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La G 90 y la red de leales del futuro ministro del Interior

El “lote de poder” que rodea a Peñailillo, el favorito de Bachelet

por 14 febrero, 2014

El “lote de poder” que rodea a Peñailillo, el favorito de Bachelet
En los 90 fueron dirigentes de la CONFECh, se probaron en las campañas electorales y tomaron protagonismo en el gobierno de Lagos, donde estuvieron involucrados en el escándalo en Chiledeportes. Volvieron a la carga con Bachelet, pero otra vez tropezaron, esta vez con el error en el chequeo de los nombres que la mandataria elegiría para sus ministerios. Apadrinados por Sergio Bitar, Girardi es uno de los obstáculos que tienen en su camino.
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En el PPD dicen que se caracterizan “por no tener cuna”. Comentan que no son parte de ninguna élite y que “todos vienen de colegio con número, ninguno de familia consolidada políticamente”, por ello, aseguran que destacan por su meritocracia. Ese factor común ha pesado en que hoy sean uno de los lotes influyentes en el partido dirigido por Jaime Quintana. Eso, y que su líder –Rodrigo Peñailillo–, sea el favorito de Michelle Bachelet, quien lo designó futuro ministro del Interior.

Son conocidos como la G 90, en alusión a la década en que se constituyeron. En esa época todos militaban en la juventud del partido y hacían política desde las federaciones estudiantiles. En el gobierno de Ricardo Lagos coparon los gabinetes de los ministerios políticos y trabajaron codo a codo con ministros como Sergio Bitar, Francisco Vidal y Ricardo Lagos Weber, además de dominar la Presidencia, donde Peñailillo terminó de ganarse la confianza de la mandataria.

En el partido comentan que la G 90 se pensó como un proyecto a largo plazo, que Sergio Bitar apadrinó al grupo y que él se ha encargado de darles cierto perfil académico que les ha servido para influenciar en el quehacer político sin tener ningún cargo de representación popular. “No tienen diputados ni senadores, han trepado desde las asesorías”, señalan.

En un comienzo adscribieron al laguismo, por lo que en las últimas elecciones internas respaldaron la postulación a la presidencia del partido de la diputada María Antonieta Saa, pero ahora estarían transformándose en una tendencia propia. Un dirigente del PPD enumera: “Está el neolaguismo, con figuras como Felipe Harboe; la G 90, caracterizada por su meritocracia; y el sector de Girardi”.

Hoy en día Peñailillo sabe lo que pesa. La confianza que le otorgó Bachelet lo encumbró a las altas esferas del poder, y en la Nueva Mayoría entienden que su voz representa a la mandataria. En los partidos comentan que existe una soterrada molestia con el nuevo ministro, porque “ni siquiera nos contesta el teléfono”. Girardi es parte de los molestos.

Durante el año pasado ocuparon cargos claves junto a Peñailillo en el comando presidencial de Bachelet, y ellos fueron los responsables por los errores de chequeo que azotaron al gobierno electo, los que terminaron con la renuncia de la nominada subsecretaria de Educación, Claudia Peirano, y con la incertidumbre que rodea a la continuidad de otros, como Hugo Lara, en la Subsecretaría de Agricultura, y Miguel Moreno, en la de Bienes Nacionales, afectados por líos con la Justicia.

Bitar, el padrino

En 1997, Rodrigo Peñailillo era el vocero de la zona sur de la CONFECh, mientras presidía a los estudiantes de la Universidad del Bío Bío. El conflicto educacional ese año fue álgido, debido a la oposición estudiantil a la Ley Marco, con la que el gobierno de Eduardo Frei pretendía actualizar el sistema universitario. Fue la primera vez que Peñailillo se cuadró frente a sus jefes políticos.

En medio de las marchas más numerosas de esa década, el dirigente Peñailillo firmó un acuerdo con el Ministerio de Educación –encabezado entonces por el DC José Pablo Arellano–, para terminar con las movilizaciones. El hecho significó un quiebre dentro del movimiento, donde el comunista Rodrigo Roco, que presidía la FECh, desconoció el acuerdo y acusó traición por parte del militante PPD.

Peñailillo ya estaba validado entre los dirigentes de la Concertación y, junto a sus amigos de la época, comenzaron a ser vistos con buenos ojos por algunos, como Sergio Bitar y Francisco Vidal. Este último los sumó a la campaña presidencial de Ricardo Lagos, la que sería el trampolín con que la G 90 lograría ingresar al aparato público.

“Bitar armó la fundación del PPD, Fundación Por la Democracia, y dejó en la dirección ejecutiva a (Juan Eduardo) Faúndez, hoy subsecretario de servicios sociales; ahí están proyectando la formación. Están perfilándose académicamente, y están siendo muy selectivos. Mandan a estudiar a la gente”, comenta una fuente cercana al grupo, en alusión al padrinazgo ejercido por Sergio Bitar sobre el lote que rodea al futuro secretario de Interior.

A fines del 2013, la Fundación realizó su primera escuela de formación, a la que invitaron al ex vocero de la CONES, Moisés Paredes, quien aseguró a El Mostrador que declinó asistir. En la ocasión, Faundéz señaló: “Este tipo de actividades pretende involucrar a las nuevas generaciones en el debate de lo público y para eso es necesario que estos se capaciten y se formen continuamente, para lo cual esta escuela mezcla lo académico y el aprendizaje en base a la experiencia relatada por los invitados a los diversos paneles”, dando cuenta del perfil académico que la G 90 quiere imprimir a sus cuadros. El presidente de la Fundación, Sergio Bitar, asistió al lanzamiento, junto a otras cartas PPD, como el nuevo ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, y el presidente de la tienda, Jaime Quintana.

Juntos, como hermanos...

Cristian Riquelme, ex director de administración y finanzas de la Presidencia en el primer gobierno de Bachelet, fue compañero de colegio y universidad con Peñailillo. Desde siempre han sido amigos y hoy forma parte del círculo íntimo del nuevo ministro del Interior. En el PPD dicen que este tipo de relaciones son la tónica al interior de la G 90. “Son cerrados, trabajan con gente de su confianza y llevan a sus amigos a todas partes; no hay duda que ahora van a repartirse los cargos clave”, indica alguien que conoce la dinámica interna del grupo.

Desde que Ricardo Lagos asumió en La Moneda, en marzo del 2000, que el lote de Peñailillo comenzó a instalarse en distintos cargos del gobierno. El mismo ministro designado comenzó ese año en la siempre influyente Subsecretaría de Desarrollo Regional, hasta que el 2001 Lagos lo mandó de Gobernador a la Provincia de Arauco. Un año antes había ganado la presidencia de la Juventud PPD.

Uno de los íntimos de Peñailillo es el actual jefe de gabinete de Carolina Tohá en Santiago, Harold Correa. Abogado de la Universidad de Chile, participó en el gobierno de Lagos como jefe de gabinete de Sergio Bitar, en los tiempos en que este impulsó el Crédito con Aval del Estado. Correa, al igual que el resto del grupo, no viene de ninguna familia acomodada. De hecho, en sus tiempos de estudiante se alojaba en la Residencia Universitaria Cardenal Caro, la RUCC, donde conoció a otro miembro del grupo, Carlos Henríquez, quien a su vez presidió la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago el 2001, en representación del PPD. Henríquez formó parte del equipo que elaboró la propuesta educacional de Bachelet durante el 2013, y es una de las cartas del grupo para influir en la reforma que la mandataria pretende impulsar.

El grupo comenzó a crecer a fines del gobierno de Lagos, y ya en la primera campaña de Bachelet eran más numerosos e influyentes. De hecho, estuvieron en primera línea. Cuando Peñailillo comenzó a sentarse a la derecha de la Presidenta, Harold Correa asumió la jefatura de gabinete del entonces ministro vocero, Ricardo Lagos Weber. Pero eso no terminó bien.

Inesperadamente, un escándalo afectó al núcleo del grupo. Ese mismo 2006 otro nombre de la G 90, Orlando Morales, debió salir de la dirección regional de Chiledeportes después que se supiera de un mail donde se planeaba la entrega de recursos mediante asignación directa a diez diputados del PPD. Días después –en una entrevista a La Segunda–, su jefe de gabinete, Andrés Farías, señaló que Harold Correa también sabía de la operación, gatillando la renuncia del jefe de gabinete del entonces vocero de La Moneda. En ese minuto la crisis no escaló más allá, pese a que en la Alianza pidieron la salida de Peñailillo.

La amistad que une a Morales con Peñailillo y los otros sigue vigente, aunque el ex Chiledeportes no formó parte –de manera oficial–, del comando de Bachelet 2013.

El núcleo

Quienes hoy forman parte del círculo más estrecho en torno a Peñailillo estuvieron todos en el comando de la Presidenta electa. Encargado de las facturas estuvo Héctor Cucumides, quien en el anterior gobierno de la PS cumplió labores en la Dirección de Obras Portuarias, cuando Bitar estaba en el MOP. Su hermana, Carolina Cucumides, formó parte del equipo de programación del comando. Ella es de las más jóvenes. De hecho, cuando aún era estudiante de ingeniería –el 2009–, llevó adelante asesorías en la CONICYT por honorarios de $2.475.556, según consta en el portal de transparencia. En ese mismo tiempo, el jefe de administración y finanzas de la CONICYT era Ricardo Vásquez, también G 90.

Adolfo Galindo, otro miembro del grupo, estuvo a cargo del equipo de avanzada de la mandataria en su campaña por retornar a La Moneda. Al igual que el resto de cercanos a Peñailillo, es sindicado como uno de los responsables de los errores en el chequeo de datos de las autoridades del nuevo gobierno.

Ellos, aunque son parte, no son los más cercanos. Un dirigente del PPD comenta que “actualmente Peñailillo tiene dos personas a las que escucha siempre: Juan Eduardo Faúndez y Gabriel Sepúlveda”. El primero es sociólogo de la Universidad de Chile, sucedió a Peñailillo en la JPPD desde el 2003 hasta el 2006, cuando asumió la dirección del INJUV, donde enfrentó un sumario por desvío de recursos. El 2010, acompañó a Peñailillo a Madrid, donde cursó un máster en sociología de la población en la Universidad Complutense. En la campaña estuvo a cargo de la iniciativa Metro a Metro, junto a Andrés Díaz. Es el subsecretario de Servicio Sociales designado por la mandataria.

Gabriel Sepúlveda es administrador público de la Universidad de Chile y tiene un máster en desarrollo económico y políticas públicas en la Universidad Autónoma de Madrid. Fue jefe de gabinete de Faúndez en el INJUV entre 2006 y 2008, y luego asesoró a Bitar en el MOP.

Harold Correa también es de los cercanos. Fuentes internas comentan que durante la campaña asesoró de forma externa el trabajo del comando, al igual como Peñailillo lo hizo en la municipal con la postulación de Carolina Tohá en Santiago. Correa, luego que debiera abandonar el gabinete de la Segegob por el escándalo de Chiledeportes, se dedicó a los negocios, levantando la sociedad de asesorías jurídicas Harold’s & Johns Business & Law Limitada, junto al abogado Alex Matute Johns y al sobrino de Jaime Ravinet, Eugenio Ravinet.

Otros nombres han hecho carrera en el partido siguiendo los pasos de Peñailillo y compañía. Un miembro de la JPPD comenta que “claramente son un referente, la juventud los admira”. Y es que ellos la han dirigido hace 14 años. Tras Peñailillo y Faúndez, aterrizó en su presidencia Boris Peralta, dirigente universitario de la UTEM.

Lejos de Girardi

Nunca han comulgado con el senador por Santiago Poniente. Históricos aliados del laguismo, se han enfrentado en varias ocasiones con Guido Girardi, que maneja la máquina partidaria y es el principal contendor de los seguidores de Ricardo Lagos y Carolina Tohá. De hecho, fue Peñailillo quien al inicio de la pasada campaña presidencial llamó a Girardi para pedirle explicaciones por sus declaraciones donde aseguraba que sería “vocero territorial” del comando. El senador debió retractarse.

Hoy en día Peñailillo sabe lo que pesa. La confianza que le otorgó Bachelet lo encumbró a las altas esferas del poder, y en la Nueva Mayoría entienden que su voz representa a la Mandataria. En los partidos comentan que existe una soterrada molestia con el nuevo ministro, porque “ni siquiera nos contesta el teléfono”. Girardi es parte de los molestos.

Un cercano al G 90 reconoce que entendieron esa molestia cuando el senador aseguró a un vespertino que “mi incondicionalidad es con el programa, cuando no se siga el programa se acaba mi incondicionalidad”. En el grupo creen que “Girardi va a empezar a meter ruido”, y no sólo por su histórica distancia con Peñailillo, sino porque en la última ola de nombramientos solamente le dieron un cupo: la Intendencia de Talca, a cargo del abogado Hugo Veloso Castro.

Desde el entorno del grupo reconocen que una de sus falencias es el poco peso que tienen en la interna del PPD, la que, por el contrario, es la principal fortaleza de Guido Girardi.

Y aunque en su seno reconocen que acumular poder interno es una de sus metas a mediano plazo, hasta ahora se han centrado en instalarse en distintos puestos del Estado, lo que no cambiaría en esta pasada, con su líder instalado como jefe en el Ministerio del Interior. “Es seguro que todos van a trabajar como asesores, en primera línea. Van a ocupar su red”, comentan, con envidia, desde el partido.

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