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La insolente flojera de las autoridades que abandonaron Valparaíso Opinión

La insolente flojera de las autoridades que abandonaron Valparaíso

Adrián Acevedo
Por : Adrián Acevedo Vecino de Valparaiso y escritor
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Políticos como Sharp o Mundaca lo tuvieron todo, poder político y admiración de una ciudad que pedía cambios, pero terminaron traicionando la esencia del puerto con jactancia, indolencia y flojera. Entregan un Valparaíso en decadencia, triste, gris, detenido en el tiempo, abandonado y tardío.


Esta ha sido una de las peores gestiones municipales de los últimos 30 años que Valparaíso ha soportado. El Frente Amplio (FA) y la izquierda que lo acompaña le deben explicaciones al puerto en modernización, infraestructura, desarrollo económico, carencia laboral, seguridad pública, planificación urbana y transporte público, crecimiento y desarrollo portuario. Entregan un Valparaíso en decadencia, triste, gris, detenido en el tiempo, abandonado y tardío.

Se instaló la insolencia de la flojera como gestión política y administrativa, abrazaron demandas colectivas que luego guardaron y olvidaron en los cajones de sus escritorios en Condell 1490. Se presentaron como héroes de un Valparaíso en lastre, ocupando todos los espacios políticos y técnicos, abrieron espacios de diálogo, de pensamiento y proyecciones que luego cerraron con total crueldad e indiferencia. Infantilizaron la gestión a niveles de irresponsabilidad brutal y culparon a otros por su propia ineptitud. La matriz, la incubadora de este modelo, fue la primera víctima. 

El alcalde Sharp encapsuló su modelo y, con frialdad política y extraordinaria autocomplacencia, no articuló y menos lideró el renacimiento que Valparaíso esperaba, porque simplemente no le interesó. En ocho años ha sido incapaz de entregar un plan maestro que unifique las principales demandas de nuestra ciudad puerto: la crisis del transporte público; el colapso violento del comercio ambulante diseminado por las principales calles y avenidas de nuestra comuna; el cansancio brutal de los trabajadores del aseo por una pobre gestión, donde la escasez de camiones y medios esenciales para el cuidado de la ciudad les exige el doble; inexistencia de inversión privada; y el comercio abandonado donde antes hubo vida económica.

Misma suerte corren las políticas de seguridad pública y prevención del delito, empobrecidas por omisión, negligencia o simple ignorancia o, por qué no, prejuicio por nuestras policías. En las plazas, donde antes había bandejones y parques, ahora abunda el polvo, y el verde se ha ido. La agonía arqueológica de los ascensores muertos y la pérdida del turismo y la comercialización que aquí irrigaban, son memoria estéril de un ayer en pujanza, hoy sin vida. Murió la noche, la calidad de vida está rota y los ciudadanos que habitamos Valparaíso lo vivimos. 

Sharp no supo y no quiso involucrar a las autoridades legislativas de la región para el desarrollo y crecimiento de Valparaíso bajo una agenda parlamentaria común, miró con desprecio al sector privado y se atrincheró en su comodidad electoral usando la institucionalidad municipal para proyectar su movimiento político y, de paso, su fallida carrera presidencial, desafectándose del bien colectivo, ninguneando él y sus seguidores cualquier asomo de crítica y de disidencia. El Frente Amplio abrió el paraguas, aceptó la fórmula sharpiana y el proyecto colectivo no fue más que una de las tantas traiciones de adolescentes egoístas, motivadas por el ego y el narcisismo como gesto de rebeldía. 

No es mejor el caso del gobernador Mundaca, el líder internacional de la recuperación del agua, el artífice de “esto no es sequía, es saqueo”, el Premio Nobel del recurso hídrico, que hoy solloza por falta de abrazos para hacer su trabajo, nos dice que Chile es un Estado fallido y pide la reinstalación de la pena de muerte como solución política a la delincuencia. Mediocre, estéril, populista y vacía es su gestión, que ha tenido la indulgencia ciudadana, sin obras, sin legado, sin cambios, profundizando las brechas que nos separan de una mejor ciudad para vivir, acuartelando su militancia y su narrativa que pide explicaciones a Chile, disparando responsabilidades con la misma lógica de Sharp y su modelo: la culpa es de otros… Valparaíso no está a mi altura. 

El tejido de la administración política que el Frente Amplio, la izquierda y sus socios gozan en la Región de Valparaíso, ha defraudado el alma misma de nuestras pertenencias vitales, nuestra vida es más sombría, el romance nos ha intoxicado y el pobre pragmatismo de hoy es la triste e inicua esperanza maltratada de ayer. Delegada presidencial, gobernador, alcalde, consejeros, seremis y directores de servicios, pertenecen a esta coalición política, ninguna obra importante, solo la fina y vieja promesa del tren a Santiago trazado ahora solo hasta Viña, de un aeropuerto internacional que no sabemos para qué, un teleférico que nadie pide; ahora sacando del nicho y del polvo el acuerdo por Valparaíso, que no es más que un proyecto añejo que lleva décadas esperando la oportunidad de un Gobierno lúcido. No hay trabajo para nuestros jóvenes, no hay innovación para una mejor ciudad, no hay proyectos sustentables, no existe desarrollo, la orfandad del patrimonio es un hecho, todo se improvisa y, si no, se culpa al Gobierno de su misma alianza política. 

Lo tuvieron todo, poder político, poder administrativo, admiración de una ciudad que pedía cambios, pero terminaron avergonzando y maltratando la esencia misma del puerto con jactancia, indolencia y flojera. Hacer gestión es hacer que las cosas se hagan –no se usa la burocracia como excusa para no hacer“ ese “algo” que la ciudad necesita–, se innova, se buscan estrategias, se resuelve y se ejecuta. Se abusó del asambleísmo vano, despreciaron aportes y cooperación de otros sectores políticos, se hizo de la holgazanería su bienestar colectivo, se romantizó la pobreza, la precariedad, las condiciones miserables del transporte, y hoy inauguran con frenesí obras inocuas, precarias de impacto, “cositas”, y nos hablan de cerrar los ojos y esperar 4 años para ver los resultados. 

Finalmente, para quienes tenemos nuestro domicilio político en la centroizquierda, las opciones de cambio no son muy auspiciosas. Candidatos y candidatas hechos de eslóganes, sin propuestas, solo desplegando denuncias como si no conociéramos nuestro sufrimiento. Con Valparaíso están jugando sucio y nuevamente los ciudadanos y ciudadanas del puerto tendremos que elegir entre el mediocre continuismo de la izquierda presumida y floja que Sharp, Mundaca, el Frente Amplio y sus socios nos presentan, o una centroizquierda perdida sin saber qué hacer, qué decir y qué construir. El romance aquí ha muerto.

Adrián Acevedo B.

Vecino de Valparaíso, Playa Ancha.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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