Publicidad
Gobierno paga el noviciado: primera crisis obliga a equipo de Izkia Siches a replantear los plazos para desescalar el conflicto PAÍS

Gobierno paga el noviciado: primera crisis obliga a equipo de Izkia Siches a replantear los plazos para desescalar el conflicto

Publicidad
Hernán Leighton
Por : Hernán Leighton Periodista de El Mostrador
Ver Más

El incidente que obligó a la ministra del Interior a retroceder en su intento por ingresar a la comunidad de Temucuicui, luego de una barricada y balazos al aire, traería como primera consecuencia el “reacomodo” en los tiempos de implementación de la estrategia de desescalamiento del conflicto propuesta por Palacio. Entre acusaciones de improvisación que puso en riesgo a la segunda autoridad del Ejecutivo o de buscar un diálogo a través de una postura «naif», sin las adecuadas medidas de resguardo y anticipación, desde La Moneda defendieron la estrategia anunciada previo a asumir funciones, a la vez que recalcaron que la fórmula no se tocará. Respecto a los cuestionamientos provenientes en mayor medida desde la derecha, ante la idea de terminar con el Estado de Excepción –extendido en diez oportunidades durante el Gobierno anterior–, la vocera Camila Vallejo evidenció la paradoja, al recordar que el incidente se produjo en medio de un Estado de Excepción.


No había nadie en Palacio que no estuviese al tanto de que la primera salida programada de la ministra del Interior, Izkia Siches, a la Región de La Araucanía, contemplaba algún grado de riesgo. ¿En qué medida?, no existía mucha claridad. Y es que la señal que se quiso entregar, de respaldo a la aplicación de una nueva forma de enfrentar el conflicto que se vive en las regiones de La Araucanía, Los Lagos y Los Ríos, a través de una desescalada –que contempla mayor apertura al diálogo y el fin de los Estados de Excepción–, traía aparejados ciertos flancos y estos se hicieron evidentes, instalando como hito la primera crisis del Gobierno, a menos de una semana de establecido en La Moneda.

Si bien desde el Gobierno se intentó bajar el perfil a lo ocurrido, los hechos hablan por sí mismos. Y es que fuera de la agenda oficial, la jefa de gabinete del Presidente Gabriel Boric, Izkia Siches, quiso agregar al amplio despliegue en la zona, un ingrediente más de respaldo a una estrategia que diariamente sufre ataques desde diversos flancos, pero que desde Palacio están convencidos en sostener. En medio de las actividades, la titular del Interior y Seguridad Pública decidió ir a visitar al padre del asesinado comunero mapuche Camilo Catrillanca, al interior de la comunidad de Temucuicui –la misma donde la PDI fue incapaz de ingresar meses atrás, resultando uno de sus funcionaros fallecidos–. El resultado de la doble apuesta fue que la segunda autoridad de Gobierno tuvo que retroceder luego que se detectara una barricada a 300 metros de la comunidad, con el agregado de los disparos al aire y que generaron un amplio operativo de seguridad que terminó con Siches en la subcomisaría de Ercilla.

De todas formas, la postura gubernamental se mantuvo inalterable, esto luego de una reunión de emergencia que sostuvo el Presidente Boric con los ministros que quedaban en La Moneda, como lo fueron la vocera Camila Vallejo y el subsecretario del Interior, Manuel Monsalve. Si bien fuentes al interior de Palacio aseguraron que nunca se puso sobre la mesa la idea de “echar pie atrás” en la estrategia de desescalada anunciada, sí confesaron que el efecto secundario de lo sucedido sería un “reacomodo” en los tiempos de implementación, lo que evidencia el golpe que significó el hecho ya descrito.

Y es que desde un inicio, durante la campaña y previo a la instalación, el discurso –con matices entremedio– fue uno que apuntó a marcar un claro contraste con la gestión del Gobierno del ex Presidente Sebastián Piñera, cuya apuesta, una vez que vio fracasar su Plan Araucanía –luego del asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca–, fue criminalizar el conflicto, suscribiéndolo a un tema exclusivamente delictual e instalando el concepto de narcoterrorismo. Esto, con la finalidad de dejar de lado cualquier intención de un diálogo mayor. El resultado –y reconocido por propios personeros del anterior Gobierno–, luego de cuatro años al mando, fue un evidente escalamiento en gravedad, profundidad y complejidad del conflicto.

Lo dijo la vocera Vallejo, y lo reiteró en varias oportunidades la ministra del Interior: la estrategia anunciada no va a retroceder y la apertura al diálogo con “todos» seguiría en pie, así como la no renovación del Estado de Excepción que terminó por ser la única herramienta aplicada por la saliente administración, la que renovó en diez ocasiones.

En una de sus tantas intervenciones, la ministra Siches indicó que “conversamos con Marcelo Catrillanca, padre de Camilo, en una reunión importante dentro de la jornada, en la que buscamos establecer diálogo con víctimas, territorios y autoridades. Con más convicción que nunca reafirmamos nuestro camino. La violencia no nos detendrá”. En el caso de la ministra Vallejo, esta apuntó a que “el camino que hemos seguido para enfrentar los hechos de violencia es un camino difícil. El camino del diálogo estará lleno de dificultades y habrá muchos que no quieran tomar el camino del diálogo. El itinerario de la ministra va a continuar”. Y respecto de las críticas por la no renovación del Estado de Excepción, respondió señalando que “este hecho sucedió en el marco de un Estado de Excepción”.

En horas de la tarde, aunque el itinerario presupuestado se mantenía, es decir, la titular del Interior regresaba a la capital, mientras que los jefes de cartera que la acompañaron se quedaban ejerciendo con agenda propia, desde La Moneda no podían asegurar que esta se mantuviera “a firme” por lo “líquido” de la situación que había ocurrido. De todas maneras, y como una forma de respaldar la estrategia, la idea era intentar afectar lo menos posible la agenda antes acordada, para así entregar un sentido de normalidad y no elevar la temperatura de un caso que –todos entienden– quedará inscrito en las páginas de la actual administración.

El conflicto en La Araucanía, eje de las crisis gubernamentales

Y tal como ya marcó a fuego a la entrante administración, el conflicto extendido por décadas en la zona se ha transformado en un escollo casi imposible de salvar para los diferentes gobiernos, los que en diferentes circunstancias han salido trasquilados por diversas razones.

Bastante literatura se ha escrito ya de lo ocurrido en el ahora exgobierno de Sebastián Piñera, quien si bien intentó entrar de lleno en el conflicto, se vio tempranamente frustrado, cayendo en una espiral que terminó por profundizar y complejizar aún más la problemática allí instalada.

Apenas asumidos, en el 2018, el ahora ex Mandatario anunció con bombos y platillos el Plan Araucanía, el que proponía, además de diferentes proyectos de inversión, un enfoque de diálogo, a cargo del entonces ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, y el que –reconocido por varios sectores– estaba dando sus primeros brotes. Pero todo se vio frustrado luego del asesinato a manos de carabineros del comunero mapuche Camilo Catrillanca, hecho que instaló la primera gran tormenta al interior de La Moneda, desestabilizando el diseño primario, el que contemplaba al exministro del Interior, Andrés Chadwick, como protagonista durante todo el Gobierno.

Luego de aquello, se desechó el plan, los diálogos quedaron en el olvido, y la forma de enfrentarlo fue situando la problemática en un ámbito meramente delictual, instalando el concepto de narcoterrorismo y apelando siempre a una agenda punitiva, presionando al Congreso para la aprobación de leyes que pertenecían solamente a ese marco de acción.

En el caso de la ex Presidenta Michelle Bachelet, en su segundo mandato los resultados tampoco fueron los que esperaba. No solo fue la última de las regiones del país en visitar –salvo sus vacaciones en Caburgua, Región de La Araucanía– sino que, además, le costó una crisis de la que nunca logró reamente escindirse.

Y es que, en diciembre del 2015, la entonces Jefa de Estado organizó una visita a La Araucanía, y el problema fue que no le avisó a su ministro del Interior, en ese momento el DC Jorge Burgos. Incluso la prensa que acompañó a la ex Mandataria solo fue citada al aeropuerto, sin referencias de hacia dónde se viajaría, situación que se esclareció una vez en vuelo y sin señal de teléfonos.

La decisión de Bachelet causó un profundo enojo en su jefe de gabinete, quien no solo evidenció su molestia a través de sus asesores, sino que además exigió una cita con la Mandataria una vez que retornase a Palacio. La reunión se llevó a cabo, al tiempo que el DC se dio el gusto, frente a toda la prensa acreditada, una vez finalizada la instancia, de señalar que “le dije a la Presidenta que esto no se podía repetir”. De ahí en más, la relación nunca volvió a su cauce inicial.

Si bien la ex Presidenta comenzó aquel mandato pidiendo disculpas a nombre del Estado de Chile e intentó abrir el diálogo a través de una mesa encabezada por el obispo de Temuco, Héctor Vargas, las muertes –en diferentes circunstancias– de los comuneros Víctor Manuel Mendoza Collío y de José Mauricio Quintriqueo Huaiquimil, ambas ocurridas en 2014, condicionaron cualquier tipo de búsqueda de resolución.

Publicidad

Tendencias