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Ex militante PC arma referente

Fundación Emerge: la plataforma política con que Cristián Cuevas irrumpe en el movimiento social

por 14 octubre, 2015

Fundación Emerge: la plataforma política con que Cristián Cuevas irrumpe en el movimiento social
Se instaló definitivamente en Chile hace dos semanas, pero el dirigente sindical lleva meses trabajando en un lugar que pueda contener su experiencia de décadas y, además, sea capaz de asumir las banderas con las que se ha levantado el movimiento social. La idea no es solo crear un centro de pensamiento de izquierda sino que, unido a colaboradoras, compañeros y la firma de un convenio con Fundación Crea –ligado al movimiento estudiantil–, también generar un instrumento que pueda llegar a ser un movimiento o un partido político.
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El pasado 4 de octubre dejó Madrid definitivamente y volvió a Chile, a instalarse en la casa que tiene hace años en la Villa Los Morenos de Los Andes. Después de vivir un año y cuatro meses en España como agregado laboral en ese país, ahora trabaja de cabeza en el proyecto que en los últimos meses ha construido –junto a otros colaboradores–: Emerge, una fundación que tiene como objetivo dedicarse no solo a parir estudios. Es su forma de reposar sus años de sindicalista, su experiencia en España y las razones que lo mantuvieron en el PC por décadas y las que lo alejaron de esa tienda.

El 4 de septiembre, por medio de una carta, renunció al partido en el que militó durante 17 años y después el desenlace parecía obvio: dejó su cargo en España y volvió a la actividad sindical en Chile.

-Cuando te nombraron encargado laboral, ¿eso lo sentiste como un premio, un reconocimiento a tu trayectoria o que tú eras una piedra en el zapato que era necesario alejar?
-Yo venía con un proceso de varias batallas duras, como fue el proceso eleccionario de la CUT del año 2012, y también como actor relevante desde el mundo de los trabajadores. Obviamente eso siempre ha generado una tensión. Y llegó un momento en que surgieron dificultades... Pero mi salida hacia España fue en acuerdo. No fue una imposición, pero yo lo vi necesario, para oxigenarme, tener un tiempo de reflexión, de pensar. Y yo la verdad vivía en una tensión permanente en la formas y en la prácticas de hacer política y en eso, obviamente, al parecer para algunos, era mejor salir de la escena. Yo también acepté la salida de esa escena.

-Y ese tiempo de reflexión fue tan profundo que te llevó a dejar el PC...
-Mi salida del partido no es una cosa del minuto o por una cuestión de ahora. Es un proceso de una larga reflexión. Yo tengo un alto aprecio por el Partido Comunista y sus militantes, pero también entendía que yo no encajaba, no era parte de ese andamiaje y tampoco decidía absolutamente nada dentro del partido. Entonces ahí había que tomar una decisión. Esa decisión pudo haber sido el 2012 o el año pasado, pero tomé esa decisión en el marco de un contexto y una situación de que yo no me sentía ya parte de esta gran familia.

-¿Es entonces cuando piensas en construir un nuevo referente?
-Cuando tomo la decisión de irme (a España), una amiga y compañera muy querida, también amiga de Gladys Marín, Martita Fritz, me dijo algo que escuché muy bien. Me recomendó que no dejara abandonado el trabajo sindical porque cuando uno se va nada de ese trabajo queda, desaparece. En ese marco y a partir esa conversación, resultó esa voluntad de buscar un espacio que tuviera un nexo conmigo. Y empecé a trabajar en esta fundación estando en España.

-¿Lo pensaste como una salida?
-Como una experiencia a construir... Era decir dónde fijaba el domicilio de estos 30 años de trabajo. Ingresé a militar al PS el año 84, cuando era estudiante secundario del A 49 en Coronel. Mi familia era allendista y socialista, de toda la vida, estaba esa vivencia desde niño chico, la resistencia a la dictadura... y yo me preguntaba dónde dejamos todo esto y como construir un espacio desde el pensamiento crítico. Hay espacios de centros de estudios de la izquierda, pero son de la academia, familias ilustradas. Todos tienen sus propios centros de estudio, tanto del progresismo, la izquierda, la derecha, pero no hay nada que sea un fiel reflejo de nuestro trabajo. Por eso el trabajo de la Fundación Emerge, de la cual soy formalmente su presidente desde la semana pasada. Con esas conversaciones y esas complicidades llamé a un staff de compañeros y compañeras porque era necesario crear una propia institución que contribuyera al pensamiento crítico y al fortalecimiento del movimiento popular y social. Hay un vacío de la izquierda en la construcción de pensamiento crítico. Y este puede no ser el único, pero será un aporte.

-¿La idea es estar tras documentos y en la calle?
-Nuestra finalidad no es suplantar el movimiento social, sino que cómo contribuimos para darle insumos a partir de su propia experiencia. Por eso es que los actores que están en Emerge, que no tiene financiamiento y es autogestionado, estamos presentando un proyecto político. Esto no es solo una forma de pensar la política sino también un camino para contribuir a apuntar al poder transformador de la izquierda. No nos queremos quedar en una fundación petrificada sino más bien ser parte del espacio de construcción del movimiento y, sobre todo, de hacernos de un proyecto político transformador.

Lamentablemente hoy estamos en un minuto histórico de lo que fue la ruptura y la efervescencia del movimiento social a partir de las luchas de los estudiantes o los contratistas del cobre, salmoneras, agroindustria... Sin duda que esa energía hace posible que hoy este tipo de temas esté en la agenda nacional. Sin embargo, hay una dificultad que tiene que ver con esa debilidad del movimiento popular de poder avanzar con mayor fuerza en favor de las transformaciones.

-¿El objetivo final es convertirse en un partido político de los trabajadores?
-Firmamos un convenio con la Fundación Crea (fundada por ex miembros de la UNE, entre otros), donde está la Carla Amtmann, que nace desde el movimiento estudiantil y la finalidad es seguir contribuyendo en este camino. Yo tengo la convicción de que es necesario construir un instrumento político. Y ese instrumento tiene que emanar de un proceso de articulación y constituyente de esas ideas nuevas, que se desprenda de las mochilas históricas. La idea es que se pueda recoger lo bueno y las nuevas lecturas para una izquierda de este tiempo. Y en eso sin duda tenemos que hacer un camino. La idea es que este instrumento deba nacer de la identidad, en el territorio, desde el movimiento sindical, poblacional, de los pueblos originarios... Es decir, ese vacío que no lo llena uno solo, la idea es generar un espacio que ilusione, convoque y veremos. Tampoco esto es pensando en un liderazgo. Por eso nos interesa tener un diálogo, con la Fel, con RD, con los Autónomos. La idea es tener un fuerte vínculo con actores sociales.



-¿Por ejemplo, qué tendría que decir Emerge sobre la Reforma Laboral y el peso de Hacienda en ella?
-Lamentablemente, hoy estamos en un minuto histórico de lo que fue la ruptura y la efervescencia del movimiento social a partir de las luchas de los estudiantes o los contratistas del cobre, salmoneras, agroindustria... Sin duda que esa energía hace posible que hoy este tipo de temas esté en la agenda nacional. Sin embargo, hay una dificultad que tiene que ver con esa debilidad del movimiento popular de poder avanzar con mayor fuerza en favor de las transformaciones. Estos cambios, esta reformas, siempre son necesarias porque van deconstruyendo los cimientos del neoliberalismo. Pero esta se ha visto secuestrada por los actores del neoliberalismo y en los poderes fácticos. Y eso es porque no tenemos instrumentos políticos que den conducción a eso. O los instrumentos se asimilan al modelo.

-¿Y están pensando en un instrumento que tenga fines electorales?
-Tampoco estamos pensando en un instrumento con fines electorales. No andamos con esa ansiedad. O sea, queremos construir un instrumento serio. Un instrumento político puede ser un movimiento o un partido político... La idea es un proyecto de largo alcance y legitimado por los actores sociales. Porque yo podría ir mañana al registro y pedir las fichas y llenarlas. Sentarme días a llenar fichas. Pero eso sería reproducir lo que no queremos en la política. La idea es que los convocados sean parte de esas decisiones.

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