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¿Qué nos dice el Premio Nobel de Física 2020 acerca de la ciencia?

por 8 octubre, 2020

¿Qué nos dice el Premio Nobel de Física 2020 acerca de la ciencia?
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Si se realiza el ejercicio de analizar la lista completa de galardones entregados para el Nobel en Física, dos hechos en particular llaman la atención. Por un lado, hasta el año 2019 solo tres mujeres habían sido reconocidas con este prestigioso premio, lo que es un reflejo de la enorme disparidad de género que aún está presente en el área. Por otro lado, una gran variedad de subáreas de la física están representadas por los ganadores, tanto en Física aplicada como teórica. Sin embargo, con muy pocas excepciones, la distinción difícilmente había llegado a manos de investigadores del área de gravedad, agujeros negros o relatividad general. El anuncio de este año es un avance para remediar ambas situaciones, al otorgarle el Premio Nobel 2020 a Andrea Ghez y Reinhard Genzel por liderar grupos que observaron el agujero negro del centro de nuestra galaxia, y a Roger Penrose por sus aportes al entendimiento de la teoría de relatividad general.

La ausencia de agujeros negros y temas relacionados entre los laureados Nobel no es casualidad. Alfred Nobel en su testamento indicó que el premio debe ser otorgado a ''quien haga el descubrimiento o invento más importante en el área de la física''. Sin embargo, la naturaleza misma de la física es ineludiblemente experimental. Esto quiere decir que todo descubrimiento del área debe estar respaldado por resultados experimentales sólidos e indiscutibles. Por este motivo, muchos brillantes científicos que han dedicado su carrera a estudiar los fenómenos gravitacionales han sido olvidados por el galardón; no por falta de mérito, sino por falta de evidencia experimental.

En general, es muy difícil o muy caro llevar a cabo experimentos para estudiar fenómenos gravitacionales. La teoría de relatividad general, nuestra mejor descripción de la interacción gravitacional, se encuentra muy bien cimentada experimentalmente en aquellas situaciones en donde el campo gravitacional es débil, como en el Sistema Solar o cerca de la superficie de la Tierra. En comparación, es mucho más difícil hacer observaciones en las situaciones donde el campo gravitacional es fuerte, como cerca de un agujero negro o de la superficie de estrellas de neutrones, debido a que usualmente involucran objetos muy pequeños y densos, que al mismo tiempo se ubican muy lejos de la Tierra dificultando su observación.

En las últimas décadas se han realizado increíbles esfuerzos científicos y tecnológicos para llevar la observación astronómica a niveles antes insospechados. Un ejemplo de esto es el trabajo de Ghez y Genzel con sus respectivos colaboradores. Usando sofisticadas técnicas de observación astronómica en el espectro infrarrojo, lograron observar estrellas a través del polvo interestelar, las cuales orbitan el centro mismo de la Vía Láctea, dando el mejor indicio de la existencia de un agujero negro supermasivo en dicho lugar.

Otro ejemplo reciente es la puesta en marcha del detector de ondas gravitacionales Advanced LIGO, el cual obtuvo sus primeros resultados positivos el año 2016, abriendo una nueva ventana de observación del universo, logro que también significó el Premio Nobel para sus precursores Barry Barish, Kip Thorne y Rainer Weiss el año 2017.

Vale mencionar además el sorprendente resultado de la colaboración EHT (Event Horizon Telescope). Utilizando radiotelescopios distribuidos por todo el mundo en conjunto con técnicas de interferometría, la colaboración publicó el año 2019 la primera imagen obtenida de un agujero negro. Sin lugar a dudas, este y otros futuros resultados serán difíciles de ignorar por quienes otorgarán el Premio Nobel en los años venideros.

El nivel de sofisticación alcanzado por las observaciones astronómicas hace prever un futuro auspicioso para el estudio de la gravitación. Es esperable que dentro los próximos años se desarrollen nuevas maneras de poner a prueba las teorías y se recopilen más y mejores datos en relación con ondas gravitacionales y agujeros negros.

Estamos viviendo el inicio de una nueva era en física gravitacional. Quizás sea posible finalmente dar sustento observacional y reconocimiento global al trabajo de aquellos gigantes que hace sesenta años marcaron la hoja de ruta de una de las áreas más apasionantes del estudio del universo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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