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Fin de un ciclo político Opinión

Fin de un ciclo político

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Paulo Hidalgo Aramburu
Por : Paulo Hidalgo Aramburu Profesor Ciencia Política y Políticas Públicas, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Universidad de Talca.
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La ventaja momentánea de Kast es que habló claro y directo. Nada de Constitución ni normas. Solo orden y progreso, delincuencia, drogas y migración. Conectó totalmente con el sentir popular y de clases medias. Dibujó bien su aparición y discurso y se prepara para la larga marcha hacia la presidencial. Desde ahora van a dosificar la aparición pública del líder, trabajar en los territorios como verdadero “pueblo elegido”. Sin embargo, como se sabe, Kast no tiene interés en políticas públicas, su discurso es básicamente liberal. La ecuación es nacionalismo, trabajo duro, familia. Es posible que eso sea lo que capture hoy la imaginación de los chilenos. Pero vale la pena anotar que el electorado hoy día es líquido, oportunista, desideologizado, individualista. Kast es una marca que se la puede llevar el viento.


Quizás se parte de una premisa demasiado evidente –término de ciclo–, pero ello requiere un cuidado análisis. Las elecciones del domingo no fueron una más de las tantas rutinarias que ha tenido la democracia chilena en su historia. Ese evento tuvo un efecto cataclísmico en la sociedad y en el sistema político, si tal epíteto tiene todavía sentido en Chile.

Vamos por partes. No cabe duda que la elección, como todas, fue un plebiscito al Gobierno de turno. La derrota fue amplia y expresiva. Ella marcó el fin de la apuesta política de la generación del Frente Amplio. Tal parece que nada se aprendió de la experiencia de Podemos en España, que terminó fragmentado, sin líderes, en franca curva de descenso. Seamos claros, la izquierda o es socialdemócrata con todos los matices o sencillamente se refugia en un discurso de clases medias jóvenes ilustradas, legítimo, por cierto. Se ha escrito largamente que el feminismo y diversidades son un logro histórico, pero se requiere de estrategias graduales que sintonicen con la mayoría de las mujeres trabajadoras y que no entienden un lenguaje sociológico extraño. Como bien señalaba un antiguo profesor –Ludolfo Paramio–, la autonomía de las mujeres no supone prometer la felicidad. La política, en definitiva, no es una colección refractaria de identidades. Son solo archipiélagos que no convocan mayorías electorales.

Tampoco se llevó a cabo un cambio que se pensaba radical en Chile. Todas las apuestas de este orden no tienen cabida en las democracias cuyas reformas son graduales, consensuales y pactadas. Así la elección indica un desfonde de las principales políticas públicas que deberán ser retomadas con amplias concesiones y acuerdos. En otros términos, el Frente Amplio no logró abrir un nuevo ciclo político en Chile, en gran medida, porque tenía un diagnóstico erróneo y una política de izquierda de nicho. Se pensó que eran mayoría en un espejo que desde el principio mostró a un Parlamento díscolo, fragmentado, veleidoso, farandulero, ramplón.

¿Qué queda de todo esto? Desde luego “salvar los muebles” y negociar lo mejor posible los proyectos claves en previsión, tributario, salud. Enfrentar a la delincuencia y ordenar los flujos migratorios con humanidad y racionalidad. En el ámbito político, los socialistas tienen la gran tarea de procurar encabezar un resurgimiento de una opción socialdemócrata sobria y gradualista que congregue a todas las fuerzas políticas progresistas. Ello para volver a concursar en el mejor pie electoral en los eventos venideros.

La derecha RN-UDI por cierto tiene un problema. Buena parte de su electorado se fugó hacia el Partido Republicano y ahora se encuentran atenazados, puesto que se ha devaluado radicalmente la política de acuerdos graduales. El miedo es el vaciamiento sin retorno de su electorado y, sin candidatos claros, tendrán que adherir a Kast en la próxima contienda.

La ventaja momentánea de Kast es que habló claro y directo. Nada de Constitución ni normas. Solo orden y progreso, delincuencia, drogas y migración. Conectó totalmente con el sentir popular y de clases medias. Dibujó bien su aparición y discurso y se prepara para la larga marcha hacia la presidencial. Desde ahora van a dosificar la aparición pública del líder, trabajar en los territorios como verdadero “pueblo elegido”. Sin embargo, como se sabe, Kast no tiene interés en políticas públicas, su discurso es básicamente liberal. La ecuación es nacionalismo, trabajo duro, familia. Es posible que eso sea lo que capture hoy la imaginación de los chilenos. Pero vale la pena anotar que el electorado hoy día es líquido, oportunista, desideologizado, individualista. Kast es una marca que se la puede llevar el viento.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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