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Colegios de la cota mil forman "gerentes" y promueven competencias al estilo "selección natural"

por 20 octubre, 2016

Colegios de la cota mil forman
Un estudio del sociólogo de la Universidad Católica Sebastián Madrid apunta a que los estudiantes viven en una especie de "burbuja" distanciados del resto de la sociedad.
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De vez en cuando, aparecen estudios de la academia que corroboran algo que ya era dado por "cierto" por los ciudadanos o se manejaba en el ámbito del sentido común ilustrado. Y la investigación encabezada por el sociólogo de la Universidad Católica Sebastián Madrid, que fue incluida en el libro "Mercado Escolar y Oportunidad Educacional", no es la excepción.

El investigador escarbó en las prácticas que ocurren al interior de los colegios particulares pagados. Para tales fines, entrevistó a ex alumnos de 18 colegios de élite ubicados en cuatro comunas del sector oriente de Santiago, consigna Emol.

Establecimientos que, de acuerdo a su taxonomía, se agrupan en: los fundados por congregaciones católicas tradicionales, como por ejemplo: Jesuitas, Padres Franceses y Holy Cross; los influidos por los nuevos movimientos católicos (Legionarios de Cristo, Opus Dei y Schoenstatt); y los fundados por inmigrantes, como por ejemplo anglosajones.

El estudio arrojó que entre las prácticas más habituales están: que seleccionan "deliberadamente" a "iguales" y establecen con ello "redes de contacto activas basadas en amistad y parentesco", lo que a juicio del sociólogo es una "endogamia particular".

Una estrategia usada por estos colegios es filtrar a través de los altos aranceles que cobran (USD $20 mil por alumno al año). La cifra, que incluye matrícula, cuota de incorporación y mensualidad, supera el ingreso per cápita de Chile.

En estos colegios se enseña además a desarrollar capacidades "empresariales-emprendedoras" y a "desenvolverse de manera efectiva en una economía de mercado". Es decir, a que adquieran habilidades "gerenciales".

En ese sentido, promueven un mayor énfasis a las matemáticas y la ciencia, en desmedro de las artes y humanidades. Producto de lo anterior, la mayoría de sus egresados opten por carreras que facilitan acceder al mundo de los negocios, como ingeniería comercial, civil y derecho.

De igual modo, promueven la competencia en desmedro de la colaboración, a través de diferentes prácticas. Una bastante explícita es la "clase pública". Esta consiste en ordenar a los alumnos en una fila del mayor al menor promedio y hacerles preguntas. Si el primero no contesta, sigue el segundo, y el alumno que sí conteste pasa al primer puesto. Esto se hace frente a los padres.

"Esta competencia es organizada deliberadamente como una selección natural, casi darwinista, que desvirtúa toda posibilidad de colaboración entre los estudiantes", señala el texto.

Asimismo, el estudio apunta a que los estudiantes viven en una especie de "burbuja" distanciados del resto de la sociedad.

"Para la mayoría la universidad es el momento en que la sociedad emerge frente a ellos", explica, agregando que mientras están en el colegio sus posibilidades de contacto con personas de otras clases sociales son reducidas.

Una práctica de estos alumnos es el "chaneo" o "chuleo". "Es extremadamente clasista y sexista", consigna el investigador. Esta, consiste en ir a discotecas o bares de sectores populares con el objetivo de aproximarse a mujeres intentando obtener beneficios sexuales sin tener que comprometerse.

"Esta práctica divide a las mujeres en dos tipos: las para comprometerse y las para sólo tener sexo. Y produce explícitamente límites de clase y género", indica.

Además, interactúan con personas de otras clases sociales a través de la "acción social". Estas, consisten en trabajos que se realizan durante las vacaciones de invierno o verano, donde los estudiantes van a poblaciones a reparan casas o escuelas. Los que son llamados "misiones" en los colegios católicos.

"En estas actividades, la relación con otros diferentes no es nunca en términos de iguales, y por lo tanto, tienden a naturalizar las relaciones de subordinación y dependencia", acota.

"Todo este tipo de prácticas, particularmente la selección y la falta de diversidad interna que tienen estos establecimientos, no apunta a una sociedad más democrática y más inclusiva. De hecho, la Ley de Inclusión (que elimina la selección) no toca a estos colegios. No es lo deseable. Si queremos una sociedad más democrática, más inclusiva y, más participativa, lo ideal es que podamos mezclarnos", concluye el sociólogo.

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