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PAÍS

El festival del error político: La Moneda corre sola y pierde hace semanas

por 17 agosto, 2018

El festival del error político: La Moneda corre sola y pierde hace semanas
Los últimos conflictos derivados de los nombramientos del subsecretario Luis Castillo y el renunciado ministro Mauricio Rojas, develaron un problema político al interior del Gobierno, que retrotrae las miradas a los fatídicos errores no forzados cometidos en la primera administración del Presidente Sebastián Piñera. Con una oposición debilitada y sin un líder que la aglutine, el Ejecutivo ha caído en las mismas equivocaciones que se juró no repetir y eso le está pasando la cuenta.
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El jueves 9 de agosto, el Gobierno sorprendía a muchos en su propio sector con la decisión de realizar su primer ajuste ministerial, a solo cinco meses de haber asumido el poder. Las razones que se esgrimieron desde el seno de la administración piñerista fueron claras: se buscaba dejar a un lado los baches comunicacionales y los errores no forzados que empañaban la gestión gubernamental y afectaban el respaldo al Presidente Sebastián Piñera en las encuestas, donde cayó más de 11 puntos entre junio y agosto, dando por terminada la luna de miel de la instalación.

Si bien los ministros de Salud, Emilio Santelices, y de Economía, José Ramón Valente, han sido duramente cuestionados por una serie de equivocaciones, lo cierto es que el símbolo de los autogoles del Gobierno fue Gerardo Varela, quien jamás logró encajar en el traje de secretario de Estado, razón por la cual fue sacado del gabinete y reemplazado en la cartera de Educación por Marcela Cubillos. La salida de Alejandra Pérez de Cultura fue considerada por muchos en el oficialismo como maquillaje y, con eso, la apuesta era clara, es decir, dar por cerrada la temporada de equivocaciones, frenar así la baja en las encuestas y retomar el control de la agenda para empezar a repuntar.

Lo que no previó La Moneda –desde la Secom, pasando por el segundo piso comandado por el influyente Cristián Larroulet y hasta el propio Presidente Sebastián Piñera– fue que los dos nombres que incorporaron al elenco gubernamental, Mauricio Rojas en Cultura y Luis Castillo como subsecretario de Redes Asistenciales, terminaron por develar un problema político mayor al interior de la casa del Ejecutivo y que los tiene, al día de hoy, gastando energía de más en apagar y contener los incendios provocados el propio Gobierno.

La nominación de Rojas terminó por levantar la agenda de Derechos Humanos en el país, a menos de un mes de una nueva conmemoración del golpe de Estado y, de paso, se ha instalado como ente aglutinador de la alicaída oposición. Efectivamente duró cuatro días en el cargo, Piñera lo sacó, pero en ese trance su coalición, Chile Vamos, se dividió y enfrentó por el fantasma de sus viejos pecados de la dictadura.

Pero lo que se ha evidenciado en las últimas semanas solo refleja que dicho diseño ha hecho agua, una fisura en el andamiaje que anteriormente ya había presentado varios errores, desde la elección de Pablo Piñera como embajador en Argentina –la que después tuvo que ser retirada–, la defensa de Varela por semanas para después removerlo, las nominaciones fallidas de gobernadores, los cuestionamientos a la débil gestión del canciller Roberto Ampuero hasta los desaciertos comunicacionales del ministro Valente, como recomendar invertir fuera de Chile.

Castillo, el ex director de la Clínica UC, se mantiene en el cargo y desde La Moneda afirman tajantes que no será removido de su puesto, ya que a sus ojos todo el anunciado bloqueo desde el Congreso de las bancadas opositoras para no reconocerlo como interlocutor válido y el público reproche ético por su vinculación con el magnicidio del ex Presidente Eduardo Frei Montalva , responden exclusivamente a una "maniobra política".

Más allá de la lectura de Palacio, entre los flancos que tiene el subsecretario de Redes Asistenciales está la acusación de la DC de haber ocultado la autopsia de Frei Montalva durante su paso por la Clínica UC y, además, cuenta con un sumario lapidario que se le realizó en el contexto de su paso previo por el Minsal en igual cargo durante la primera administración de Piñera.

Tal como publicó El Mostrador el 14 de agosto, la investigación en contra de Luis Castillo arrojó 13 recintos de salud con millonarios aumentos en los precios y serios atrasos, irregularidades en las licitaciones, pagos a personas fuera de los proyectos, entre otras, todo afincado bajo el ítem de "Construcción de infraestructura: hospitales y centros de salud familiar a lo largo de Chile".

El "caso Castillo” ha sumado un inesperado roce con la Democracia Cristiana, algo que el doctor en ciencia política y académico de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, cree que puede traer un costo mayor para el gobierno: “Siempre se puede retomar la agenda, creo que el Gobierno lo que requiere es despejar el tema Castillo. Desde el punto de vista político e independientemente de la situación judicial, no resiste mantener un conflicto con la DC, con la que construyó cierto consenso al principio. Es un eslabón muy importante en esta democracia de los consensos que trató de impulsar Piñera y que, sin embargo , ahora se le derrumba. Tenerla con una guerra de guerrillas a la oposición no tiene sentido".

El fantasma de Piñera 1

El diseño que se trabajó durante los cuatro años como oposición en las oficinas de Apoquindo 3000, tenía como aspecto principal para este regreso a La Moneda evitar los errores no forzados, que fueron el talón de Aquiles del primer mandato de Piñera, un punto en el que no solo había consenso transversal en la derecha y el piñerismo, sino que además fue situado como uno de los factores gravitantes que pavimentaron el triunfo de Michelle Bachelet el año 2013. Así, el diseño de Palacio contempla supuestamente la máxima protección a la figura presidencial, un exhaustivo chequeo y rechequeo de datos para cualquier determinación y un cerrado comité político de personeros de confianza del Mandatario, que responden más a la lealtad a su figura que a sus propios partidos.

Pero lo que se ha evidenciado en las últimas semanas solo refleja que dicho diseño ha hecho agua, una fisura en el andamiaje que anteriormente ya había presentado varios errores, desde la elección de Pablo Piñera como embajador en Argentina –la que después tuvo que ser retirada–, la defensa de Varela por semanas para después removerlo, las nominaciones fallidas de gobernadores, los cuestionamientos a la débil gestión del canciller Roberto Ampuero hasta los desaciertos comunicacionales del ministro Valente, como recomendar invertir fuera de Chile.

En Chile Vamos algunos personeros afirman que hay cierta incertidumbre en el oficialismo, no tienen certeza acerca de hacia dónde puede girar su Gobierno, ya que advierten que hay dos elementos complejos, como son el sabido pragmatismo de Piñera y el hecho indiscutido de que “los números de las encuestas le influyen muchísimo, los números le hablan en todo sentido”. Esa mezcla, agregan, genera cierta preocupación, pues desconocen lo que el Mandatario y La Moneda puedan hacer para sobrevivir.

Para Fuentes la responsabilidad no es directa del Primer Mandatario. “Por un lado, es la falta de un equipo técnico profesional (..) a nivel presidencial, que anticipe, no solo revisen el Dicom, sino también los efectos políticos de lo que ha dicho, historia política, etc. Todos esos elementos son hoy más sensibles ante la ciudadanía, la responsabilidad tiene que ver con el gabinete directo que trabaja con el Presidente”.

Lo que más hace ruido en el oficialismo es encontrarse en esta situación, con un Gobierno que pierde el control de la agenda bastante seguido, que baja en las encuestas, que pierde apoyo, en circunstancias que eso no lo ha provocado nadie externo, sino que han sido heridas autoinfligidas.  Tanto en el Ejecutivo como en Chile Vamos saben que no hay una real oposición, que la centroizquierda y la izquierda no cuentan con un líder que los convoque ni tampoco con un proyecto político con que competir y eso es lo más paradójico de la situación actual que atraviesa la administración piñerista.

En la coalición oficialista están replegados, no están cómodos con la situación que se está viviendo, los errores de La Moneda pusieron en primer plano a los líderes del sector, quienes se vieron obligados a tener que salir a explicar demasiadas veces, y previo a la conmemoración del golpe de Estado, su posición sobre las violaciones a los Derechos Humanos, algo que no es para todos muy cómodo.

En estos días salieron a la luz las evidentes diferencias que existen al interior del oficialismo en la materia y que, como no todos sospechaban, terminó por poner a Renovación Nacional y la UDI por un lado, y a Evópoli y el PRI en el otro. Esta situación detonó fuertes cuestionamientos internos que –reclaman en la coalición– “no tendrían por qué haber sucedido si se hubiese hecho bien la pega”.

Al respecto, el diputado RN, Gonzalo Fuenzalida, dio su diagnóstico ayer en La Tercera y  apuntó directamente a Larroulet y su equipo como responsables de “lo que falla en el Gobierno, no es el Presidente, es el segundo piso”. Una crítica que no es nueva. No hay que olvidar el enfrentamiento público hace un mes entre RN y su propio Gobierno, cuestionando que eran marginados de las nominaciones de cargos y que la visión gremialista se estaba imponiendo en la actual administración.

En Chile Vamos existe un consenso general respecto a que, si bien se trataría de “culpas compartidas”, la mayor responsabilidad recaería en Larroulet, donde acusan “desprolijidad en el chequeo de datos” y un detalle clave: falta de “personas con experiencia” para sacar adelante las tareas. Es sabido que el jefe del segundo piso se ha rodeado de gente de su confianza, básicamente rostros del entorno de la Universidad Católica y el Instituto Libertad y Desarrollo, sus espacios naturales, quienes no necesariamente tienen la experiencia o bagaje político que se requiere en Palacio.

Pero la revuelta interna no finaliza allí, pues las palabras de Fuenzalida terminaron por juntar esta vez a Evópoli con la UDI para cuestionar lo que acusan “la estrategia de RN", una suerte de supuesta operación de sus socios de pacto, debido a “que aún no se pueden sacar la espina de los nombramientos”.

En el oficialismo se viven días de tensión a la espera de cómo pueda decantar el caso del subsecretario Castillo. RN y la UDI ya advirtieron la derrota y costos en el último comité político con la salida de Rojas, por lo que pusieron a su Gobierno contra la espada y la pared, advirtiendo que no hay espacio para concederle a la oposición otro caído del gabinete.

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