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Opinión

Aborto en tres causales: Somos ciudadanas de segunda clase

por 24 enero, 2017

Aborto en tres causales: Somos ciudadanas de segunda clase
En la discusión de este Proyecto de Ley han hablado -y votado- muchos hombres. Hombres que nunca han sentido una patada en el vientre. Que no han vivido la tormenta emocional que significa un embarazo ni menos la que embarga cuando te dan la improbable noticia de inviabilidad. Hombres en su mayoría nacidos en cunas privilegiadas, que nunca han temido a una infección hospitalaria, ni a una hemorragia, seguida de la cárcel
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Carta abierta a senadores y senadoras:

Les escribimos sobre la despenalización del aborto en tres causales, porque nosotras vivimos la segunda de ellas y vimos cómo el Estado vulneró nuestros derechos fundamentales.

El Estado chileno nos trató como si fuéramos incapaces de decidir sobre lo que nos hará bien o hará mal. Nos trató como antisociales, sin criterio moral para discernir. Nos censuró, porque no pudimos hablar de aborto con cualquier médico, por temor a ser juzgadas. Nos discriminó, porque algunas pudimos costear un aborto en el extranjero y otras no pudimos. Nos abandonó, porque el sistema de salud chileno no tiene alternativas, no tiene acompañamiento y se desliga del “problema”. El Estado amenazó nuestra salud física porque al quitarnos la opción de un aborto legal, motivó que algunas de nosotras recurriéramos a uno clandestino, con los riesgos que esto conlleva. Atentó contra nuestra salud psíquica al obligarnos a vivir un embarazo que, al ser inviable, para algunas nos resultaba una tortura psicológica.

En la discusión de este Proyecto de Ley han hablado -y votado- muchos hombres. Hombres que nunca han sentido una patada en el vientre. Que no han vivido la tormenta emocional que significa un embarazo ni menos la que embarga cuando te dan la improbable noticia de inviabilidad. Hombres en su mayoría nacidos en cunas privilegiadas, que nunca han temido a una infección hospitalaria, ni a una hemorragia, seguida de la cárcel. Hombres que tampoco han tenido que vivir la paternidad de un feto inviable, que no han visto a sus parejas enfrentar una situación de riesgo para su salud, ni tratando de sobrevivir emocionalmente a una noticia tan triste como es la de tener un hijo en su vientre que no sobrevivirá.

Hemos escuchado a quienes supuestamente defienden el derecho a la vida, pero ignoran nuestro derecho a la dignidad. Nos califican de asesinas, egoístas, nos juzgan sin siquiera habernos escuchado. En sus argumentos citan juristas, teólogos, sacerdotes y filósofos; personas sin úteros, personas que no han tenido la triste experiencia de gestar un bebé incompatible con la vida. Hablan de “la mujer embarazada” como si fuésemos todas iguales, sin conciencia, moral ni escala de valores personales.

 Repudiamos la situación actual porque es también clasista, pues mantiene beneficios y restricciones según la posición social de cada quien. Una mujer que no cuenta con los recursos y/o contactos debe llevar este tipo de embarazos a término y el Estado no se hace cargo de la reparación psicológica que esto implica. Sabemos que, con o sin esta Ley, sus hijas, esposas y nietas, honorables senadores/as, eruditos académicos, podrán abortar si así lo deciden. Y no necesariamente por las causales del proyecto.

Honorables senadores y senadoras: les recordamos que Chile es un país laico y usar preceptos religiosos en sus decisiones legislativas no tiene cabida.

Hay quienes pretenden legislar considerando el aborto como un hecho aislado, que no tiene conexión con nuestras historias, nuestros contextos y nuestros sentimientos. Les decimos: la vida no es así, la vida es justamente historias, contextos, sentimientos y mucho más. Esto confirma nuestra convicción de que, al menos en estas tres causales, la decisión debe estar exclusivamente en cada una de nosotras.

Escuchar esta discusión nos resulta muy vejatorio y nos demuestra que para un segmento de nuestra sociedad somos ciudadanas de segunda clase. Cada palabra en contra de nuestro derecho a decidir vuelve a violentarnos, a pisotear nuestra dignidad como sujetos que supuestamente nacemos en igualdad de derechos.

Con la penalización total del aborto, el Estado violó - y lo sigue haciendo- nuestros derechos constitucionales a la dignidad, la salud e incluso puso en riesgo nuestro derecho a la vida.

Repudiamos la situación actual de penalización del aborto, porque es machista, pues anula nuestro derecho a decidir sobre nuestros proyectos de vida, en base a nuestras creencias. A los hombres no los toca.

Repudiamos la situación actual porque es también clasista, pues mantiene beneficios y restricciones según la posición social de cada quien. Una mujer que no cuenta con los recursos y/o contactos debe llevar este tipo de embarazos a término y el Estado no se hace cargo de la reparación psicológica que esto implica. Sabemos que, con o sin esta Ley, sus hijas, esposas y nietas, honorables senadores/as, eruditos académicos, podrán abortar si así lo deciden. Y no necesariamente por las causales del proyecto.

Nos parece imperativo que se apruebe el proyecto, para que muchas otras mujeres, especialmente aquellas que viven en soledad este tipo de embarazos, vean, aunque en el dolor, una ventana para aliviar su sufrimiento.

Esperamos que puedan tener la humildad de entregar la decisión, en situaciones tan específicas como las tres que se discuten, a quienes viven el problema: cada una de nosotras, no ustedes.

Ignacia Valdivieso Cariola

Aborté por trisomía 13 en el extranjero en abril de 2016.

Francisca González



Aborté por anencefalia en el extranjero en diciembre de 2015.

Daniela

Aborté por anencefalia, de manera clandestina en Chile.

Eugenia Cuevas González

Debí esperar en riesgo vital dos meses a que muriera mi bebé, desde que se rompió la bolsa del líquido amniótico, en 2013. Lamentablemente, quien no ha vivido una experiencia de esta envergadura no es capaz de comprender todos y cada uno de los momentos vividos, llenos de sentimientos asociados a la incertidumbre, la rabia, la tristeza, y otros muy difíciles de explicar, y que dejan huellas para toda la vida. Con toda humildad vengo a ofrecer este testimonio, porque soy una ciudadana que cree en el voto, que se interesa en qué tipo de políticas públicas se aprueban por nuestros representantes políticos, es por eso que, en consideración a nuestro sufrir, creo escucharán a las mujeres chilenas, porque no es necesario que otras mujeres sigan viviendo estas experiencias sólo por voluntad política.

Sol Garcés Ramírez

Estuve dos meses hospitalizada en 2015 por inviabilidad fetal, debido a la rotura prematura de membrana a la semana 19.

Viviana

A través de una ecografía en el cuarto mes de embarazo supe que mi bebé venía con múltiples problemas y que era inviable. Así tal cual, sin ningún reparo, el doctor me dijo: tu bebé no tiene ninguna posibilidad de vivir… Pregunté ¿qué se hace? Y la respuesta del doctor fue que el embarazo debía seguir “normal” y que si llegaba a término se realizaba el parto y si vivía tres segundos o media hora, daba igual…

Mi embarazo llego al séptimo mes. Durante tres meses tuve que enfrentarme al dolor de saber que mi bebé no viviría, a pesar de sentirlo…nunca me voy a recuperar de esta experiencia, es un dolor que se lleva toda la vida, el no dejarme elegir solamente ayudó a que esta experiencia fuera aún más traumática.

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