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El manifiesto del Socialismo Democrático Opinión

El manifiesto del Socialismo Democrático

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Eugenio Rivera Urrutia
Por : Eugenio Rivera Urrutia Director ejecutivo de la Fundación La Casa Común.
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Se critica el “ñuñoísmo” o “Ñuñork”, esto es, “una izquierda que hace de su comprensión del mundo en otras latitudes, de su cosmopolitismo, un sinónimo excluyente del universalismo, inentendible para muchos”, que explicaría parte de esta desconexión.


El manifiesto es una buena noticia: un sector importante de la izquierda se atreve a abordar los desafíos intelectuales y políticos del país y del mundo desde una perspectiva innovadora. Señala como referencias fundamentales los gobiernos de la Concertación, la Nueva Mayoría y la actual administración del Presidente Boric.

Se requiere un esfuerzo de envergadura similar en todos los sectores políticos. Queda sin embargo al debe el documento, al no definir la noción de Socialismo Democrático (SD) y aclarar lo que los distingue respecto de las otras izquierdas y la inferencia equívoca que el adjetivo “democrático” genera en sus aliados. Haría falta precisar, además, los elementos de continuidad y renovación.

Hay dos afirmaciones cruciales: “La diferencia entre capitalismo regulado y socialismo democrático se desvanece” y “la tarea del SD es incorporar los principios socialistas en el propio funcionamiento del capitalismo”. Dicho de otra manera, la superación del capitalismo desaparece del horizonte de sentido del SD. Se explicita un tema que ha costado sacar a la luz después del colapso o reorientación radical del socialismo comunista. Es, sin embargo, una salida facilista.

Hablar de capitalismo regulado sugiere un regreso al “período de oro” de 1945-1970, lo cual, por los caminos que ha tomado el capitalismo, no es factible. Los autores tienen como referencia la noción de Thomas Piketty de sociedades socialdemócratas (prácticas políticas e institucionales que se encuadran en el sistema de propiedad privada y el capitalismo)m pero Piketty insiste en las insuficiencias (pocos avances en la propiedad estatal, social, y necesidad de participación de asalariados en la dirección de las empresas). El debate sobre las “variedades del capitalismo” debería entregar más pistas. Es insuficiente decir que “lo socialista” es impulsar políticas industriales y, menos aún, que, desde el punto de vista de los valores para organizar la vida en común, no hace diferencias.

El manifiesto señala dos temas autocríticamente: el primero es la supuesta excesiva atención del SD y las izquierdas a las “clases medias educadas” y, asociado a ello, el “cortar el vínculo con los sectores más vulnerables”. Se percibe una cierta nostalgia por los antiguos sectores populares, que no se condice con la sociedad actual, donde el 68% de la población de entre 18 y 24 años estudia en las universidades o en institutos profesionales y el 95% de la población usa teléfono inteligente. Se critica el “ñuñoísmo” o “Ñuñork”, esto es, “una izquierda que hace de su comprensión del mundo en otras latitudes, de su cosmopolitismo, un sinónimo excluyente del universalismo, inentendible para muchos”, que explicaría parte de esta desconexión.

Con los niveles de educación y el acceso a telecomunicaciones indicado, más que el “ñuñoísmo” son relevantes problemas como los déficits en salud, pensiones, educación y vivienda y probablemente la pérdida de relevancia de los trabajadores organizados, la fragmentación y la dificultad del sistema político y los partidos, para responder a las expectativas de la población. Al mismo tiempo, se presta poca atención a la lucha contra el cambio climático y las luchas feministas y, más bien, las contrapone a la necesidad de presunta universalidad que representó el proletariado.

Finalmente, es relevante, para una mejor comprensión de las dificultades que enfrenta la política, enfatizar que más allá del rol de la nueva derecha caracterizada con precisión por Natascha Strobl, es necesario calibrar mejor las causas “objetivas”, históricas y económicas de los nuevos problemas (inmigraciones masivas y sus impactos en los países receptores, la extraterritorialidad de las grandes empresas globales, la crisis medioambiental y las capacidades limitadas de la institucionalidad gubernamental y la “complejidad democrática”), para enfrentar las dinámicas sociales, económicas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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