
Seguridad desde los cuidados: un desafío para Chile
El cuidado es un pilar fundamental para la seguridad: sin cuidados no hay paz y una seguridad sostenible debe medirse por el bienestar colectivo.
Ante el avance del crimen organizado y los delitos violentos, muchas propuestas electorales reducen las medidas de seguridad a la cárcel y la militarización cómo únicas vías para alcanzar la paz social. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que los países con mayor bienestar social son más seguros, mientras que la militarización no ha reducido las violencias; al contrario, han incrementado la inseguridad sobre todo para las personas más vulnerables, especialmente niñas y mujeres.
Una visión reduccionista de la seguridad ignora que la respuesta inmediata, debe complementarse con prevención, protección de las personas más débiles y fortalecimiento del tejido social. No basta con castigar: es necesario reparar a las víctimas y reconstruir la confianza en las instituciones. La paz social no se construye solamente con armas y castigos, sino con inversión social, participación ciudadana y cohesión comunitaria.
En esta línea, la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, celebrada del 12 al 15 de agosto de 2025 en Ciudad de México planteó una mirada desde los cuidados para asegurar los derechos de las mujeres, adolescentes y niñas en toda su diversidad de aquellas que viven en situaciones de conflicto. Inspirada en la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU, este compromiso subraya que para que exista la paz y seguridad, se requiere siempre prevención, protección, participación y reparación frente a las violencias.
El cuidado no es un asunto privado, sino político y de seguridad. Entendido así, la seguridad no se reduce a la presencia policial, sino a garantizar condiciones de vidas dignas – trabajo, salud, vivienda, educación- que previenen las violencias y el delito. En contextos de crimen organizado y conflictos territoriales, las redes comunitarias de cuidado, lideradas principalmente por mujeres, son la primera línea de defensa ante la ausencia estatal. El cuidado redefine la seguridad desde el sostenimiento de la vida y el bienestar colectivo: porque sostiene que la paz se gesta en los territorios y con comunidades cohesionadas en torno al cuidado mutuo. Sin cuidados ni políticas públicas pertinentes con participación de la ciudadanía, sólo se reproducen las violencias que sufren grupos específicos.
Una agenda de seguridad desde los cuidados parte de las necesidades territoriales y la participación ciudadana. No hay soluciones únicas: algunas comunidades requerirán iluminación, transporte seguro, retenes de carabineros, programas de prevención de drogas, y oportunidades laborales en zonas postergadas. Reorientar el gasto público hacia políticas preventivas y comunitarias, fortalecer el acceso a derechos y la protección de los defensores/as y dirigentes/as territoriales son pasos claves. La ampliación del Sistema Nacional de Cuidados, con recursos para el cuidado colectivo y la participación social, es también una inversión en seguridad y bienestar.
A días de la publicación del nuevo Plan de Acción Nacional (PAN) de Chile sobre Mujeres, Paz y Seguridad, esperamos que las políticas y las para cumplir con la Resolución 1325, también aborden los conflictos internos que enfrentan las mujeres. Es clave garantizar protección frente a las violencias -en especial a dirigentas y defensoras de derechos- y garantizar su participación en medidas preventivas y reparatorias ante la violencia con un enfoque de cuidados.
El cuidado es un pilar fundamental para la seguridad: sin cuidados no hay paz y una seguridad sostenible debe medirse por el bienestar colectivo. No habrá paz ni seguridad duraderas si no reconocemos y distribuimos los cuidados colectivos, como una responsabilidad social compartida, porque lo que afecta a las personas más vulnerables también compromete mi mi seguridad.
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