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Mujeres jóvenes: sin trabajo, sin contrato, sin cuidados Opinión Crédito imagen: freepik, foto referencial

Mujeres jóvenes: sin trabajo, sin contrato, sin cuidados

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Isidora Vergara y M. Angeles Morandé
Por : Isidora Vergara y M. Angeles Morandé Investigadoras del Centro de Políticas Públicas UC
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La experiencia internacional muestra que las políticas más efectivas para impulsar la participación laboral femenina se enfocan en el fortalecimiento de los sistemas de cuidado y en el acceso universal a la educación temprana.


En los últimos datos de la encuesta de empleo del INE aparece una señal que debería encendernos las alertas: la presencia laboral de las mujeres jóvenes está retrocediendo. Este fenómeno se alinea con el deterioro más amplio que afecta al empleo femenino en el país, que alcanzó una tasa de desocupación de 10,1% a julio de este año.

En el grupo de las jóvenes entre 15 y 24 años se observa un deterioro en varias dimensiones: por un lado, aumenta el desempleo, que alcanza actualmente un 21,6%; por otro, disminuye la ocupación, lo que implica que menos mujeres jóvenes están logrando trabajar de forma remunerada; y, a diferencia de lo que ocurre con las mujeres de otras edades, aumenta la ocupación informal, lo que indica que muchas están accediendo a trabajos más precarios como vía de inserción laboral. 

Aunque la situación de las mujeres jóvenes es particularmente crítica, no se trata de un fenómeno aislado. Un estudio que realizamos en el Centro de Políticas Públicas UC constata que las brechas de participación laboral y calidad del empleo afectan especialmente a quienes son madres, donde se suman barreras estructurales que persisten con fuerza.

En hogares con niños menores de cinco años, la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres alcanza los 25 puntos porcentuales. Más de 1,1 millones de mujeres están fuera de la fuerza laboral por razones de cuidado, reflejo de una carga doméstica no compartida, problemas de acceso a sistemas de apoyo como salas cuna o redes de soporte. 

La mala combinación de variables en esta fórmula está condenando a muchas mujeres al desempleo. Las jornadas laborales rígidas y la escasa oferta de modalidades flexibles las excluyen de forma sistemática del empleo, especialmente a aquellas con responsabilidades de cuidado. Además, las opciones de teletrabajo han ido disminuyendo su alcance en el mercado formal, cerrando una ventana que durante la pandemia permitió conciliar, de alguna manera, trabajo y cuidados. 

La experiencia internacional muestra que las políticas más efectivas para impulsar la participación laboral femenina se enfocan en el fortalecimiento de los sistemas de cuidado y en el acceso universal a la educación temprana. En esta línea, es fundamental no solo promover la educación, la formación y el trabajo formal entre las jóvenes, sino también avanzar hacia una estrategia integral. Esto implica desplegar una red de cuidados robusta y corresponsable, revisar las normativas que desincentivan la contratación femenina y ampliar las opciones de empleo con mayor flexibilidad.

Solo así será posible abrir nuevas oportunidades para las mujeres jóvenes, y revertir el preocupante y persistente retroceso que hoy enfrentan en el mundo del trabajo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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