil y patética, propia de la élite política de la cual él forma parte y, al mismo tiempo, tanto critica.

En nuestro país, uno de los problemas que —de un tiempo a esta parte— arriesga inundar la esfera pública se sigue permitiendo existir. La secreta inundación de la esfera pública, así se llama la película. Se trata de la creencia de que basta esgrimir algo que sentimos como justo para que, entonces, se piense que todos los medios destinados a promoverlo son también justos; la convicción de que el fin justifica los medios. Sobran aquellos ciudadanos que creen ciegamente en que basta sentir el fervor de la justicia para que todos los demás deberes sean prescindibles. Piensan que, si una demanda es sentida como justa, los deberes que tenemos hacia los demás —respetar su intimidad entre ellos, aceptar la discrepancia, dar razones— desaparecen, como si existieran solo cuando el otro está muy de acuerdo con lo que pensamos.

Ahora se presenta el once de septiembre y, si es que las circunstancias se mantienen, se podrá notar lo mismo. Una falta de respeto a las ideas diversas abruma el debate político, esa descortesía que describía Alfredo Jocelyn Holt por las creencias contrarias —sobre todo desde la derecha en el caso de la rememoración del Golpe de Estado— que se ve reflejada en la tosquedad hacia las prácticas de los demás cuando son diferentes a las propias.

Quedarse en el mero titular para luego cortar, pegar y publicar alguna condena moral al respecto es una propensión e inclinación en los políticos como Gabriel Boric hacia sus determinados fines. Quizá el error que uno comete, de acuerdo a Patricio Navia, es esperar que se comporten con mayor altura. Llama mucho la atención cómo algunos de la nueva camada están en esa onda inquisidora, incluso más que aquellos de la vieja política que tanto denigran.

Su partido pasó a Boric al tribunal supremo por firmar el pacto constituyente. Firmó él solo y se fragmentaron; el Frente Amplio se quebró por el plebiscito, y resulta que ahora Gabriel tiene el descaro de alegar por la carencia de convicciones. ¿Ahora quieren monopolizar el pacto que despreciaron? Esperemos que dejen las superioridades morales afuera.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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