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Fotoreportaje: Aluvión en el Cajón del Maipo

por 20 febrero, 2021

Fotoreportaje: Aluvión en el Cajón del Maipo
El aluvión del 30 de enero, provocado por los 94,4 milímetros de lluvia que cayeron, dejó 91 damnificados en el Cajón del Maipo, 33 casas destruidas, 49 casas con daños mayores y 98 con problemas menores. A continuación, las imágenes muestran lo que se vivió, la evacuación, los damnificados, el voluntariado y el proceso de limpieza en la zona.
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Entre el viernes 29 y el sábado 30 de enero, en la zona precordillerana de la Región Metropolitana, cayeron 94,4 milímetros de precipitaciones, lo que, sumado a una isoterma cero alta, provocó aluviones en algunos pueblos del Cajón del Maipo, como San Alfonso y Melocotón. Por el evento, la ONEMI reportó 691 damnificados en la zona, 33 casas destruidas, 49 casas con daños mayores y 98 con problemas menores.

Rocas, lodo, árboles y ramas rodaron desde lo alto de las montañas hasta los poblados, arrasando por las quebradas todo lo que encontraban a su paso. Como verdaderos ríos.

Ese sábado, pasadas las 18 horas, una alerta de la ONEMI sonó en los celulares de los que se encontraban en el área. Les pedían evacuar la zona. El camino hacia Santiago ya estaba cortado por el deslave en Melocotón, y por eso la gente ubicada en quebradas buscó refugio en áreas fuera de peligro.

Muchos lo hicieron cuando el lodo entró con fuerza a sus casas. Salieron corriendo con lo puesto -algunos alcanzaron a rescatar a sus mascotas- en búsqueda de un lugar donde pasar la noche, lejos de las corrientes de material que atravesaban el pueblo.

Después de una noche, para muchos en vela, los habitantes de San Alfonso se despertaron con un panorama de devastación, anegados; corte de agua y luz; la calle principal, junto a otras dos, tapadas de barro, rocas y ramas; casas destruidas; una mediagua completa en medio de la calle, hundiéndose en el lodo, con cama, muebles, artefactos enterrados; barro dentro de viviendas y mascotas perdidas.

El domingo 31 la alerta roja de la ONEMI se mantenía, por lo que los habitantes que seguían en sus viviendas pasaron una nueva noche en alerta, atentos a las gotas que se sentían en el techo y preparados para evacuar hacia un lugar más seguro, lo que felizmente no fue necesario. “Esa noche me acosté con ropa, lista para salir corriendo. Cada gota que escuchaba en el techo me apretaba la guata, el pecho y la garganta”, cuenta Carolina Bueno, vecina de San Alfonso, quien ha trabajado de manera voluntaria limpiando casas y negocios del pueblo.

Los trabajos de limpieza comenzaron inmediatamente. Voluntarios de la zona y de fuera llegaron con palas y carretillas para remover el material acumulado en las casas y negocios, mientras las maquinarias limpiaban las calles. Marisol Larraín, encargada de coordinación, logística y comunicación de Voluntarios por el Maipo, organización civil que se formó en 2013 por los incendios forestales, cuenta que durante los primeros días llegaron entre 300 y 500 voluntarios para ayudar diariamente. “Además se han organizado asambleas autoconvocadas para darle solución a las 18 familias damnificadas del pueblo. Esta organización social y civil ha adquirido un montón de fuerza, tiene mucha más rapidez que cuando viene desde el gobierno. Habría que cambiar los protocolos de emergencia que son muy antiguos. Su respuesta generalmente es muy lenta y muy burocrática”, señala Marisol Larraín.

Cuenca intervenida:

Juan Pablo Orrego, ecólogo y Premio Nobel alternativo (Right Livelihood Award), explica que es posible que se experimenten más eventos anómalos de este tipo en el futuro por la intervención de la cuenca, la deforestación, la que se inició con la llegada de los españoles.“El magnífico ecosistema que había en el Cajón del Maipo fue reducido, y la impronta de devastación que se inició en el siglo XVI, y continuó con la fundación de la Villa San José de Maipo en 1792 para la industria minera, no paró nunca más. Nos tragamos en gran medida los ecosistemas, la vegetación”, señala.

Además, explica que la deforestación es  causa directa de fenómenos aluvionales, ya que los árboles nativos de raíces profundas frenan aluviones y protegen el valle. “Si hubiese una franja de quillayes adultos en el cerro de San Alfonso “Cabeza de Ternera”, los aluviones no llegarían al pueblo”, agrega.

El premio nóbel alternativo cuenta que la deforestación, el cambio climático, las intervenciones industriales, como Alto Maipo y Gasandes en su momento, contribuyen a la alteración del clima que finalmente genera estos eventos anómalos. Da como ejemplo la isoterma cero, que es la altura en la que la lluvia se transforma en nieve, la cual ha ido subiendo con el paso de los años. O sea, donde antes nevaba ahora llueve. “Se está generando caos en la biosfera y el sistema climático. Somos nosotros los que hemos creado las condiciones para cataclismos perfectos con la deforestación, la intervención industrial implacable de la biosfera. El tema es qué hacemos ahora. La respuesta de largo plazo es restauración, regeneración ecosistémica, reforestación con especies nativas. El problema, la sequía en la zona central que lleva más de 12 años”, finaliza.

Evacuación durante el domingo 31 de enero

           

Centro de acopio en la Escuelita de San Alfonso.

Centro de acopio en la Escuelita de San Alfonso.

Vecina de San Alfonso, junto a sus dos perros, espera en parada de buses para ser evacuada con las pertenencias que rescató, como frazadas, una televisión y una Biblia.

Carolina Bueno (41): Como muchos otros, esperaba con un poco de susto y emoción las lluvias, y disfrutaba de ese extraño evento en verano. Pero ese escenario cambió drásticamente en minutos, cuando se dio cuenta de que a ocho metros de su casa pasaba un rodado destruyendo a su paso la casa y jardín del vecino. Esa noche se refugió con su familia en la casa de su tía junto a 15 familiares más y 15 vecinos. Su marido se dedicó la noche a patrullar y buscar gente que no tenía dónde pasar segura el aluvión. Ella es uno de los cientos de voluntarios que con pala y botas de caucho se ha dedicado a limpiar casas y negocios.

 


Rodolfo Rojas (73 años): Rodolfo vive con su señora y un amigo. Su casa fue arrasada por el aluvión, por lo que instaló una cama en su taller. Perdió la mayoría de sus esculturas y herramientas, pero ha logrado rescatar algunas. “Nosotros invadimos a la naturaleza y ella nos responde. Estamos invadiendo mucho. Las enfermedades, las plagas son a causa de la contaminación mundial que hay. Si no es acá no más. El mundo está globalizado. La tierra parece que ya no nos quiere soportar más. Pegó un sacudoncito. Esperando no más que ahora no venga un terremoto. Nos ha tocado duro. Después del estallido social, pandemia y aluvión”, manifiesta.

Carlos Santander: Carlos, conocido como Caleuche, vive con un amigo (Rodolfo) y su señora en una casa arrasada por el deslave. El sábado 30 vio el rodado por una ventana y salió a buscar alguna forma de desviarlo. Escuchó a la esposa de su amigo gritar, estaba atrapada con el barro hasta las caderas dentro de la casa. Entre varios lograron sacarla y pasaron la noche donde un vecino. Al día siguiente, un helicóptero la rescató y llevó al hospital de San José. En la foto, Caleuche posa en el lugar vacío que solía ocupar su casa. Ahí mismo piensa construir la próxima, con algún tipo de desvío para defenderse de un posible próximo aluvión.

Patricio Olivos Garrido: El aluvión destruyó la mitad de su casa. Durante la noche, se refugió, junto a su familia, en la terraza y escuchó el cauce de lodo, rocas, ramas que irrumpía su paso por las habitaciones y el baño. “Íbamos a salir, pero había agua por todos lados, rodados por todos lados, estábamos atrapados”, cuenta. En la foto posa sobre la montaña de material que, con pala, carretilla y la ayuda de amigos, ha sacado de su casa. “Gracias a mis vecinos, amigos, familiares, gente del pueblo. Mucha gente nos ha apoyado. Aquí estamos, no hay que bajar los brazos. Lo que más necesitamos ahora es ayuda en materiales para seguir construyendo. Toda la vida luchando, juntando peso por peso para poder construir y en segundos todo se fue abajo. Hay que seguir adelante. Gracias a Dios que no hubo víctimas fatales y gracias que todos los animalitos que criamos desde chicos se salvaron. Si hubiese sido de noche, estaríamos contando otro cuento”, finaliza.

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