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Nikki Haley: la última rival de Donald Trump ANÁLISIS BBC

Nikki Haley: la última rival de Donald Trump

Alberto Rojas
Por : Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, Facultad de Humanidades y Comunicaciones, Universidad Finis Terrae.
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Varios estrategas republicanos consideran que Haley no ha perdido el tiempo con estas primarias, ya que ha ganado experiencia y, sobre todo, se ha convertido en un nombre y un rostro que ha tenido visibilidad en todo el país. Y que, por lo tanto, tal vez su momento no es ahora, sino en 2028.


Luego de las primarias de Carolina del Sur, donde obtuvo el 60% de los votos, y las de Michigan, en las que alcanzó el 68% de apoyo, Donald Trump se muestra imparable en su objetivo de lograr la nominación del Partido Republicano para enfrentar al presidente Joe Biden en las elecciones presidenciales estadounidenses del próximo 5 de noviembre.

Sin embargo, a pesar de las alentadoras cifras, el exmandatario ha tenido que lidiar durante semanas con su última oponente republicana: la exgobernadora de Carolina del Sur y exembajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Nikki Haley.

Son muchos los que consideran que las primarias republicanas ya están resueltas en favor de Trump y que los esfuerzos de Haley son inútiles. Pero, a pesar de las críticas, ella se ha mantenido firme, incluso tras perder la primaria en su propio Estado, y ha dicho que solo evaluará bajar su precandidatura después del “Supermartes” del próximo 5 de marzo, cuando 16 estados realicen sus primarias: Alabama, Arkansas, Alaska, California, Colorado, Iowa, Maine, Massachusetts, Minnesota, Carolina del Norte, Oklahoma, Tennessee, Texas, Utah, Vermont y Virginia.

Es poco probable que se rompa la actual tendencia y que Haley dé una sorpresa ese día. No obstante, es un hecho que ella representa un ideario republicano muy diferente y alejado del “trumpismo” más radical, el mismo que en estos años acabó devorando al Partido Republicano, transformándolo en una plataforma meramente instrumental en función de las ambiciones de Trump.

Haley se ha presentado como una real alternativa a Donald Trump y a Joe Biden y ha buscado representar a los republicanos que no se identifican con el exmandatario, principalmente por su polémico estilo y los numerosos casos que enfrenta en la justicia.

En ese sentido, varios estrategas republicanos consideran que Nikki Haley no ha perdido el tiempo con estas primarias, ya que ha ganado experiencia y, sobre todo, se ha convertido en un nombre y un rostro que ha tenido visibilidad en todo el país. Y que, por lo tanto, tal vez su momento no es ahora, sino en 2028, cuando los estadounidenses vuelvan a las urnas.

Por eso, vale la pena tenerla a la vista, porque podría ser un nombre que vaya cobrando aún más fuerza en los próximos años.

De India a EE.UU.

Con 52 años de edad, Haley ha recorrido un camino lleno de desafíos, tanto en lo profesional como lo personal. Y que comenzó con su nacimiento, el 20 de enero de 1972, en el corazón de una familia de inmigrantes sij provenientes del estado de Punjab (India). Pero no como Nikki (que en punjabi significa “pequeña”), sino con el nombre de Nimrata Randhawa.

Su padre, Ajit Singh Randhawa, era profesor en la Universidad de Agricultura de Punjab, y su madre, Raj Kaur Randhawa, una abogada titulada de la Universidad de Delhi. Y cuando él obtuvo un puesto en la Universidad de la Columbia Británica, la familia se trasladó a Canadá. Posteriormente, en 1969, luego que su padre obtuviera su doctorado, todos se mudaron a Carolina del Sur, en EE.UU.

En 1976, su madre abrió una tienda de ropa y a partir de los 12 años, Haley comenzó a hacerse cargo de la contabilidad del negocio. Un camino muy similar al que había hecho, décadas antes, otra destacada mujer en el ámbito político, pero al otro lado del Atlántico: Margaret Thatcher.

En 1989, Haley se graduó de la escuela secundaria Orangeburg y años más tarde se tituló en Contabilidad de la Universidad Clemson. Y en poco tiempo, llegó a convertir el negocio de ropa de su madre en una empresa de millones de dólares.

El cambio de nombre llegó, finalmente, cuando conoció a quien se convertiría en su esposo, Michael Haley, un veterano de la guerra de Afganistán que además la persuadió para dejar de ser sij y adoptar el protestantismo.

En 2004, Haley decidió ingresar al mundo de la política estadounidense al alero del Partido Republicano, logrando en poco tiempo convertirse en una de las figuras de su ala más conservadora: el Tea Party (creado en 2010).

Entre 2005 y 2011 integró la Cámara de Representantes de Carolina del Sur, lo que le permitió hacerse conocida y ganar la experiencia para intentar el reto de levantar su candidatura a la gobernación de ese estado.

El sueño se convirtió en realidad cuando, en las elecciones de noviembre de 2010, Haley obtuvo el 51,4% de los votos, lo que la transformó en la primera mujer y la primera hija de inmigrantes en ocupar ese cargo.

Haley plasmó gran parte de esas vivencias en su autobiografía Can’t Is Not an Option (2012), lo que la volvió aún más visible para la ciudadanía.

Carrera meteórica

Durante su primer período como gobernadora de Carolina del Sur fue una abierta defensora de que la bandera de los Estados Confederados –que en el siglo XIX apoyaron la esclavitud y llevaron al país a la Guerra Civil– permaneciera en los principales lugares públicos de Carolina del Sur. Sin embargo, después de que el joven blanco Dylann Roof atacara en 2015 una iglesia en Charleston y asesinara a nueve feligreses afroamericanos, ella encabezó la iniciativa destinada a retirar todas las banderas confederadas del Estado.

En noviembre de 2014 obtuvo la reelección con un 55,9% de los votos, lo que le garantizó un segundo periodo hasta enero de 2019. Sin embargo, tuvo que renunciar a comienzos de 2017, luego que aceptara la propuesta de Donald Trump de convertirse en la nueva embajadora de EE.UU. en Naciones Unidas (enero de 2017-noviembre de 2018), un cargo en el que fue ratificada –en ese entonces– por el Senado federal, por 96 votos contra 4.

De acuerdo con una versión publicada por el portal Politico.com, Trump originalmente le había ofrecido el puesto de secretaria de Estado, para reemplazar al opaco Rex Tillerson, pero ella habría declinado, argumentando su falta de experiencia en el ámbito de la política internacional.

Este episodio llama la atención no solo porque ella hubiese rechazado el cargo más importante de la diplomacia estadounidense, sino porque durante las primarias republicanas de 2016 Nikki Haley respaldó primero a Marco Rubio y luego a Ted Cruz, distanciándose permanentemente de Trump.

Durante su tiempo como embajadora en Naciones Unidas a Haley no le costó trabajo hacerse notar. Basta recordar que una de sus primeras declaraciones apuntó a dejar en claro la fuerza de EE.UU., el apoyo a sus aliados y que estos cumplieran con lo que Washington esperaba de ellos.

“Para aquellos que no nos apoyen, vamos a anotar nombres. Y nos aseguraremos de responder a eso adecuadamente”, afirmó Haley, quien desde entonces se caracterizó por sus duras críticas a los gobiernos de Venezuela y Siria, y su incansable esfuerzo por aumentar la presión sobre el régimen norcoreano.

“Si Corea del Norte prosigue con su temerario comportamiento, y los Estados Unidos se ve en la necesidad de defenderse a sí mismo o a sus aliados, Corea del Norte será destruido. Todos lo sabemos y no lo deseamos”, afirmó en una entrevista con CNN.

Asimismo, apoyó la suspensión del aporte de fondos estadounidenses a la agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) y el traslado de la embajada de EE.UU. en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén.

En octubre de 2018, Haley presentó su renuncia y Trump aceptó con la condición de que se quedara en el cargo hasta fines de ese año. Y tras dejar el cargo, Haley escribió el libro With All Due Respect: Defending America with Grit and Grace (2019), en el que revisaba su experiencia como embajadora en la ONU.

Según BBC, “la renuncia de Haley llega un día después de que una organización anticorrupción la acusara de aceptar siete viajes de lujo en un avión privado como regalos de líderes de empresas de Carolina del Sur”.

La aún embajadora no se refirió a esa versión y solo dijo que “han sido ocho años intensos y creo en los límites de los periodos”, haciendo alusión a sus seis años como gobernadora de Carolina del Sur y los dos como embajadora ante la ONU.

En ese entonces fue consultada respecto de sus planes a futuro y ella no especificó a qué se dedicaría, pero sí descartó supuestos planes de competir con Trump en las elecciones presidenciales de 2020. Y cumplió su palabra, ya que salió al paso del exmandatario a fines de 2023. Ahora habrá que esperar a ver qué pasa en noviembre próximo, quién estará en la Casa Blanca durante los próximos cuatro años y si volveremos a ver a Nikki Haley en la carrera presidencial de 2028.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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