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"Actividades previas" será el concepto para hablar de la precampaña

La Moneda recurre a la Nueva Mayoría para blindar a Bachelet por precampaña

por 29 mayo, 2015

La Moneda recurre a la Nueva Mayoría para blindar a Bachelet por precampaña
En privado se reconoce que todo este problema se habría evitado de raíz, si la precampaña se hubiera canalizado desde la estructura de los partidos que apoyaban inicialmente a Bachelet –entiéndase PS y PPD- y no se dejara esa responsabilidad en manos de un pequeño grupo “de amigos” incondicionales, sin mayores raíces, trayectoria y vínculos con los partidos.
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'Actividades previas'. Ese es el concepto con el que La Moneda aspira a sortear el zapato chino en que se ha transformado el innegable vínculo económico entre Rodrigo Peñailillo y su grupo de colaboradores más estrechos con el operador Giorgio Martelli durante el 2012, que dejan en entredicho la afirmación pública de la Presidenta Michelle Bachelet de que no hubo ninguna precampaña. Es aquí donde en Palacio esperan que los partidos de la Nueva Mayoría colaboren en la estrategia pública de poner el foco en los vacíos legales que permiten esas prácticas y que no responde a hechos aislados.

Ello coincide con lo que se señala tanto en el Gobierno como en la Nueva Mayoría, de que este nuevo comité político tiene como tarea inmediata generar un discurso común del oficialismo sobre la incómoda precampaña. Por ello, en la reunión del comité político del lunes 25 de mayo, explicaron asistentes a la cita, el ministro del Interior, Jorge Burgos, rayó la cancha con claridad: dijo que la Presidenta Bachelet había regresado a Chile en marzo del 2013, que ahí comunicó su decisión de ser candidata, que nadie había mandado a recaudar fondos antes de eso y que esa “era la realidad”.

Dicho eso, el debate del comité giró hacia la necesidad de empezar a sincerar las cosas y que desde los partidos se le otorgue cierto rasgo de normalidad a la precampaña, como práctica habitual de moros y cristianos. En La Moneda acotan que se pidió a los partidos poner el foco público en la ley, en sus falencias y vacíos para regular y determinar en qué consiste ese período previo en que se gestan, preparan e instalan las candidaturas antes de ser ungidas públicamente.

La razón de esta estrategia se debe a que efectivamente en La Moneda reconocen que todos quedaron “amarrados” con el hecho de que el 21 de abril Bachelet públicamente asegurara que “no hubo ninguna precampaña”, lo que estableció un complejo libreto que no resiste el goteo de información casi diario del vínculo de Martelli con el bacheletismo duro, ni tampoco da mucho margen de maniobra al nuevo comité político, que tiene la tesis –recalcan en Palacio– de que no se puede ocultar la realidad y que es inverosímil negar la precampaña como tal, más allá de con que palabra se defina esa etapa que hoy complica al Gobierno.

Ahí es donde entra el concepto de actividades previas, y se explica porque el ministro vocero, Marcelo Díaz, día a día ha ido corriendo la valla, pasando de frases como “lo que haya ocurrido antes de la fecha que la Presidenta regreso a Chile no le corresponde al Gobierno explicarlo”, a asumir que “efectivamente el trabajo de instalación de la candidatura surge antes de la inscripción formal de ésta, esto lo saben los ciudadanos, se produce un esfuerzo de un grupo de partidos para instalar la candidatura”, para terminar el miércoles reconociendo que “Rodrigo Peñailillo fue, entre otros, uno de los articuladores del proceso que tenía como propósito convencer a la Presidenta Bachelet que asumiera una candidatura (…) jugó roles de articulación, como lo jugamos cada uno de nosotros en el período previo, al inicio, a los trabajos preparatorios de la campaña presidencial del 2013”.

Esto no es una salida de libreto del vocero, al contrario –sentencian fuentes de La Moneda–, responde a una definición de los tres ministros políticos de Palacio que han trabajado coordinadamente con Bachelet el tema.

La distancia

Pero más allá del salvavidas que desde Palacio se pidió a la Nueva Mayoría, los partidos han hecho ver ante La Moneda su molestia y crítica por considerar que el cuestionado financiamiento de la precampaña es culpa, en gran medida –independientemente de la responsabilidad de Peñailillo– de la conocida distancia y desconfianza que ha tenido la Presidenta Bachelet históricamente con los partidos que sustentan sus mandatos, dejándolos al margen de su círculo de toma de decisiones.

Nadie hará la crítica en forma descarnada públicamente, se entiende que no es el momento para que surjan divisiones en el oficialismo, pero la molestia existe, es real, incomoda a muchos la situación, porque lo que se dice es que ese pequeño círculo de confianza de Bachelet que operó “son gente que despreció a los partidos, los trató mal y ahora hay que dar explicaciones públicas por ellos”.

En La Moneda reconocen que esa reflexión ha existido, que ha sido planteada por varias voces de la Nueva Mayoría, donde consideran que todo este problema se habría evitado de raíz, si la precampaña se hubiera canalizado desde la estructura de los partidos que apoyaban inicialmente a Bachelet –entiéndase PS y PPD– y no se dejara esa responsabilidad en manos de un pequeño grupo “de amigos”, sin mayores raíces, trayectoria y vínculos con los partidos.

“Hubo un diseño desde el primer momento de alejar a los partidos, eso se replicó luego en la estructura de la campaña oficial y luego en todo el primer año de Gobierno”, afirmó un timonel.

Nadie hará la crítica en forma descarnada públicamente, se entiende que no es el momento para que surjan divisiones en el oficialismo, pero la molestia existe, es real, incomoda a muchos la situación, porque lo que se dice es que ese pequeño círculo de confianza de Bachelet que operó “son gente que despreció a los partidos, los trató mal y ahora hay que dar explicaciones públicas por ellos”.

Más aún, no hay una sola mirada sobre cuál es la mejor forma para enfrentar la situación, salvo el punto en que todos coinciden, que es separar a la Presidenta Bachelet del conflicto, para protegerla. Pero se critica que el no haber transparentado todo desde un inicio va a terminar consumiendo el año completo, ya que a pesar del despliegue y esfuerzo del 21 de mayo, La Moneda no logra instalar su agenda propia y sigue marcada casi a diario por la situación de Peñailillo, Martelli, la G90 y las platas que circularon el 2012 entre todos estos actores.

Hay nerviosismo y preocupación en las filas del oficialismo, precisamente porque “no se sabe hasta dónde va a llegar esto” y como los principales involucrados –las figuras que fueron clave en la precampaña y el comando– han apostado por tratar de tapar todo, en algún momento eso no resistirá más con la información que sigue saliendo y el dique se va a romper.



Hacer las paces

Un viejo refrán dice que es bueno tener a tus amigos cerca y a tus enemigos más aún. Si bien no cae en la categoría de enemigo, en La Moneda y en el oficialismo no son pocos los que consideran un riesgo el quiebre que se produjo con Peñailillo y especialmente la sabida molestia que hay en su entorno más cercano, que salió del Gobierno junto a él.

Especialmente porque, a pesar de toda la información que ha circulado desde el cambio de gabinete y que ha consolidado la figura de la precampaña ante los ojos de la opinión pública, dicen que el ex ministro y su gente aún están convencidos de que hubo una conspiración para perjudicarlos, que hubo deslealtad con ellos, que solo se busca enlodar la imagen del otrora hombre de confianza de la Presidenta.

Ayer el vespertino La Segunda tituló en rojo que Peñailillo no estaba dispuesto a ser el “chivo expiatorio”, lo que confirmaba en off uno de sus asesores más cercanos, y se agregaba que estaba sondeando asesoría jurídica con abogados como Gabriel Zaliasnik –afín a la UDI– y que todo lo que se ha publicado hasta ahora, más que perjudicarlo legalmente tenía la intención de neutralizar su capital político.

En La Moneda ayer planteaban que era necesario “hacer las paces” con Peñailillo, porque es muy peligrosa la ruta de seguir “golpeándolo”, ya que “su caída es muy riesgosa”, porque de una u otra forma va a impactar negativamente a la Presidenta, confesaban en privado.

Con la misma premisa, sectores de la Nueva Mayoría también plantearon al Gobierno que no comparten el linchamiento público a Peñailillo, precisamente por considerarlo un camino peligroso para la propia administración bacheletista. En todo caso, otros en la coalición consideran que es indispensable sincerar las cosas “y que la G90 asuma públicamente” sus errores, que los hubo y que han provocado toda esta crisis.

Pero, hasta ahora, los puentes entre el ex ministro y La Moneda siguen cortados.

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