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Fronteras porosas Opinión

Fronteras porosas

Eduardo A. Santos Fuenzalida
Por : Eduardo A. Santos Fuenzalida Experto internacional en asuntos de comercio
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La “porosidad fronteriza” también puede llevar a la desprotección del patrimonio zoo y fitosanitario, impactando negativamente al medio ambiente, a la agricultura y recursos naturales.


Muy pocos dejaron de celebrar la detención de Dayonis Junior Orozco Castillo, el prófugo venezolano-colombiano, acusado de ser uno de los autores del crimen del mayor de Carabineros Emmanuel Sánchez Soto. En lo personal, por múltiples razones, tengo una larga cercanía con Carabineros y no puedo sino alegrarme de que haya sido capturado y que –esperamos– pronto enfrente a la justicia. Sin embargo, primero su fuga, la frecuente mención a las “fronteras porosas” y luego su captura, traen a colación diversas reflexiones que quisiera compartir con los lectores de estas columnas.

Para empezar, y ya lo he comentado en más de una ocasión: al parecer, disfrutamos de las prácticas y políticas principalmente “reactivas” y “efectistas” que, en ocasiones, llegan tardíamente. ¿No es eso lo que está ocurriendo –previo a las elecciones municipales– con las “recuperaciones” de terrenos y de casas “tomadas”, y con los intentos para controlar el comercio ambulante en algunas comunas de la RM? ¡Buenas medidas, pero muy tarde! Ojalá tuviéramos elecciones más seguido. La fuga de Dayonis Orozco Castillo, por su parte, provocó un escándalo de magnitudes, pues el fugitivo pudo viajar más de 2 mil kilómetros por Chile sin ser detenido, a pesar de haber sido aparentemente visto en su trayectoria a la frontera norte del país.

Sin “ponernos colorados”, primero culpamos a las “redes de apoyo” y luego a laporosidad de las fronteras”. Pero, la realidad es que llegamos tarde nuevamente, y no son pocos los que se han “quejado” de la “porosidad fronteriza” en el pasado. Pero ¿haremos algo a este respecto? Ya lo sé, con el apoyo de las Fuerzas Armadas se aumentó el control fronterizo en el norte de Chile. Pero, al parecer, ello no es suficiente y –creo– es solo una perspectiva muy parcial de la “porosidad fronteriza”.  

Por su parte, la policía colombiana, al parecer, pudo ser bastante más efectiva, pues detectó a Dayonis Junior Orozco Castillo cruzando un puente fronterizo con Ecuador y luego lo detuvo en el Departamento del Cauca. ¿No pudimos hacer lo mismo en la cercanía de Iquique? Aparentemente no, pues llegamos tarde. Tengo que suponer que solo “llegamos tarde”, a pesar de la “puesta en escena” en Bogotá. Lástima que en Bogotá se haya dejado fuera al agregado policial de la PDI en la embajada. 

Volvamos al tema central de esta columna: somos un país que adora los “efectos pirotécnicos” de nuestras políticas “reactivas”. Ya tuvimos la “pirotecnia” de la detención y de los “besitos” televisivos de Dayonis Orozco Castillo, y antes habíamos mostrado indignación por la porosidad de nuestras fronteras, pero ¿qué haremos al respecto? No olvidemos que todo esto está entrelazado. Espero que estos trágicos eventos hayan puesto realmente de relieve la “porosidadde las fronteras, y que también provoquen un cambio de actitud e intentemos ser proactivos al respecto. Ya es tiempo de pasar de la denuncia de la “porosidad fronteriza”, a la formulación e implementación de propuestas y políticas concretas que nos permitan abordarla integral y sistémicamente, pues la “porosidad fronteriza” va muchos más allá de la sola inmigración ilegal, la fuga de delincuentes y, en general, el movimiento de personas. 

Traigo a colación esta “visión”, porque no basta con mostrar sorpresa o indignación por la “porosidad” de nuestras fronteras, asociándola ahora solo al ingreso y a la fuga de Dayonis Orozco o, como hace algunas semanas, al secuestro y asesinato del exteniente venezolano Ronald Ojeda, ocasión en que la porosidad de las fronteras también nos “jugo una mala pasada”, permitiendo que algunos de los presuntos participantes en este crimen pudieran huir del país. Es cierto, todo esto es trágicamente útil “pirotecnia”, mientras que las otras “caras”, “facetas” o “dimensiones” de la “porosidad” fronteriza no parecen “prestar ropa”.  

El tráfico de armas y de drogas, el contrabando de productos falsificados y el comercio al que está asociada, las pestes foráneas, y la trata de personas –entre varios otros aspectos de esta “porosidad”– no son abordados con la misma energía y recursos, y cuando llegan a los “medios”, pronto pasan al olvido. Aún con menos frecuencia tenemos presente que la “porosidad fronteriza” también puede llevar a la desprotección del patrimonio zoo y fitosanitario, impactando negativamente al medio ambiente, a la agricultura y recursos naturales, como resultado del aumento del comercio y movimiento fronterizo de mercancías. Triste, porque estos dejan de ser “percibidos” como relevantes, y no son priorizados. No obstante, no por ello dejan de ser importantes para la seguridad, el crecimiento y el desarrollo de nuestro país.   

¿Recuerdan los lemas de “Chile Potencia Alimentaria” y “Chile Isla Sanitaria”? Ya no más. Aun así, algunos podrían argumentar que estamos mejor que varios de nuestros vecinos, ello en parte resultado de nuestro clima templado mediterráneo y del aislamiento geográfico parcial y, sobre todo, gracias al trabajo de los Servicios de Inspección. Pero todo eso no basta y debemos recordar que, en las últimas décadas, hemos gastado decenas de millones dólares en el control de nuevas plagas cuarentenarias que –además– nos han costado cientos de millones de dólares en pérdidas comerciales. Y ¿mostraremos indignación, también, frente a todo esto? Pero más importante, ¿haremos algo al respecto? No dilatemos más y enfrentemos todos estos temas de manera sistémica e integralmente, y evitemos seguir llegando tarde. 

Y no es solo un tema de más o menos recursos financieros a disposición del Estado. Más bien –creo– es de voluntad política y de las prioridades correspondientes. Si la coordinación con Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, que habría permitido la captura del fugitivo Orozco Castillo, efectivamente existió –como se nos dijo–, muestra que podemos y debemos intentarlo junto a nuestros vecinos.

Entendería que la seguridad y el control del crimen organizado transnacional, la inmigración legal e ilegal, la prevención del contrabando, la protección de los recursos zoo y fitosanitarios y del medio ambiente, así como la facilitación de los flujos comerciales, son todos objetivos compartidos en mayor o menor grado, si no por la totalidad, por la gran mayoría de las naciones de Latinoamérica. No obstante, sin la debida coordinación internacional –en un mundo globalizado, pero crecientemente fragmentado– será virtualmente imposible abordarlos.    

Enfrentar y resolver los varios aspectos de la “porosidad fronteriza” que venimos arrastrando por décadas, requerirá de voluntad política, de una institucionalidad más eficiente, capacitada y debidamente coordinada internamente (por ejemplo, a nivel de los Servicios de Inspección) e internacionalmente. Y no será fácil. Pero empecemos –como en el caso de Dayonis Orozco– con nuestros vecinos. Sin embargo, se requerirá inevitablemente revisar y priorizar nuestras relaciones internacionales, y volver a “mirar” en la dirección de América Latina. ¿Estamos dispuestos a dar este cambio de dirección? Defender las fronteras depende tanto de nosotros como de la relación que podamos desarrollar con los “vecinos del barrio”. Algo obvio que parecemos olvidar.

Creo que luego de la reciente experiencia del caso de Orozco Castillo, pocos podrán dudar de ello. Pero estamos tan obsesionados con “abrirnos al mundo” y liderar la ruta al Asia-Pacífico, a China y a donde sea, que nos hemos olvidado de Latinoamérica. Pero, trágicamente, las dificultades que muy tardíamente hemos “registrado” en el control de nuestras fronteras, ponen en evidencia –una vez más– la necesidad de acercarnos, de convivir con nuestros vecinos y de desarrollar “lazos” y vínculos que nos permitan crecer y desarrollarnos política y económicamente en armonía en América Latina. Si lo logramos, todos ganamos. No dilatemos más esta tarea. 

La Cancillería puede y debe encabezar un equipo interministerial que aborde la “porosidad fronteriza de frente”. Minrel tiene la experiencia y parte de los equipos requeridos, y puede encabezar, “gerenciar” y negociar con nuestros vecinos los temas mencionados, pudiendo delegar en los servicios especializados aquellos aspectos en los que no tenga la experiencia requerida. A ponerse la corbata nuevamente. Sí, lo podemos hacer. No hagamos o pretendamos –una vez más– “como que nos preocupáramos” por un tiempo de la “porosidad fronteriza”, para luego dejarla en el olvido hasta la próxima emergencia o elección. Vamos con todo por la cooperación regional.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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