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Opinión

La discusión sobre Fondecyt: la actualidad de lo viejo

por 14 abril, 2016

La discusión sobre Fondecyt: la actualidad de lo viejo
Lo concreto es que (y esta es mi opinión) considerar a la ciencia neutral en lo político es absurdo. El problema en juego es si, en el nombre de una presunta neutralidad del proceso, se movilizan agendas políticas o influencias hegemónicas que se esconden en esa neutralidad.
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Catorce columnas y una declaración de Conicyt han aparecido respecto al informe “¿Tienen los concursos de Fondecyt un trasfondo político?”, publicado el 9 de marzo de este año.

El estado de la discusión ha abierto una arena paralela a la investigación sobre la politización de los resultados de Fondecyt regular. El carácter y tono de la discusión revelan la forma en que una comunidad científica se enfrenta a una discusión sobre sí misma.

En esta columna no abordaré los aspectos de fondo de la cuestión (Fondecyt y la investigación que estamos realizando), sino que me concentraré en el debate mismo como objeto de reflexión sistemática.

Durante muchos años tuve ocasión de hacer clases de epistemología y filosofía de la ciencia en la Universidad de Chile y la presente discusión tiene muchos aspectos de gran utilidad para quien quiera dar cuenta concreta de los conceptos que suelen ser convocados en el estudio filosófico sobre la ciencia misma.

He preparado un esquema para resumir la larga discusión del modo más conciso posible (la mera reunión de las columnas suma unas 70 páginas).

Hemos dividido las dimensiones que abordan los opinantes en siete. No derivan de una categorización teórica, sino de los hallazgos al leer los comentarios, por tanto, son categorías ad hoc. El listado es el siguiente:

  • Método de análisis de datos: refiere a las acciones ejecutadas con los datos ya recolectadas.
  • Método de categorías: como el informe tiene construidas unas categorías a partir del clivaje histórico del conflicto educativo chileno, algunos comentaristas han abordado el punto.
  • Método de recolección: hay referencias a la (im)pertinencia del uso de determinados datos para el análisis, es decir, al tipo de datos que se recolecta como relevante.
  • Objeto de estudio: hay referencias a la pertinencia de estudiar la temática en sí (la politización del concurso Fondecyt).
  • Argumentos ad hominem: hay referencias a los emisores de la investigación como mecanismo de invalidación del resultado.
  • Interpretación teórica: hay referencias a la cuestión teórica (epistemológica o sociológica) de la relación entre ciencia y política.
  • Institucionalidad: hay referencias a la cuestión de la actual institucionalidad o al deber ser de una futura institucionalidad.

Son estas, en general, las dimensiones más frecuentes en el análisis. La siguiente tabla resume la discusión por cada uno de los autores de comentarios.

Tabla 1: Dimensiones abordadas por la discusión sobre informe sobre Fondecyt de Mayol y Araya

Simbología

Se usará el signo - (menos) para referir a una argumentación en contra de la práctica ejecutada por el informe de Mayol y Araya en la dimensión en revisión.

Se usará el signo + (más) para referir a una argumentación a favor de la práctica ejecutada por el informe de Mayol y Araya en la dimensión en revisión.

Se usará una D para referir a comentarios donde se elabora la problemática de la dimensión con mayor profundidad al pronunciamiento de acuerdo o desacuerdo con el informe. A veces la letra D va acompañada por un + (más) o un – (menos) si la elaboración marca tendencia respecto a apoyar o criticar esa dimensión del informe.

Dimensión

Comentarista

Método de análisis de datos Método de categorías Método de recolección Objeto de estudio Ad hominem Interpretación teórica Institucionalidad
Maillet 1 - - +- - -
Maillet 2 - +- - - - +- +
Casals, Placencia, Delgado 1 - - - -
Martín Pérez Comisso - D
Casals, Placencia, Delgado 2 -
Haroldo Dilla - - - - - -
César Guzmán -D + D
Casals, Placencia y Delagdo 2 - -
Ignacio Nazif +- +- + D D
Ximena Valdés + + D +
Gonzalo García D D
Raúl Rodríguez Freire D- - + D D+
Pablo Razetto D +D -D +D
Marcelo Rioseco, Víctor San Martín + +D +D
Gustavo Andrés Sánchez +D D D D
Consejo superior de ciencias y Consejo Superior de Desarrollo Tecnológico -D D D

La discusión, hasta ahora, se puede resumir del modo que sigue entonces.

Tabla 2: Síntesis de posiciones a favor, en contra o desarrollo, según dimensión observada en las columnas sobre el Informe de Araya y Mayol

En favor del proceder del informe En contra del proceder del informe Desarrollo y elaboración de la problemática
Método de análisis de datos 2 7 3
Método de categorías 2 2
Método de recolección 0 6 1
Objeto de estudio 8 4 4
Críticas ad hominem 0 5 1
Interpretación teórica 1 2 6
Institucionalidad 5 3 7

Las críticas más frecuentes son, en primer lugar, al método de análisis de datos (el uso simple de frecuencias es lo más habitual en esas críticas); en segundo lugar, al método de recolección (el enfocarse en instituciones y no en personas es el punto siempre en este caso); y en tercer lugar, las críticas ad hominem (la crítica a uno de los investigadores es lo más habitual, para argumentar que el investigador no es investigador).

Los apoyos más intensos se concentran, en primer lugar, en el objeto de estudio (la pertinencia de vincular ciencia y política) y en la institucionalidad (la necesidad de replantarse la institucionalidad que se derivaría del informe). Finalmente, el desarrollo de problematizaciones se concentra en la institucionalidad, luego en la dimensión teórica y finalmente en el objeto de estudio.

Aparte de algunas anormalidades del debate (por ejemplo, que las críticas ad hominem superen en frecuencia a 5 de las 7 dimensiones de análisis no es normal y revela hasta qué punto algunos investigadores no se han enterado de que el argumento ad hominem sigue siendo una falacia desde Aristóteles, pasando por Locke, a la fecha), no es menos cierto que el debate ha abierto un flanco revisionista en la escena científica. Destacaré tres elementos llamativos del debate.

 Y es que esos investigadores obsesionados con las indexaciones, los diplomas doctorales, los índices de impacto y las citas a los últimos artículos de las principales revistas, podrían pasar la vergüenza de descubrir, un día cualquiera, que sus criterios de ciencia y método se mueven entre el empiriocriticismo del año 1880 y el Círculo de Viena de la década de 1930. La invitación está abierta: con un poco de esfuerzo llegaremos a los sesenta. Es cierto que son cincuenta años tarde, pero al menos no son cien. Digo, por si acaso les interesan tanto los estándares ‘actuales’.

  1. La problematización de la filosofía de la ciencia que fundamenta el sistema de fondos de investigación: recordemos que los fundamentos originales del formato de postulación Fondecyt provienen de Mario Bunge, epistemólogo y filósofo cuyos interesantes aportes han sido sistemáticamente reducidos a su teoría causal. Los textos que se solían usar para formar investigadores (que a su vez instauraron el esquema Fondecyt) provienen del período inicial de Bunge en los años 1960 y 1961. No obstante, si se quisiera usar a Bunge con rigor, con su clásica distinción entre ciencia y pseudociencia, prácticamente habría que cerrar varios de los Grupos de Estudio de Fondecyt y, por cierto, excluir disciplinas completas o al menos fragmentos relevantes de ellas (entre otras, Bunge denuesta escuelas como la economía neoclásica, la teoría de juegos, la cosmología, la filosofía, el psicoanálisis y muchas otras más). Lo cierto es que varias de las columnas aluden a un cuestionamiento sobre los fundamentos del sistema de fondos y la lógica que imprime el método de concurso.
  2. La emergencia en Chile del debate Popper/Kuhn: Popper argumentaba que solo se podía discutir la ciencia en el marco de sus enunciados, Kuhn señalaba que era legítimo y necesario historizar y sociologizar los enunciados como resultado de una producción social concreta. Popper llamó a este debate la cuestión del contexto de justificación (enunciados) y el contexto de descubrimiento (elementos externos al enunciado). Este debate en Chile se hace en las salas de clase, como historia de las ideas, pero no es parte de la discusión habitual. Curiosamente se ha abierto el debate justo cuando aparece un informe reflexivo, es decir, cuando la ciencia mira su propia práctica. Y en ese marco, varios argumentos prefieren retroceder 70 o más años en la argumentación (mientras promueven publicar papers con la última cita del último artículo en su materia).
  3. La emergencia del debate ciencia y política: La verdad es que, como han dicho algunos comentaristas del informe, este debate debiera ser considerado tan natural y obvio que no debería suponer sorpresa alguna. Al respecto es lamentable la respuesta del Consejo Superior de Conicyt, que cree ver en los datos la sugerencia de una gran conspiración que redundaría en una merma ética de quienes trabajan en la institución. Lo que no entiende dicho Consejo es que hay varias explicaciones posibles que no requieren la falta ética de instancias de evaluación para generar los resultados vistos. Pero, más llamativo que eso, es la regresión del argumento empírico al argumento moral, esto es, confundir un análisis de datos con una denuncia sobre la ética de las personas que habitan una institucionalidad. Habrá que hacer al Consejo Superior la distinción aristotélica entre el honor privado y la acción pública del ciudadano. Y en las instituciones nos debe bastar con lo segundo. Lo concreto es que (y esta es mi opinión) considerar a la ciencia neutral en lo político es absurdo. El problema en juego es si, en el nombre de una presunta neutralidad del proceso, se movilizan agendas políticas o influencias hegemónicas que se esconden en esa neutralidad.

Un detalle muy interesante es que una de las críticas más frecuente (que ya contesté en la anterior columna, pero sigue apareciendo) es la que señala que es absurdo trabajar con datos de instituciones cuando el concurso de Fondecyt se realiza con personas como postulantes. Me permito aquí un comentario poco protocolar: ¿cree alguno de los comentaristas que quienes hicimos el informe no sabíamos que los concursos de Fondecyt regular se postulan como personas? Vaya cosa, postulamos todos los años a esos fondos, cómo podríamos no saberlo.

Argumentar sorpresa por la posibilidad de modificar el nivel de análisis es como decir que el estudio de partículas subatómicas no tiene validez por el solo hecho de que es algo que no vemos con nuestros ojos.

Volvamos a lo nuestro. Las críticas a la producción de datos o al análisis de los mismos son usuales. En pleno auge de la obra de Thomas Piketty El capitalismo en el siglo XXI, Financial Times declaró que los datos estaban mal trascritos, que a veces eran sacados de la nada y que (más grave) las tendencias señaladas por el francés no eran efectivas.

El análisis del medio de comunicación no tuvo más interés que denostar el alto impacto de la obra del francés. Pero también Murphy y Magness han hecho una crítica radical al trabajo de recolección de datos del economista, si bien concentrándose en algunos de los casos.

Una situación parecida vivió Pierre Bourdieu con su obra La Distinción (1979), cuando resume el espacio social gracias a un análisis de correspondencias a partir de encuestas sobre el gusto, logrando presuntamente la consolidación del concepto ‘habitus’ como un logro teórico y empírico a la vez. Las críticas fueron intensas. Bourdieu fue retrocediendo en el tiempo y dejó de usar la versión estadística original de su representación del espacio social, para usar una síntesis más sencilla a partir de solo dos de los capitales (cultural y económico).

Aun cuando Bourdieu pasó de decir que el análisis de correspondencias tenía la forma misma del espacio social a señalar que era una herramienta útil pero prescindible, su obra se convirtió en un clásico para las generaciones actuales.

Lo cierto es que las críticas a aseveraciones son parte de la ciencia. Ocurrió con la crítica soviética a la Teoría Genética como invento burgués, con la crítica a la Teoría de la Evolución (revitalizada con el Creacionismo), ocurrió con la Teoría del Big Bang en la cosmología (de hecho, ‘big bang’ fue un intento lingüístico de ridiculizar la teoría que, desgraciadamente para el crítico, se transformó en el nombre popular de la misma).

Por supuesto, no nos engañemos, muchas veces se ha dicho que X investigación que estuvo de moda es una mierda y muchas veces lo es efectivamente. No vamos a pensar que, dado que muchas afirmaciones relevantes de la ciencia fueron denostadas por no científicas, entonces cualquier afirmación denostada es verdadera. Para nada. Pero sí debemos considerar que la presencia de un sistemático esfuerzo por señalar el carácter no científico de un informe no implica que dicho informe no sea científico. Como dice uno de los comentaristas: si el argumento expresado en el informe no es científico, ¿por qué les interesa tanto responder a los que se sienten científicos?

Como se puede apreciar, sin haber entrado en detalle, la discusión planteada otorga muchas posibilidades de reflexión. En esta columna he intentado destacar el estado de la discusión. Nuestra investigación se ha abierto en dos y es eso lo que pretendo enfatizar: la posible influencia política en la asignación de fondos científicos (de lo que ya entregamos un avance) y la conducta de los mismos investigadores cuando la ciencia vuelve sobre sí misma para ejecutar un acto de reflexividad (de lo que esta columna es el primer esfuerzo).

Sin duda esto último dará para, un buen día, escribir algún ensayo muy poco pop sobre el día en que Kuhn y Lakatos aterrizaron en Chile (pero todavía ni siquiera Feyerabend o Latour), aterrizaje que aun cuando se produce varios años después de muertos, debe ser festejado.

Y es que esos investigadores obsesionados con las indexaciones, los diplomas doctorales, los índices de impacto y las citas a los últimos artículos de las principales revistas, podrían pasar la vergüenza de descubrir, un día cualquiera, que sus criterios de ciencia y método se mueven entre el empiriocriticismo del año 1880 y el Círculo de Viena de la década de 1930. La invitación está abierta: con un poco de esfuerzo llegaremos a los sesenta. Es cierto que son cincuenta años tarde, pero al menos no son cien. Digo, por si acaso les interesan tanto los estándares ‘actuales’.

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