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PAÍS

La razón de ser de Víctor Pérez: un ministro del Interior de la derecha para la derecha

por 6 agosto, 2020

La razón de ser de Víctor Pérez: un ministro del Interior de la derecha para la derecha
El principal objetivo del nuevo titular de la cartera del Interior pasa por darle sustento electoral al Gobierno para poder navegar con mayor margen de acción los dos años que le restan, marcados por los diferentes procesos electorales, para de esta manera dar vuelta un escenario de extrema debilidad política que, hasta ahora, le impide tener una mayor fuerza al momento de negociar sus intereses legislativos. En ese sentido, su perfil de halcón, con ADN gremialista y formado en la administración pública bajo Pinochet, juega un papel primordial para entregar las señales que la derecha chilena le venía pidiendo a gritos a La Moneda, y que pasa por dar claridad en los objetivos aglutinadores del sector, como el orden, seguridad, y ordenamiento de sus huestes. Su reciente paso por La Araucanía, inmediatamente anterior al violento desalojo de las municipalidades tomadas por comuneros mapuches, fue evaluado positivamente, porque dio señales claras al electorado de derecha en una región clave con miras al calendario electoral que se avecina.
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Que la primera actividad pública del nuevo ministro del Interior, Víctor Pérez, haya sido en la Región de La Araucanía, no tiene nada de casual, por el contrario, dice mucho de su razón de ser como nuevo jefe de gabinete del Presidente Sebastián Piñera. Que su discurso haya sido en clave de orden y seguridad, tampoco. La misión principal del exsenador pasa por volver a aglutinar al votante de derecha, ese que desde el estallido social en adelante ha empezado a dejar solo al Presidente, con consecuencias políticas devastadoras para la alianza de Gobierno.

El diagnóstico en La Moneda es claro, sin el apoyo del electorado oficialista, el andar de los dos próximos años va a ser sobre ripio. Y es que, luego de haber puesto sobre la mesa la Constitución de 1980, a través del acuerdo por La Paz y una Nueva Constitución, y haber sido derrotados en su lucha por mantener intactos los pilares ideológicos, pero también fundamentales del sistema neoliberal, a través de las AFP, el costo de esta administración se ha pagado con la profunda desafección de sus votantes. Para resolver aquello, se dedujo que el antídoto era el de las señales claras, y sobre la base de esa reflexión, fue que no se dudó en que al mando del equipo político debía quedar un fiel representante de la derecha histórica, esa que trabajó con y para Pinochet, y que ahora le ha reclamado haber flaqueado en sus convicciones y “gobernar para la izquierda”.

Y ahí aparece la figura de Víctor Pérez, un hombre cercano a Jovino Novoa, pues el expresidente de la UDI –señalan– confía mucho en su doctrina. Es, también, de los pocos consejeros de Pablo Longueira, quien “aprecia mucho su instinto y diagnóstico” detallaron; y asesor directo de la presidenta de la colectividad, Jacqueline Van Rysselberghe –era la carta para encabezar la lista de continuidad–. “Un duro”, sintetizan desde su partido. A diferencia de los coroneles, se le debe reconocer el haber sido militante de la Juventud Nacional desde su época de liceano y que ahí nace un respeto a su “lucha antimarxista”, un doctrinario formado en la Universidad de Concepción en plena Unidad Popular.

Sus contras, dijeron desde el gremialismo, radican en que, si bien tiene un fondo político envidiable, no sería un “líder presente”, y que durante su larga trayectoria como parlamentario –1989 a la fecha– se le ha cuestionado por no querer inmiscuirse en los conflictos internos, por ende, evita ser quien toma las determinaciones finales.

De todas maneras, y pensando en su objetivo y razón de ser en su nuevo rol, tuvo una muy buena evaluación interna de su primer despliegue a La Araucanía, pues –plantearon– da cuenta de que tendría la película clara. “Señales claras al electorado de derecha”, señalaron. Si bien sus palabras en medio de un clima en extremo convulsionado en la región fueron calificadas incluso de provocadoras desde la oposición y también los sectores movilizados, su objetivo se habría cumplido pensando en los intereses mayores, recalcaron.

Y aquello se pudo constatar con cómo fue recibido su accionar desde el mundo oficialista. En declaraciones para El Mostrador, el parlamentario UDI por la zona, Osvaldo Urrutia, expresó que “confiamos en que el nuevo ministro podrá conducir de buena manera este conflicto. Al menos desde que asumió en su cargo ha demostrado su compromiso por liderar este proceso. Pero la solución no va a llegar solamente a través del diálogo. Aquí hay que actuar con determinación, sin ambigüedades, y perseguir hasta encontrar a todos los que insisten con infundir terror en La Araucanía". A su vez el también representante de la región, el RN Jorge Rathgeb, complementó señalando que “en su visita a La Araucanía dijo varias verdades que otros no se han atrevido a decir, como el tema de que no hay presos políticos en Chile, ellos están procesados por delitos comunes".

Lo sostuvo, en entrevista con El Mostrador, el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, Cristóbal Bellolio, al recordar que la resolución de la comisión política de la UDI –que cuestionó la capacidad política de su antecesor, Gonzalo Blumel– también destacaba el déficit en seguridad en La Araucanía, y apuntó que su visita al sur del país fue un  “guiño al sector más duro de la derecha (...). Tiene súper claro que su objetivo es satisfacer el paladar político de la derecha, cerrarle el paso a (José Antonio) Kast”.

Si bien la votación histórica de la derecha, si se mira en clave parlamentaria, ronda el 40%, en Palacio saben que esa no es una posibilidad real en el corto plazo, pero sí necesitan asegurar un colchón mucho mayor de apoyo de aquel con que se cuenta hoy en día, principalmente para recobrar un mejor poder de maniobra, de gobernanza y mayor fuerza a la hora de negociar o intentar imponer su agenda legislativa.

A pocos meses de distancia se encuentra la primera prueba de fuego, donde se podrá constatar no solo el trabajo, sino también el resultado de la apuesta de haber investido de ministro del Interior a un personaje con el perfil del exsenador. Se trata del plebiscito del 25 de octubre, donde la apuesta es “perder por lo menos posible”, pero lograr enrielar a la ciudadanía que votó por el actual Gobierno. Y es que el Mandatario –señalaron– no tiene margen, pensando en que lo que se juega es el alma de la derecha, es decir, la Constitución de 1980, y un muy mal resultado puede traer consecuencias insospechadas para los dos años que le quedan al mando, explicaron.

En este sentido, el vicedecano de la Universidad del Desarrollo, Rodrigo Arellano, sostuvo que “un muy mal resultado en el plebiscito de octubre puede significar un muy mal  resultado en abril, que pase la aplanadora por sobre los candidatos (constituyentes), por lo tanto, creo que la sensatez política dice que, si bien el resultado de octubre  va a ser muy difícil para Chile Vamos, va a ser muy importante para sembrar lo que viene para el proceso constituyente de abril, para obtener un resultado razonable en los electores que van a formar parte de quienes escriban la Constitución”.

El papel que pueda jugar el nuevo jefe de gabinete es primordial, pues tiene dos meses, al menos, para lograr levantar la bandera del sector a través de su gestión pública, y terminar con el déficit político que traía la administración anterior. Aunque entre sus misiones está negociar con los “blandos” de la oposición, debe concentrar la atención de los suyos en el Parlamento y hacia afuera, y aquello se hace saliendo al frente, explicaron.

Desde su partido confían en que, independientemente de los vaivenes del Gobierno, las convicciones de formación que trae consigo –precisaron– van a ser claves a la hora de “los titubeos” del Presidente, pues, a diferencia de Andrés Chadwick, Pérez no pertenece al círculo de confianza del Mandatario, por ende, esperan que responda primero a los intereses de un “Gobierno de centroderecha”, antes que a los personales del Jefe de Estado, como ha sido costumbre en los mandatos del Presidente Sebastián Piñera.

Sumado al viaje a La Araucanía –según personeros de La Moneda– se le ha reconocido, también, tener la capacidad que se exige de un ministro del Interior, que a su vez juega el rol de escudero del Jefe de Estado. En ese sentido, destacan que, desde su investidura, el nombre del Presidente Piñera ha dejado de estar en la primera línea de los cuestionamientos a la gestión gubernamental, que por ese lado ha cumplido, hasta ahora. Una tarea que no será fácil, reconocieron, conociendo el estilo del Primer Mandatario, que al momento de verse en la necesidad de subir en las encuestas, se hace de la agenda en su conjunto.

Se sabe de su cercanía con el mundo de las Fuerzas Armadas, pero existen dudas sobre la sintonía que pueda generar con Carabineros. En tal sentido, y así habría quedado establecido, será el subsecretario del Interior, Juan Francisco Galli, quien siga a cargo de esa área.

En el frente interno, se habla de un clima “raro”, “porque tanto el subsecretario Galli, como el subsecretario de Desarrollo Regional, Juan Manuel Masferrer, son de confianza del exministro Blumel, y la subsecretaria de Prevención del Delito, Katherine Martorell, claramente más aperturista que Pérez”. Aunque es muy temprano para hacer ese tipo de conjeturas, nadie tiene dudas de que las cosas deberían cambiar el rumbo respecto de la gestión anterior, “principalmente por su experiencia”.

Pare el director de formación de la Fundación Jaime Guzmán, Claudio Arqueros, lo que el ministro Pérez pone a disposición de La Moneda consta en su trayectoria y precisa que “esto debe traducirse en tres cosas: primero, una capacidad de armonizar las relaciones al interior del oficialismo y evitar la proliferación de díscolos (sobre todo en la UDI), porque el diseño de nuestra institucionalidad requiere que las coaliciones se comporten colaborativamente en su interior; segundo, disposición y carácter frente a dos problemas políticos graves de nuestro país, a saber, el desborde de la violencia y la debilidad de la izquierda moderada. Finalmente, sagacidad para dialogar con todos los sectores democráticos del Congreso”.

En La Araucanía

La Araucanía tiene varias consideraciones para este Gobierno, y fue en esa región donde el Presidente Sebastián Piñera, apenas aterrizó en La Moneda en el 2017, y a los pies del cerro Ñielol, buscaba establecer una de sus marcas diferenciadoras con la otrora Presidenta Michelle Bachelet en la región, cuando anunció el Plan Impulso de La Araucanía. Esto, enmarcado en la deficitaria gestión anterior, que más problemas que beneficios le trajo a dicho Gobierno, partiendo por la pérdida de un amplio margen del electorado.

De esta manera, recién instalado, al exministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, se le puso como plataforma para destacar en su gestión la tarea de sacar adelante esta iniciativa que contemplaba, entre otros aspectos, una reforma constitucional para reconocer a los pueblos originarios, ley de cuotas de participación parlamentaria y una inversión de mil millones de dólares entre el 2018 y el 2026. Pero todo acabó cuando en agosto del 2019 fue asesinado Camilo Catrillanca. La Moneda perdió el sustento político mínimo para seguir con ese plan, y todo quedó en nada.

De ahí en más, se cuentan tres intendentes en la señalada región: Luis Mayol, Jorge Atton y actualmente Víctor Manoli.

Ahora el escenario es muy diferente, con tres regiones del sur del país en un estado de tensión extrema, lo que ha llevado al Ejecutivo a replantearse su forma de enfrentar un conflicto que ha atravesado a todos los gobierno desde el retorno a la democracia, y movilizado a los ministros y subsecretarios para abrir otras fuentes de diálogo que no estaban consideradas semanas atrás.

Si bien los reclamos de parlamentarios oficialistas venían arrastrándose desde hacía varios meses, acusando al Gobierno de no enfrentar la situación que contaba cada vez con más episodios enmarcados en las reivindicaciones de los sectores movilizados, la sola llegada del ministro Víctor Pérez, sus palabras y regreso a Santiago, elevaron la temperatura en una noche que terminó por posicionar el ancestral conflicto nuevamente entre las prioridades nacionales.

En este sentido, fuentes del oficialismo reflexionaron en torno a la figura del jefe de gabinete y cómo su perfil juega un rol primordial en el asunto. Cabe recordar que, para la última elección presidencial, en la segunda vuelta, la derecha obtuvo el 62,40% de los votos, “un bolsón del que se tienen que hacer cargo", aseguraron desde Chile Vamos.

La no política del exjefe de Interior, como les gusta recalcar en la zona, no solo habría dejado que el conflicto se desbandara, sino que también había generado un bloque completo de rechazo al Gobierno, hecho que tenía preocupados a los partidos de Chile Vamos, quienes veían el peligro de que dichos votos se fugaran hacia candidatos por fuera de la coalición oficialista. A diferencia de lo que ocurría con el exministro Gonzalo Blumel, el nuevo titular del Interior sería una “ganancia para el voto duro, muy importante para la derecha en esa zona”, agregaron.

De esta manera, recalcaron que el actual jefe de gabinete contaría con la ventaja de que conoce el mundo rural y que no es un “foráneo en el territorio”, lo que al menos le daría una ventaja con el mundo terrateniente y de pequeña agricultura en La Araucanía, en donde posee “lazos fuertes”.

Desde La Moneda, aseguraron que el encargado de dirigir la seguridad pública del país no tendría ánimos de una figuración extrema, que no pretendería ser candidato presidencial, ni tampoco utilizar el cargo como trampolín político. Añadieron que su preocupación por el conflicto en La Araucanía “es sincero” y que es “un fierro caliente que escogió tomar personalmente”.

De esta manera se apunta a que su estrategia no será como la del exministro Moreno, que tendió puentes hasta con los grupos más radicalizados del pueblo mapuche, y relevó figuras como la de Matte. El nicho de Víctor Pérez es un poco “menos elitizado” y su barra brava consistiría en las organizaciones de camioneros y los denominados “pequeños agricultores de la zona”. Lo que se suma a sus conexiones con los grandes empresarios, pero locales.

En este marco, Arellano dijo que “además de un tema electoral, es también bastante simbólico, y creo que el Gobierno está haciendo bien en poner fichas en tratar de encontrar una solución  política al conflicto, tanto para el sector  mapuche como para los civiles que se han visto violentados por ciertos grupos extremistas (…). Tiene demasiadas externalidades positivas solucionar un problema que ha sido transversal, ordena un  tema vinculado a la violencia y orden social y público, que es una de las exigencias de parte del electorado de derecha para el Gobierno".

Nadie duda que el ministro “no la tiene fácil”, tanto así que ya el martes compareció ante la comisión de Seguridad Pública del Senado, donde fue citado luego de los hechos de violencia ocurridos en el sur del país. En tanto ayer, la Cámara de Diputados aprobó la conformación de una comisión investigadora sobre las políticas de seguridad pública y protocolos de las fuerzas de orden público en la Región de La Araucanía.

El círculo de hierro del ministro y sus vínculos con La Araucanía

Apenas se instaló en las oficinas del Ministerio del Interior, Víctor Pérez convocó a dos viejos conocidos del mundo UDI para conformar su círculo de hierro. Es así como de jefe de gabinete se instaló Giovanni Calderón, exdiputado gremialista y quien luego ejercería como asesor de los senadores de su sector, y el también exdiputado, Gonzalo Arenas, quien quedó a cargo del equipo de asesores de la cartera.

En el caso de Arenas, este contempla un vínculo muy cercano con La Araucanía, pues ejerció como diputado por el distrito 6 entre los años 2006 y 2014, y luego fue designado el año 2019 por el exministro de Desarrollo Social, Sebastián Sichel, a cargo de la Unidad de Coordinación de Asuntos Indígenas, que tenía como fin “salvar la consulta indígena”, algo que finalmente no fue posible.

Su paso como parlamentario no fue en vano. Quienes tienen conocimiento de su gestión en la zona, lo reconocen como un caudillo de la comuna de Malleco, con amplio poder y conocimiento del sector. Respecto de sus redes, puntualizaron que cuenta con una buena relación con los medianos y pequeños empresarios agrícolas, que han tenido conflicto con procesos de recuperación territorial por parte de comunidades mapuche.

Una vez a cargo del equipo representativo del Ministerio de Desarrollo Social, en una entrevista a un medio local señalaba que “yo estoy convencido de que la solución es política, aquí esto superó ya un tema netamente policial, de seguridad o de asistencia social y de pobreza, aquí hay un componente político que es importante, eso no implica que Carabineros y los tribunales no tengan que hacer su labor, tienen que hacerla y muy eficazmente, porque la gente necesita protección, y no son las mismas personas que cometen los delitos las que piden demandas políticas o territoriales, muchas veces los unos contaminan a los otros en la opinión pública, la gran mayoría de las comunidades son pacíficas, quieren conversar”.

Arenas es casado con Carla Daniela Kutz Fernández, socia con su padre, Hugo Carlos Kutz, de la Agencia Importadora Kutz Limitada, empresa familiar del rubro agrícola.

En el caso de su suegro, este tiene, entre otros, su predio más importante, el de “La Laguna”, ubicado en Pailahueque, en Ercilla, y el cual se encuentra avaluado en 257.695.683. Este territorio se encuentra en conflicto con la comunidad Autónoma Huañaco Millao, la que inició un proceso de recuperación el 23 de junio en dicho fundo, el mismo día en que los entonces ministros Gonzalo Blumel y Alberto Espina visitaron la región.

Hugo Kutz, además, cuenta con 11 propiedades avaluadas en  $1.150.212.981. De uso agrícola son 8 predios avaluados en $912 millones, cuatro en Victoria y cinco en Ercilla. Con larga data en la región, se sabe de su cercanía con el alcalde de Ercilla, José Nivaldo Vilugrón Martínez, militante de la UDI.

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