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Sobre vivir hoy

por 28 agosto, 2021

Sobre vivir hoy
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¿Qué más debe ocurrir para aprender la lección? Al parecer el que el mundo afiebrado esté acusando una serie de síntomas, no es algo suficientemente significativo para la poderosa codicia y apatía de la especie más ingrata que cobija, los seres humanos. Cierto es que el planeta y sus múltiples huellas y cicatrices evidencian que a lo largo de su existencia se han producido bastantes episodios de extinciones masivas. El problema, o la particularidad de ello, es que cada uno de esos eventos – según lo que se ha podido “establecer” – tuvo como protagonista mayormente causas o elementos externos. Nunca se observó como hoy, que sus propios inquilinos provocaran tal nivel de irreparable daño. Frenéticamente y seducidos por la obtención de dominio, fuerza o conquista no se descansa un mísero segundo en abandonar la idea de que se debe seguir arrasando con todo a nuestro paso.

Miramos con cierta perplejidad el vivir de rodillas abrazando la ilusa idea de querer seguir autorrealizándonos a través de la aceptación de las reglas que teje el implacable desarrollo en su completa extensión algorítmica, y que como una de sus consecuencias nos lleva a dejar en el olvido a conceptos fundamentales para el sentido de la existencia, como la felicidad o la libertad. Esa supuesta autorrealización hace que vivamos del engaño, es decir, nos desvivimos y nos creemos más libres mientras más abusamos de sí mismos y del mundo, como ya larga y hábilmente lo ha venido planteando Chul Han. En esa terrible y contradictoria forma de vida nos movemos irreflexivamente sin poder saciar la sed mezquina como la de un depredador hambriento que deambula por los diversos rincones de su hábitat. La paradoja es que esa sed o eso que hace que “perdamos la cabeza” se ampara en aspectos que son francamente irrelevantes, o peor aún, se ampara en cuestiones tan fútiles como la acumulación de dinero. Dinero, poder, economía y política, se unen y controlan a nuestros autodenominados “líderes” permitiéndoles, a través de la regulación que les imponen, el que nos conduzcan a este precipicio. ¿Qué clase de líderes son aquellos que te empujan a la muerte en función de su exclusivo, pauteado y mezquino beneficio? ¿Acaso la arquitectura del orden social moderno sobre la idea de República diseñada en la separación de los 3 poderes del Estado, no está dando el ancho?, ¿La democracia como ente regulador, vigilante, y como mecanismo de poder o control de los ciudadanos, es suficiente o está siendo ineficiente? ¿Acaso no será éste el momento de realizar una gran revisión de cómo vivimos y nos organizamos, a propósito de la caída libre del planeta? ¿El puñado de seres humanos trasnacionales estarán dispuestos a ceder poder por la buenas, o seguirá siendo por las malas, hasta qué punto se quiere llegar? ¿Todavía tenemos que asumir de que no existe otro sistema de vida que no sea el canibalismo neoliberal?

Hoy llevamos más de 1 año y medio de la peor pandemia que se tenga registro y todas las señales apuntan a que estamos desesperados por volver a “nuestra normalidad”, volver a producir y seguir con el mismo ritmo, es decir, para seguir empujando al mundo por la cornisa. Vaya forma de querer volver. Es una escandalosa y peligrosa soberbia que camina ciega por la cuerda floja y que ignora, por ejemplo, que hace un par de días el informe de la ONU (IPCC) confirma de manera inapelable y constata el fracaso total del modelo de vida que hemos adoptado. La desforestación del mundo, el exceso de plástico, la sobre explotación de todo tipo de recursos naturales, las grandes fábricas e industrias que no paran durante las 24 horas, las nuevas técnicas de la industria de la alimentación desequilibrando los sistemas y hábitats naturales, la acelerada extinción de especies de seres vivos, o lo absurdo de estar en presencia desde hace mucho tiempo sobre cómo se producen más bienes de los que se necesitan y a la vez miles de personas mueren de hambre o miles se convierten en desplazados por ser víctimas de Estados fallidos en los que no tienen ni los bienes, ni las necesidades más básicas cubiertas.

Todo eso parece ser insuficiente para algo tan sencillo como la toma de conciencia y la aceptación del cambio de rumbo que se debe adoptar. Recientemente la prestigiosa revista The Lancet publica que sólo el 2019 hubo más de 356 mil muertes que estuvieron relacionadas con el calor extremo. Que desde el año 90 hasta ahora se observa un crecimiento de un 74% en esa materia. Adultos mayores, personas con problemas respiratorios de base y niños, los más afectados. Finaliza el estudio y entre sus recomendaciones – como ningún guion de Hollywood lo ha previsto – plantea que una medida práctica a futuro será vestirse con ropa mojada considerando el calor extremo. Increíble, pero cierto, eso ocurre afuera al aire libre, mientras millones de seres humanos seguimos encerrados en las casas viviendo – lo que paradójicamente es un privilegio – y adoptando una nueva vida virtual en que zoom se ha apoderado y ha producido nuevas dinámicas de existencia con nuevas rutinas y desafíos, no exentas de complejidades importantes. Punto que necesita un completo escrito aparte.

Chile no puede desoír y ser ciego frente a todo lo que ocurre, no cabe dudas, por ejemplo, que el proyecto “Dominga” no debió ser aprobado jamás. A pesar de que se diga que ya no hay tiempo, pienso que tenemos aún la oportunidad porque, o se genera un pacto mundial de protección, o el mundo categóricamente seguirá avisando que merece una nueva humanidad.

 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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