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Chile y el mundo: las determinantes del asedio Opinión Víctor Huenante/AgenciaUno

Chile y el mundo: las determinantes del asedio

Fernando Reyes Matta
Por : Fernando Reyes Matta Profesor UNAB, ex embajador en China
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A veces, por miopía de algunos o la falta de comunicación sobre el conjunto de acciones diversas que constituyen un todo mayor que la suma de las partes, no se aprecia localmente lo que somos y podemos ser.


No pudo venir el presidente Lula, porque su deber prioritario lo convocó: estar con los suyos ante las graves inundaciones que han castigado el sur de Brasil. Lamentable, porque ese diálogo entre el mandatario brasileño y el Presidente Boric habría demostrado cuánta sensibilidad común tienen ante los nuevos desafíos que vive el planeta.

En diciembre pasado, hablando en la COP28, Lula señaló que la humanidad sufre sequías, inundaciones y olas de calor cada vez más extremas y frecuentes. “La Amazonía está sufriendo una de las sequías más trágicas de su historia. En el sur, las tormentas y ciclones dejan un rastro de destrucción y muerte sin precedentes”, subrayó, agregando que “la ciencia y la realidad nos muestran que esta vez la factura ha llegado antes”. Por cierto, lo decía pensando en que la COP de 2025 será en la Amazonía, en Belén. Ahora, hace un par de semanas, hablando junto a António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, Boric coincidió, como ya lo viene haciendo, en que el mundo de hoy reclama hacer política internacional pensando con alta prioridad en cuánto vive y sufre la humanidad como un todo.

En esa ocasión remarcó que “hoy como generación nos enfrentamos a dilemas existenciales” y, con ello, dio señales claras de los ejes desde donde vienen hoy las determinantes de nuestra política exterior, porque es su Existencia, así con mayúsculas, lo que la humanidad está viendo asediada desde diversas amenazas y complejidades.

Ocurre con la democracia, con el desarrollo social, con las condiciones de vida en el planeta, con el impacto irruptivo de los cambios digitales y la inteligencia artificial. Son realidades ante las cuales Chile respalda el multilateralismo, pero aspira a un multilateralismo eficiente y puesto al día, desde el cual enfatizar la urgencia de buscar soluciones entre todos –países grandes, medianos y chicos–, asumiendo las lógicas del Norte avanzado, pero también aquellas del Sur Global.

Ahora, cuando se aproxima el tercer Mensaje Presidencial, es posible que este marco de referencia se haga más visible al hablar del papel de Chile en el mundo de hoy. Pero ello reclama enlazar en una nueva narrativa diversos hechos –los que vienen de antes y los explosivamente nuevos– en los cuales se sustenta una plataforma de dimensión internacional que no siempre vemos.

Chile fue elegido para presidir el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas en el periodo 2023/2024 y todos concuerdan en que la embajadora Paula Narváez le ha puesto energía nueva a esa entidad. El Congreso del Futuro da bases de prestigio para incidir en la Cumbre del Futuro de septiembre próximo, al mismo tiempo que empieza a proyectar su quehacer más allá de las fronteras; lo hizo recién en Bolivia. Se prepara la segunda Cumbre de Desarrollo Social para el 2025, sin olvidar que la primera –en 1995– fue una iniciativa de Chile impulsada por el entonces embajador Juan Somavía. El compromiso con la defensa de la Biodiversidad en Alta Mar tiene a Chile como actor principal. Y aquí estuvieron todas las más altas autoridades de Naciones Unidas en un Consejo Ejecutivo encabezado por António Guterres, secretario general del organismo mundial. Por primera vez quisieron hacer ese encuentro estratégico en América Latina y eligieron a Chile para ello.

Pero, junto con esos hechos que podrían considerarse de agenda clásica en política exterior, cabe sumar otros, aquellos que desde lo local determinan cómo Chile se hará parte de lo global. Es lo que emerge cuando se inauguran plantas de hidrógeno verde en Magallanes; se licita una planta desaladora en Coquimbo; comienza sus trabajos la planta fotovoltaica Gran Teno, en la Región del Maule; se inaugura el sistema de almacenamiento de energías renovables más grande de América Latina en Antofagasta; y se responde con buenos técnicos y trabajadores para instalar aquí los grandes observatorios astronómicos del mundo. Es ahí donde Chile está, desde distintas áreas de acción, haciéndose parte y promoviendo una agenda mucho más ligada al siglo XXI que aquella heredada de las confrontaciones del siglo XX.

Esa cita en Chile de autoridades mundiales, como los directores de la Organización Internacional del Trabajo y de la Salud, o las directoras de la Organización Mundial de Comercio y ONU-Mujer, entre otros, lleva a una pregunta no menor: ¿por qué todos ellos, al decidir que su reunión máxima de coordinación tuviera lugar por primera vez en América Latina, eligieron a Chile como el lugar para hacerlo?

Los méritos devienen de diversos momentos de nuestra historia, con aportes concretos hechos por grandes figuras de nuestra diplomacia, pero también por la innovadora sensibilidad que Chile muestra tras la pandemia para identificar dónde están los temas fundamentales, en los cuales solo hay salvación con la cooperación y el diálogo de todos. O si no, cada cual “se hunde solo”, como dijo el Mandatario chileno.

Al recordar el libro clave del visionario embajador Hernán Santa Cruz, Cooperar o perecer: el dilema de la comunidad mundial, el Presidente Boric señaló que esa máxima tenía plena vigencia. Surgió desde otros contextos, en otro orden mundial, pero las realidades contemporáneas hacen aún más vigente lo esencial de esa frase. En otros términos, lo mundial de una humanidad que ya cruzó los 8 mil millones de habitantes interconectados es más mundial que nunca.

En paralelo, en la misma semana también Chile y la Unesco acogieron la trigésima primera Conferencia del Día Mundial de la Libertad de Prensa. Su lema fue claro respecto de los temas que vivimos: “Prensa para el Planeta: El periodismo ante la crisis ambiental”. En la sesión de clausura, el canciller Alberto van Klaveren señaló que “la comunidad internacional debe velar activamente por proteger a periodistas y comunicadores en general y a aquellos dedicados a temas ambientales, en particular. Protegerles es proteger nuestro planeta. Sin su labor será mucho más difícil contar con ciudadanías debidamente informadas sobre esta realidad”.

Como señaló la Unesco en la víspera del encuentro en Chile, “la crisis del clima y la biodiversidad no solo afectan al medio ambiente y los ecosistemas, sino también a la vida de miles de millones de personas en todo el mundo. Sus historias de agitación y pérdida merecen ser conocidas y compartidas. No siempre son agradables de ver. Incluso pueden ser perturbadoras. Pero solo conociéndolas es posible actuar. Exponer la crisis es el primer paso para resolverla”.

En la hora de la síntesis y perspectivas que definen a todo Mensaje Presidencial, cabe valorar las palabras del propio António Guterres, entregando su mensaje desde La Moneda junto al Presidente Boric. Allí señaló: “El compromiso de Chile con la acción climática, la protección de la biodiversidad y los océanos, y su liderazgo en materia de energías renovables ejemplifican el camino a seguir”.

Ser ejemplo honra, pero también obliga. En gran medida, Chile vive un tiempo de renovación en los ejes de su política exterior. A veces, por miopía de algunos o la falta de comunicación sobre el conjunto de acciones diversas que constituyen un todo mayor que la suma de las partes, no se aprecia localmente lo que somos y podemos ser.

Cuando el actual Gobierno llegó al poder lo hizo enarbolando una frase que pudo sonar a retórica ocasional: “Chile necesita al mundo, el mundo necesita a Chile”. Pero en su contenido profundo hay un compromiso mayor: saber qué podemos recibir del mundo que nos fortalezca hacia el futuro; saber qué podemos dar al mundo que contribuya a una mejor humanidad. Cuando articulemos en el análisis esas prácticas que vienen de lejos en el andar internacional del país, con aquellas que nacen de las urgencias planetarias de hoy, podremos decir que Chile va por el camino correcto.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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