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Hagámonos cargo de nosotros

por 7 noviembre, 2021

Hagámonos cargo de nosotros
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Cada vez que lamentamos “un nuevo caso de violencia intrafamiliar” inmediatamente pensamos en la mujer víctima de violencia, su sufrimiento, la triste realidad de su entorno y lo angustiante de tener que vivir bajo el mismo techo de su agresor. Pero ¿qué hay del agresor? Es sólo una condena generalizada sin rostro ni historial. Esto se debe a que, por un lado, los medios de comunicación dan a la víctima una exposición excesiva, publican irresponsablemente su vida, sus antecedentes, sus rutinas, casi como queriendo encontrar algo que permita justificar lo injustificable. Y, por otro lado, tenemos un diseño institucional que revictimiza a la mujer que ha sufrido violencia intrafamiliar, desde que debe ser ella la que denuncie para que el proceso pueda iniciar sin considerar que en contextos de VIF la relación de poder y violencia que se ejerce sobre ella va más allá de un maltrato físico; sino que también supone un temor reverencial que, en muchos casos, disuade a la víctima de interponer una denuncia contra el agresor que convive con ella. 

Para entender la poca efectividad de la denuncia en esta materia, es importante remitirnos a los datos: si analizamos rápidamente las tasas de denuncias de VIF hacia las mujeres, por 100 mil habitantes, en el caso de algunas comunas del distrito 9, por ejemplo, veremos una disminución considerable de denuncias durante el año 2020 respecto del 2019. Así, en la comuna de Quinta Normal hubo 797 denuncias por VIF en 2019, mientras que en 2020 sólo se registraron 302; en Independencia hubo 1.115 denuncias en 2019, y sólo 253 en 2020; en Cerro Navia pasamos de 467 denuncias en 2019 a 349 en 2020. Si bien la lectura de los datos expuestos muestra una disminución en las denuncias entre 2019 y 2020, en ningún caso se traduce en una disminución efectiva de la violencia en los hogares, sino que debemos atender al contexto en que una mujer víctima de VIF se encuentra.

Los vínculos afectivos con el agresor, la imposibilidad de poder tener margen para denunciar, en un encierro por pandemia o por cualquier otro motivo, o la culpa que sienten las mujeres afectadas por la violencia ejercida en su contra, son factores disuasivos al momento de denunciar a quién les violenta mientras se comparte el hogar.

Para revertir esta situación y poder avanzar hacia una sociedad sin violencia, es fundamental dejar de revictimizar a las mujeres y hacernos cargo de sus agresores. Para ello es urgente tomar algunas medidas tales como la refundación de Carabineros y el sistema de las policías, para que haya una unidad de seguimiento específica de las medidas cautelares en casos de VIF y no tengamos que lamentar la inobservancia del cumplimiento de esas medidas dentro del hogar, como ocurre actualmente; también es importante que en los casos donde el alejamiento de la víctima con el victimario sea indispensable, podamos incorporar el uso de tobillera con seguimiento GPS, que ha demostrado ser una de las medidas más efectivas para mantener el alejamiento correspondiente y que hoy, si bien se aplica, no es obligatoria para todos los casos de VIF en circunstancias que debiese ser una medida mínima para resguardar a las víctimas. 

También necesitamos dejar atrás la mirada punitiva y pasar a entender que vivimos en una comunidad donde siempre será mejor reeducar que castigar, por eso se deben aumentar los Centros de Reeducación de Hombres que Ejercen Violencia de Pareja (HEVPA) y tiene que ser imperativo para poder complementar cualquier pena.

Asimismo, es fundamental incorporar en la educación general un programa nacional de prevención de situaciones violentas porque la violencia en las relaciones de pareja puede iniciarse desde temprana edad y muchos hogares carecen de herramientas efectivas técnicas y emocionales para enfrentar y/o prevenir estas situaciones. Finalmente, considerando la ineficacia de la denuncia para prevenir o terminar con círculos de violencia intrafamiliar, es momento de discutir la pertinencia de eximir de la obligatoriedad de denuncia a las mujeres víctimas de VIF para acceder a protección integral debido a la vulneración que sufren y que terceros puedan interponer la denuncia con la finalidad de poner el foco en el cuidado de las mujeres y la protección de sus familias. 

Estas medidas son un primer paso para superar el actual sistema que revictimiza a la mujer y no reeduca al hombre violento. Necesitamos pasar de una lógica punitiva a una que incorpore activamente a los hombres agresores, haciéndonos cargo como sociedad y no repitiendo la violencia por otros métodos.

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