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Baja participación y crisis de la democracia liberal: una oportunidad más allá del voto obligatorio

por 19 junio, 2021

Baja participación y crisis de la democracia liberal: una oportunidad más allá del voto obligatorio
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Actualmente vemos una discusión intensa en torno a la conveniencia de la reposición del voto obligatorio en medio de una creciente preocupación por la baja participación electoral. La reciente elección de gobernadores(as), por ejemplo, alcanzó apenas un 19,62% del padrón vigente a nivel nacional.

Evidentemente, el retorno a la obligatoriedad soluciona el problema de la baja participación, pero desde un enfoque puramente coercitivo. ¿No será posible y deseable una solución más profunda? Al respecto, tal vez sería interesante observar con mayor detenimiento el poco frecuente momento que enfrentamos. Por una parte, vivimos un periodo de abundantes elecciones –son ocho comicios entre 2020 y 2022– que ha intensificado la conversación en torno a lo público –en redes sociales, conversaciones de sobremesa, en las filas que hoy, por la pandemia, se organizan en las puertas de los almacenes de los barrios, etc.– y, por otra, vemos que muy pocas personas acuden a ejercer su derecho de voto. ¿Es esto una contradicción? Solo al interior de una democracia liberal.

En general, las democracias liberales reducen la ciudadanía al electorado y la participación al sufragio. Como decía Schumpeter, el método democrático es una competencia por votos donde la función del sufragio es “producir un gobierno”. En buenas cuentas, se trata de un modelo económico de democracia. Por supuesto, en este contexto, es un contrasentido ver mayor preocupación por lo público y menor participación electoral. Sin embargo, desde una óptica republicana, donde la democracia implica pertenencia y deliberación directa sobre los asuntos comunes, esto no resulta tan extraño. Más aún, podría ser una señal de que la crisis de la democracia liberal exige una intervención en una dimensión estructural.

Contraria al atomismo liberal, la teoría política republicana sostiene que el contexto social es fundamental para que los individuos puedan desarrollar sus diversos proyectos de vida. Es decir, se plantea que es necesario superar la definición de ciudadanía liberal en cuanto que individuos egoístas cuyo único vínculo con lo público es el sufragio para avanzar hacia sociedades que generen lazos más significativos con las personas. En palabras de Charles Taylor, debemos “respaldar a la sociedad y pertenecer a ella”, pues somos genuinamente libres solo si podemos determinarnos a nosotros mismos y también nuestra forma de vida y esto únicamente es posible si participamos activamente de lo público, esto es, más allá del mero sufragio y de la libertad que ofrecen los mercados, deliberando en conjunto acerca de las cuestiones que definen el modo de vida en sociedad.

Sobre la base de lo anterior, el voto obligatorio es un avance en la dirección de construir comunidades más participativas, responsables y políticamente activas, pero sería un error ver esto como una solución suficiente para un problema que, como obervamos, es de mayor calado. De este modo se devela que la baja participación no es el problema, sino el síntoma de la crisis de la democracia liberal. Como apunta Castells en Ruptura (2017), el quiebre entre representantes y representados(as) es multicausal (se explica por factores económicos, políticos y culturales), por lo que sería iluso pretender que la solución consistirá exclusivamente en obligar a las personas a votar en las mismas condiciones delineadas por nuestro restringido sistema de participación política –al respecto, es importante recordar que la crisis de representatividad no es monopolio de naciones con sufragio voluntario–.

No se trata, entonces, de forzar el voto en las mismas condiciones; se trata de modificar las condiciones para que ellas hagan del sufragio un compromiso con lo público. Así, el voto abandonará su concepción puramente económica y se transformará en una de múltiples instancias de participación. Tal vez es el momento de comenzar a discutir acerca de una transición hacia una democracia realmente participativa y, sobre esto, la teoría democrática republicana tiene bastante que decir.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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