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Producir ciudadanía y des-elitizar la participación en el proceso constituyente

por 8 diciembre, 2020

Producir ciudadanía y des-elitizar la participación en el proceso constituyente
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El proceso constituyente pondrá a prueba si el sistema político será capaz de dar una respuesta institucional a la crisis que vive nuestro país. Tomando en cuenta las reglas de nuestro sistema electoral y, aunque los y las representantes en la Convención Constitucional sean de partidos tradicionales o independientes, el riesgo de elitizar el proceso es latente. Lo que queda entonces es democratizar y hacer accesibles para toda la ciudadanía los mecanismos de participación ciudadana y aprender las lecciones de otros países, como el caso de Islandia.

La participación ciudadana en el proceso constituyente es central porque tiene un efecto en el sentido de legitimidad y de sostenibilidad de la nueva Constitución. Así, los mecanismos de participación deben ser pensados en varias dimensiones, como los momentos en que se implementan (inicio, durante y/o término), qué mecanismo implementa y, especialmente, a quiénes convoca. Para evaluar estos puntos me detendré en el caso de Islandia, que, si bien es un referente global por su participación en el proceso constituyente, también demuestra que la participación puede correr ciertos riesgos.

Considerando que las democracias representativas están en crisis, siendo nuestro país parte demostrativa de ello, un mecanismo interesante de participación puede ser la selección por sorteo. Islandia implementó este mecanismo a través del Foro Nacional, en el que participaron 950 ciudadanos y ciudadanas seleccionadas al azar, de acuerdo con varios criterios como grupo etario, género, territorio, etc., para conformar un grupo lo más diverso posible. Este mecanismo tiene varios elementos positivos y rescatables para el proceso que enfrentamos: deselitiza la participación (y evita que las élites coopten el proceso) y tiene el potencial de involucrar a quienes nunca han participado activamente. Es dar una sensación de “ser vistos” a ciudadanos y ciudadanas que quizás jamás han participado, pero no por eso no tienen algo que decir.

Fue el Foro Nacional lo que llenó un vacío democrático por este encuentro entre una pluralidad de personas, pero que también logró reencontrar a la ciudadanía con sus tradiciones e identidad. En sólo un día esos 950 ciudadanos conversaron y definieron lo que querían para su país. De cierta manera, ese encuentro no sólo dio esperanza, sino que encendió un deseo. La experiencia de encontrarse y hablar sobre el país que visualizaban produjo una idea de país, pero también produjo ciudadanía. Los resultados de esta instancia fueron sistematizados y entregados al Consejo Constitucional, el órgano que redactaría su nueva Carta Fundamental, como un puntapié para la discusión.

Otro mecanismo implementado fue el mecanismo de crowdsourcing (colaboración abierta), a través de una plataforma virtual, con alto uso de redes sociales (más del 90% de la población islandesa tiene acceso a internet), donde la ciudadanía pudo hacer sus propuestas. En la plataforma se hicieron 311 propuestas, las que fueron hechas por 204 ciudadanos. De ellos, nueve hicieron el 24% de las propuestas y todos eran hombres. De las 320 propuestas recibidas en total, sólo el cuarto fue hecho por mujeres y el rango etario de quienes participaron fue entre 40 y 65 años. Si bien este mecanismo tiene aspectos positivos, porque iguala el acceso, también deja en evidencia que las ciudadanas y ciudadanos tienen tantas particularidades que una medida supuestamente accesible, en realidad puede convocar a unos más que otros, porque el acercamiento o posibilidad de participar en los asuntos públicos no es igual para todos los ciudadanos y ciudadanas. Toda la ciudadanía no se involucra de la misma manera.

Chile tendrá un órgano paritario, pero el riesgo de que las mujeres u otros grupos históricamente marginados no participen en la deliberación pública siempre está presente. Esa es una lección que debemos tomar; los mecanismos deben contemplar en su implementación a quienes convoca. Si en este proceso ya estamos innovando, podemos hacerlo aún más implementando mecanismos como el sorteo y así promover el encuentro, aunque esté plagado de disensos, porque de ahí germinará otra cosa, que tendrá sus beneficios en la producción de ciudadanía.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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