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Alfredo Joignant sobre el libro que Thomas Piketty presenta hoy en Chile

“Es un libro poderoso que produce temores en quienes encarnaron el pensamiento económico dominante durante más de 35 años”

por 13 enero, 2015

“Es un libro poderoso que produce temores en quienes encarnaron el pensamiento económico dominante durante más de 35 años”
El texto está entre los imprescindibles de los últimos tiempos. El capital en el siglo XXI del economista francés Thomas Piketty analiza la concentración de riqueza y las desigualdades en países de Europa y en Estados Unidos, basándose en datos fiscales de un período de más de 100 años. El trabajo ha recibido tanto aplausos como críticas de pensadores de izquierda y de derecha. El sociólogo Alfredo Joignant entrega algunas claves para entender el libro, que “tiene que ver con la recepción de un objeto, la concentración del capital, y sobre sus consecuencias, que son los fenómenos de oligarquización y de desigualdad a gran escala”, dice. Esto se traduce, según el académico de la UDP, en una “crítica muy importante a la naturaleza actual del capitalismo”, aunque Piketty no busca “una ruptura con el capitalismo, que es lo que sí intenta hacer la izquierda radical”.
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Su libro El capital en el siglo XXI se publicó el 2013 y se convirtió rápidamente en bestseller. El trabajo de Thomas Piketty está calificado como una de las obras imprescindibles de los últimos años, elegido por el Financial Times como el libro del año, pese a que ese medio publicó las críticas más duras contra el libro. La investigación del economista francés analiza la concentración del capital y la desigualdad en los países recopilando datos fiscales en plazos de más de cien años. Piketty estará en Chile entre hoy y el jueves, invitado por Fondo de Cultura Económica, editorial que lo tradujo al español. Su agenda considera también seminarios en dos universidades (Diego Portales y Universidad de Chile), entre otras conferencias.

Alfredo Joignant leyó el libro hace un año. El sociólogo, máster en Ciencias Políticas y académico de la UDP, cuenta que “hace muchos años que no leía un libro que me produjera tal nivel de satisfacción intelectual”.

En esta entrevista desmenuza el trabajo de Piketty, sus tesis y argumentos principales. También responde a las críticas que se han levantado contra el libro del francés tanto desde la izquierda como de la derecha. “El libro proporciona una admirable demostración de algo que conocemos parcialmente, que intuimos a diario, para algunos que lo experimentan a cada rato, y que son los fenómenos de concentración de capital, de desigualdad, en este caso los ingresos”.

Piketty razona por deciles y milimes. La idea es lo siguiente: el 1 por ciento de los ingresos superiores tiende a concentrar cada vez más riqueza y capital a nivel de una economía global. Pero dentro de ese 1% el 0,1% –y a esto Piketty le dedica un par de capítulos en lo que él llama los súper salarios– concentra una parte cada vez mayor. Eso es un fenómeno de oligarquización de las sociedades. En las democracias contemporáneas es chocante y resulta difícil tragárselo políticamente.

-¿Desde qué posición escribe y realiza su trabajo Piketty?
-Él mismo lo dice en su libro. En una tradición intelectual gloriosa francesa, en la cual converge la historia social de los anales, la antropología estructural de Claude Lévi-Strauss y Mauricie Godelier y la sociología crítica de Pierre Bourdieu. Ese es el espacio intelectual en el cual se posicionó. Lo que él hace es algo así como historia económica del capital y para lograrlo requirió usar datos fiscales sobre un periodo de cien años y a veces sobre 200 años.

 -Esa postura de pensamiento crítico hacia la ciencia le ha valido una serie de cuestionamientos...
-Hay varias razones para eso. Lo primero tiene que ver con el estado del campo científico de la economía actualmente, que está cada vez más  fracturado por corrientes que lo que hacen es una economía matematizada, versus otros economistas en donde son más sensibles a la conceptualización, el análisis estadístico, la reflexión histórica. Por lo tanto, hay una tensión al interior del campo de los economistas que se observa desde hace cierto tiempo. Uno la puede rastrear en los premios Nobel de economía en los últimos 25 años. Lo segundo es que  hay algo curioso en que un economista francés y no norteamericano logre un bestseller de esta naturaleza. Piketty es un tipo que estudió en EE.UU. y ha publicado en ese país. Pero él terminó muy decepcionado de la profundidad intelectual de la economía tal como se practica en la corriente principal de ese país. Entonces vuelve a Francia, que es otro universo intelectual muy distinto, en donde desde siempre se han articulado corrientes críticas desde las distintas disciplinas de las ciencias sociales, entre ellas, la economía. Eso hace que Piketty se proponga escribir un libro sobre un objeto del que él ya había escrito mucho, con británicos, por ejemplo, sobre los fenómenos de concentración del capital, y se propone demostrar los mecanismos y los sistemas de justificación de la concentración del capital en todas sus facetas, pero fundamentalmente en el capital financiero. De ahí que venga la crítica.

-¿De dónde?
-La crítica viene de los sectores más ideológicos de la economía. Una ideología que tiende a ser disfrazada a través de la matematización. Lo que se reprocha finalmente es la calidad de los datos con los que trabaja. Esa fue la crítica del The Economist y varios economistas chilenos y algunos norteamericanos. Pero, ojo, Piketty también ha recibido elogios en el exterior sobre su trabajo y de varios premios Nobel. Esto es algo que tiene que ver con la recepción de un objeto, la concentración del capital, y sobre sus consecuencias, que son los fenómenos de oligarquización y de desigualdad a gran escala. Lo que finalmente se traduce en una crítica muy importante a la naturaleza actual del capitalismo. Para hacer eso no se necesita ser marxista, se necesita ser inteligente. Por eso este es un libro importante e inteligente, porque pone en evidencia algo que ya se viene estudiando desde hace bastante tiempo y en distintas disciplinas, que es el fenómeno generalizado de desigualdad en distintas esferas, en este caso en la esfera económica del capitalismo moderno. No estamos en presencia de un libro fundacional, lo que pasa es que es el libro más sistemático y profundo sobre el objeto.

 -A nivel nacional también ha sido criticado por especialistas y economistas vinculados al pensamiento neoliberal.
-Es cierto. Te diría más, puedo entenderlo, porque este es un libro poderoso que produce temores e inquietudes en quienes encarnaron en Chile el pensamiento económico dominante durante más de 35 años. Frente a eso, la derecha ha reaccionado invitando a historiadores británicos del mundo conservador para relativizar un poco este aterrizaje. Eso es lo que hizo la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) al traer a Niall Ferguson y hay otro que trajo el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES). Pero esas posturas en el mundo intelectual son dominadas, porque se produjo un importante vuelco tras las movilizaciones sociales del 2011, no solo político y social, sino que también intelectual, que se observa menos. Hubo una fuerte alteración de las coordenadas intelectuales. Hubo una apertura en la brecha hegemónica en el mundo de las ideas de Chile, donde es que finalmente las lógicas imperantes del modelo están en disputa. Me parece que hay un retroceso evidente del pensamiento neoliberal y, bueno...., c'est la vie (así es la vida).

-Pero también hay críticas desde la izquierda por la inaplicabilidad de las soluciones que da Piketty y porque éstas se enmarcan dentro del mismo sistema capitalista.
-Hay dos críticas. La primera es la inaplicabilidad de su propuesta. Lo fundamental de su propuesta es que es analítica, muestra lo que es. También están las soluciones del impuesto global al capital y la de los fenómenos de coordinación entre economías nacionales. Esta última Piketty la observa de manera más avanzada en el espacio europeo que en otros países. Efectivamente, desde la izquierda radical hay algo de inaplicable en eso, porque supone algo muy problemático, que es coordinar a países. Pero hay una segunda crítica que es interna a la propuesta de Piketty y que se desprende de la izquierda ultrona. Él no hace una ruptura con el capitalismo, que es lo que sí intenta hacer la izquierda radical o antiglobalizadora. Piketty no busca eso, sino que observa un fenómeno que es político y moralmente chocante, que es la concentración del capital y todas las consecuencias inigualitarias que eso implica, pero la solución no va por el lado de la ruptura con el capitalismo. Eso no es lo que propone Piketty y es lo que lamenta la izquierda más radical.

-Piketty ataca una tesis central del pensamiento económico neoclásico: que la distribución de la riqueza es un punto secundario del crecimiento de los países y que en las  "economías maduras" o desarrolladas la desigualdad se reduce naturalmente.
-Es un argumento muy importante que rebate Piketty, quien toma como chivo expiatorio a la famosa curva de Kuznets. Esta describe que por lógica interna del desarrollo económico se debería desembocar en una reducción de las desiguales, en este caso de los ingresos. Concretamente, la curva de Kuznets sostiene que las desigualdades de ingreso aumentan en las primeras fases de la industrialización para tender a disminuir, espontáneamente y de acuerdo con la lógica interna del desarrollo económico, en las fases posteriores. Si uno lo lleva a una reflexión comparada, significa que los países de ingreso medio mientras se van desarrollando van aumentando las desigualdades para que, en un momento posterior del desarrollo económico, disminuyan natural y espontáneamente. Eso lo desmiente Piketty y para hacerlo trabaja sobre datos fiscales históricos en el muy largo plazo. Concretamente, la relación capital-ingreso en el periodo 1870-2010, o sea, 130 años. Lo que demuestra es que, de acuerdo con un cierto número de fórmulas, por ejemplo, r>g –que significa que la tasa de rendimiento del capital es superior a la tasa de crecimiento de la economía–, esto es particularmente cierto en una sociedad donde el crecimiento de la población está estancado, que es el típico caso europeo. Eso en el largo plazo produce fenómenos de desigualdad gigantescos.

-¿Por qué?
Los individuos que hereden capital parten con una ventaja que es prácticamente irremontable respecto de los otros individuos que llegan sin capital a la vida en sociedad, que es la mayoría de la población. Entonces tienen que trabajar, mientras que los primeros requieren solo invertir en una tasa levemente superior a la economía para que en el largo plazo la concentración del capital sea gigantesca. Los niveles de desigualdad que Piketty demuestra en los países industrializados, incluyendo a EE.UU., son los mismos que en la Belle Époque, o sea, los mismos que hace cien años.

-Una de sus conclusiones es que el aumento de la desigualdad de los ingresos en EE.UU. durante las últimas décadas se mantiene igual sin importar el periodo sobre el que se trazan las ganancias. ¿Se puede decir que el 0,1% de la población tiene el control por sobre el resto?
-Piketty razona por deciles y milimes. La idea es lo siguiente: el 1 por ciento de los ingresos superiores tiende a concentrar cada vez más riqueza y capital a nivel de una economía global. Pero dentro de ese 1% el 0,1% –y a esto Piketty le dedica un par de capítulos en lo que él llama los súper salarios– concentra una parte cada vez mayor. Eso es un fenómeno de oligarquización de las sociedades. En las democracias contemporáneas es chocante y resulta difícil tragárselo políticamente.



-¿Es una oligarquización o una plutocracia?
-Llamémosla de la forma que queramos. El hecho es que siempre ha habido clases dominantes y siempre ha habido, de esas clases dominantes, fracciones hegemónicas del grupo dominante. En este caso es tal el nivel de concentración de la riqueza en el capital, que ya no es sólo una clase dominante, es un grupo oligárquico. Incluso ha sido llevado a Hollywood: desde Los juegos del hambre hasta Elysium, lo que se narra es ese tipo de fenómenos. Cuando la filmografía registra elementos de la realidad y los caricaturiza para llevarlos a un relato fílmico, es porque hay algo en la realidad que permite sostener un argumento que de otro modo sería muy inverosímil, y esto no es tan inverosímil.

-La desigualdad entre los grupos se explica por las lógicas propias con las que el capitalismo se ha desarrollado hasta ahora.
-Exactamente. Piketty muestra que el momento más igualitario de los países del norte fue aquel que vino inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y eso duró 30 años. Lo que produjo la Segunda Guerra Mundial, que es lo que produce cualquier catástrofe, es una destrucción masiva. Por lo tanto, la riqueza tendió a extinguirse. Eso nos volvió muy iguales en la precariedad. En total duró tres décadas, hasta que de nuevo se retoma el ritmo de concentración del capital para llegar a un punto, el de hoy, que tiene niveles muy parecidos de desigualdad a los que había 100 años atrás.

-Una de las medidas más controversiales que propuso Piketty es el impuesto global y progresivo a la riqueza. ¿Cómo funcionaría este impuesto?
-Ese es el gran problema. Piketty sostiene que producto de la Unión Europea hay crecientes tendencias a la coordinación de las economías nacionales, entre otras cosas, para controlar el fraude tributario. Ese es probablemente el espacio territorial en el mundo donde se da la posibilidad de instaurar un impuesto global y progresivo al capital. Pero eso es muy difícil, porque se necesitan voluntades políticas nacionales, se necesita coordinación de las economías nacionales a una escala desconocida hasta hoy. Es decir, hay un problema de implementación técnica de un impuesto de esta naturaleza. ¿Cómo se recauda? ¿Quién lo recauda? ¿Hacia dónde van los fondos? Hay una pregunta que no está respondida.

-El comentarista económico del Financial Times, Martin Wolf, sostiene que la debilidad más grande del libro es que, si bien demuestra que existe una desigualdad creciente, no explica por qué esta es un factor que debe importar. Dice Wolf que “Piketty simplemente asume que así debe ser. La desigualdad no puede ser eliminada. Es inevitable y en cierto grado incluso deseable”.
-Es interesante lo que sostiene Wolf, porque la discusión sobre cuánto y por qué nos debe importar la desigualdad es una que no se responde científicamente sino que normativamente. Es una discusión sobre formas de vida buena y de cómo vivir juntos en la diferencia. Sucede que en sociedades democráticas, pluralistas, la pregunta sobre la desigualdad es de sociedad, no de economistas y políticos. Es una pregunta que se deben hacer los pueblos. Se puede llegar a distintas respuestas, en una de esas desembocamos en respuestas en donde finalmente la desigualdad es necesaria para cultivar ciertos estilos de vida superiores que tienen un valor en sí mismos, porque finalmente la desigualdad en determinados niveles puede ser un motor para el crecimiento y la creación de riquezas. Pero no es una pregunta banal ni técnica. Es una pregunta de sociedad y, aún más, es una pregunta civilizacional. No todas las civilizaciones se han hecho la pregunta del mismo modo y las respuestas no son las mismas.

-Habría que realizar la recopilación estadística en Chile, pero de todas formas el trabajo de Piketty no se aleja de la realidad nacional, donde también se observa la concentración de capital y riqueza en un reducido número de la población...
-Lo que no sabemos en el caso chileno es la lógica genética del fenómeno. Tenemos algunas aproximaciones a través de algunas investigaciones periodísticas, como por ejemplo el libro de María Olivia Mönckeberg, sobre cómo se constituyeron violenta y políticamente los principales grupos económicos de hoy a través de la lógica del saqueo. Pero probablemente ese no es el único argumento que explique lógicas concentracionales del capital. Esto se enlaza con lógicas más largas que tienen que ver con el predominio de un puñado de grandes familias desde el inicio de la Colonia. Te das cuenta que la pregunta que reformula Piketty nos retrae a una lógica histórica de formación de la desigualdad en una determinada sociedad, en este caso Chile, y una desigualdad en todas sus facetas: política, cultural y del capital.

-Finalmente, ¿cuál dirías que es el aporte central que realiza Piketty con su libro a la discusión sobre desigualdad y concentración de capital?
-El principal aporte de este libro es que proporciona una admirable demostración de algo que conocemos parcialmente, que intuimos a diario, para algunos que lo experimentan a cada rato, y que son los fenómenos de concentración de capital, de desigualdad, en este caso, los ingresos. Algo que faltaría en el libro de Piketty son las consecuencias sociales de todo esto. Los fenómenos de segregación, de la creciente extinción de los espacios de contacto entre grupo diferentes, lo que nos podría retrotraer a unas reflexiones sobre el espacio común, y así sucesivamente. Es por eso que este es un libro muy importante.

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