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Miedo y política

por 8 noviembre, 2021

Miedo y política
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La política del miedo se caracteriza por unificar el miedo como principio movilizador de un conjunto de discursos en el que  se articulan diversos elementos que tienen como sustrato y aspecto central, oponerse a las transformaciones de la sociedad.Los temores petrifican. Impiden los cambios.  Se constituyen colectivos que comparten muchos miedos: a los inmigrantes, a los pobres,  al matrimonio gay, al feminismo, a los pueblos originarios  a la intervención del Estado en el mercado, etc.  El miedo en la política, es siempre un instrumento de dominación que conlleva la desconfianza y el aislamiento como una supuesta forma de lograr la estabilidad. 

En la actualidad se promueve en Chile un miedo producto del modelo económico individualista, que ha generado un país dividido aplicando la estrategia de “sálvese quien pueda” centrado en lo que nos diferencia, olvidando lo que nos une, y generando una polarización y un clima de inseguridad.

El miedo está amplificado por los medios de comunicación que agrandan las narrativas del miedo. Pretenden situarnos como diría Beck en una “sociedad de riesgo”. Un miedo que permita que todos asustados tengamos que convivir, sin fiarnos los unos de los otros, defendiéndonos contra amenazas difusas que no se someten al más  elemental  discurso de la lógica y que no tienen base alguna en la realidad.

En la historia de Chile, se ha usado en distintos períodos el miedo para impulsar campañas del terror. Así, en la elección de 1938 se presentó como “evolución versus revolución, orden versus caos, libertad vs. violencia, libertad versus  totalitarismo”. Todos los conceptos negativos se atribuyeron al frente popular y a su candidato Pedro Aguirre Cerda.La derecha presentó la elección como momento épico de definiciones, “sin paralelo para el futuro democrático de Chile” y Pedro Aguirre Cerda  fue mostrado como una amenaza, un elemento que provocaría una tempestad social y  un futuro catastrófico. Los autodenominados adalides del orden, el Partido Conservador, y Gustavo Ross buscaban precisamente evitar esta situación.

Entre 1970-1973 se desató una campaña del terror gigantesca, que puede resumirse en aquella frase “junten rabia chilenos”. Esto dio origen a la dictadura de Pinochet por 17 años con el consecuente  sufrimiento y exterminio de miles de chilenos

En los días previos al plebiscito del 5 de octubre de 1988 circularon en Santiago y otras ciudades panfletos que mostraban al NO como el caos y al SI a través de un verde esperanza  como el orden. Los partidarios del régimen del general Pinochet mostraban a sus opositores, la concertación democrática, asociados a la violencia.

 Como se puede apreciar en la actualidad, no hay nada nuevo. Son siempre   los mismos métodos  antidemocráticos que se han usado para conseguir deleznables objetivos.

 Aunque los promotores del miedo pretenden sustentarlo en la defensa de la democracia, el miedo en la política es esencialmente antidemocrático. Por lo tanto es imposible hablar de un miedo democrático. Ningún miedo puede ser democrático, ya que implica sumisión ciega y exclusión. El miedo, es un instrumento de dominación de los grupos privilegiados sobre los postergados. Es una construcción sociocultural interesada en mantener los privilegios de las élites.

 La democracia no requiere de miedos. Adicionalmente a un régimen político, este es principalmente un modo de convivencia que se funda en la confianza. Al difundir miedo, se miente y se distorsiona la realidad atentando contra valores que constituyen una “ética mínima” que es actuar siempre con la verdad que es el fundamento indispensable  para  la convivencia democrática. 

El  miedo se diluye rápidamente cuando los ciudadanos se sacuden del polvo, del temor. Se sale a la calle, se movilizan en torno a los necesarios cambios y a las ilusiones. Las advertencias de los traficantes del miedo no impedirán que el movimiento surgido a partir del 19 de octubre se exprese nuevamente de manera pacífica con toda claridad ahora en las urnas. El 25 de octubre de 2020  un 80% de los votantes se pronunciaron por una nueva Constitución. Se requiere volver a convocar a esos votantes a continuar este camino para fortalecer el funcionamiento de la convención constitucional. Para ello es indispensable  la unidad de todos aquellos que no tenemos miedo, y que por el contrario sólo nos mueve la esperanza de un Chile mejor para todos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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