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Los conflictos de interés que acechan a Fernanda Otero, la asesora privilegiada de Piñera

por 12 julio, 2019

Los conflictos de interés que acechan a Fernanda Otero, la asesora privilegiada de Piñera
No tiene cargo formal ni cobra sueldo, pero participa en el corazón del Gobierno. No toma decisiones, aunque opina sobre aspectos comunicacionales claves del desempeño presidencial. Dicen que no hace lobby, sin embargo, tiene acceso –permanente y como pocos– a información privilegiada y, a la par, ostenta una nutrida cartera de clientes en la consultora donde es jefa de comunicaciones, casi todas empresas en alerta por las regulaciones del Estado en sus respectivos rubros.
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El estatus de Fernanda Otero es poco común. La periodista y Licenciada en Filosofía trabaja en la industria de la comunicación estratégica, pero a la par tiene acceso privilegiado al corazón del Gobierno de Sebastián Piñera, al participar en reuniones habitualmente semanales con el comité estratégico de la Secom, que encabeza Jorge Selume, y con el jefe de asesores del segundo piso de La Moneda, Cristián Larroulet. Con la misma frecuencia envía una minuta al correo del Presidente con un análisis de su desempeño en los medios. El Mandatario la escucha y le cree como a pocos.

Otero –hija del histórico exsenador de RN, Miguel Otero– oficialmente no tiene ningún cargo en el Gobierno y tampoco cobra un sueldo por esta asesoría que realiza a la administración piñerista. Está, pero no está. Una invisibilidad perfecta que expresa una frase que –según sus cercanos– repite habitualmente: “Los asesores no existen”.

Clientes estratégicos

Fernanda Otero tampoco aparece al rastrear el equipo de la agencia de comunicaciones B2o, que fundó su hermano abogado, Jorge Miguel Otero, y el ingeniero comercial Luis Hernán Bustos. Madre de ocho hijos y perteneciente a la facción integrista católica del Opus Dei, la periodista no es socia de la firma, pero igual es parte de esta, ya que ejerce como directora de comunicaciones y regularmente va a las oficinas de la empresa en la Av. Cerro el Plomo.

Sobre las críticas a Otero, desde la derecha recordaron que fue ella la que insistió en no reconocer como un error el viaje de los hijos de Piñera a China. El tema por semanas le trajo costos al Mandatario, le abrió nuevamente su flanco por el permanente conflicto de interés entre su rol público y sus negocios. Finalmente, tras varios días de conflicto, no le quedó otra cosa al Presidente que asumir públicamente que “si pudiera retroceder el tiempo, haría las cosas de forma distinta”.

Su nivel de contactos es sólido, equivalente al que en los años dorados de la Concertación hizo fuertes e imbatibles a las empresas de comunicación y lobby que fundaron el exministro en la Segegob, Enrique Correa, y el exdirector de la Secom, Eugenio Tironi. La agencia de la que participa Otero funciona hace 12 años, por lo que ya existía cuando, durante Piñera I, la periodista sí trabajaba formalmente en Palacio, en una jornada de mediodía como asesora comunicacional.

La lista de clientes de la consultora está llena de firmas que actualmente tienen asuntos que resolver con autoridades gubernamentales o están en alerta por algún cambio legislativo que pueda afectarlos. Un punto que no es menor, considerando el papel de asesora en las sombras que juega la periodista.

Por ejemplo, podría tener información anticipada y privilegiada sobre las reformas al Sistema de Salud o del protocolo de objeción de conciencia por el aborto. Todos insumos valiosos para la Clínica Alemana, la Asociación de Clínicas de Chile o la Isapre Colmena, que aparecen hoy en la lista pública de clientes de B2o.

El manto de duda también se instala sobre la discusión por la nueva licitación de transporte público y la forma de comunicar el cambio de nombre para sacarse el lastre del Transantiago, considerando que entre los clientes de Otero están, precisamente, los operadores Alsacia y Subus.

Hay que tener presente, cuando se discuten licitaciones de las nuevas líneas de Metro, que entre sus clientes también está el fabricante francés de trenes Alstom.

En transportes, se puede además contar entre los clientes a Latam, que estuvo muy alerta por la rebaja de las tasas de embarque que ordenó la autoridad el año pasado y también a los cinco bancos –Bice, BCI, CorpBanca, Santander y BBVA– que son parte de esa cartera, en tiempos en que una de las preocupaciones del Gobierno de Piñera es el proyecto de ley que busca que las instituciones financieras sean responsables por los fraudes informáticos.

En otro ámbito, la firma en la que participa Otero también asesora a AFP Capital, justo cuando se discute una Reforma al Sistema de Pensiones.

Otro tema es la definición del espectro radioeléctrico para la tecnología 5G y ahí otro cliente suyo tiene intereses: Entel.

Paralelamente en el Congreso, avanza el proyecto de ley que modifica la Ley de Pesca, un asunto de directa incumbencia para sus clientes, las pesqueras Blumar y Camanchaca.

¿La obsecuente?

En el entorno de la periodista están conscientes del ruido que instala la doble militancia de Otero como asesora en las sombras del Gobierno y en la consultora, aunque insistieron en que ella nunca ha mezclado su lado público con su desempeño en lo privado.  Lo relevante es su percepción comunicacional. No hay conflicto alguno en que ella entregue su opinión al Presidente y trabaje en el área de comunicaciones. Ve comunicaciones de empresas y, en el ámbito político, opina pero no toma decisiones. Solo le interesa que al Gobierno le vaya bien”, afirmó uno de sus cercanos, que también reconoce su amplia red de contactos con políticos del oficialismo.

Su padre es uno de los fundadores de RN y es prima del ministro de Defensa, Alberto Espina. “Ella es cercana a muchos ministros y políticos, pero nunca en esas conversaciones ha habido algo que tenga relación con algún cliente. Menos con el Presidente. Si ella traicionara la amistad que tiene con mucha gente en el Gobierno, inmediatamente dejaría de ser cercana. No hacemos lobby. Es injusto que no pueda opinar sobre el Gobierno porque trabaja en comunicaciones. Muchos profesionales deberían hacerlo”, enfatizaron en su entorno.

Es palabra contra palabra, ya que resulta poco creíble o, al menos, se instala la duda legítima del conflicto de interés sobre la posibilidad de que esa cartera de clientes no tenga información de calidad proveniente desde el corazón de La Moneda. Después de todo, es eso precisamente lo que se paga cuando se contratan estas consultoras: redes de contactos y buena información.

Su rol en el Gobierno de Piñera tampoco es inocuo. En el oficialismo preocupa que sus opiniones sean demasiado tajantes, “si no fanáticas, al menos muy obsecuentes. Muchas veces ella y Larroulet han sido los árboles que no dejan ver el bosque”, recalcó un exasesor del Gobierno que conoce a Otero y su estilo de asesoría desde la primera administración piñerista.

Desde el círculo cercano de la periodista que accedió a hablar para esta nota, se rechazó la palabra obsecuencia para calificar su trabajo: “El Presidente no resiste a los obsecuentes. Si ella fuera de esa manera, Piñera jamás la tomaría en cuenta y lo hace al menos hace diez años. Valora mucho su lealtad”. 

Pero efectivamente los hechos dicen otra cosa. Durante la primera administración de Piñera, la periodista fue una de las que fustigó la preocupación de la derecha por la falta de “relato” del Gobierno, una deuda eterna y aún actual en el sector, situación ante la cual ella proponía actuar de forma pragmática y con las encuestas en la mano para convencer a los votantes. “La ausencia de crítica hace que se tomen malas decisiones y el Presidente, por su lealtad, la escucha más que a otros”, se lamentaron en el oficialismo.

Tiene una relación cercana con la vocera Cecilia Pérez y con el ministro de la Segpres, Gonzalo Blumel, hombre de Larroulet.

Sobre las críticas a Otero, desde la derecha recordaron que fue ella la que insistió en no reconocer como un error el viaje de los hijos de Piñera a China. El tema por semanas le trajo costos al Mandatario, le abrió nuevamente su flanco por el permanente conflicto de interés entre su rol público y sus negocios. Finalmente, tras varios días de conflicto, no le quedó otra cosa al Presidente que asumir públicamente que “si pudiera retroceder el tiempo, haría las cosas de forma distinta”.

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