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Paren

por 22 noviembre, 2016

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Se vislumbra la campaña presidencial y la centroderecha tiene una nueva posibilidad de comenzar el juego que mejor juega y que más le gusta: la antropofagia de sus figuras con mayores posibilidades de triunfo. Piñera es ahora objeto de controversia por una inversión –muy minoritaria– en una pesquera peruana que tiene concesión precisamente en la zona marítima disputada en La Haya.

Líderes del sector se aprestan, por tanto, a marchar con esa izquierda febril y fracasada que tan mal le ha hecho a Chile. Y se sumarán a la jauría, en un extraño maridaje con personajes como Hugo Gutiérrez. El ex Presidente será víctima de una crítica despiadada y del humor masoquista de algunos de ellos. Fuego amigo, se llama.

¿Qué hay en la derecha que explique esa tendencia a la autodestrucción? En primer lugar, una desconfianza profunda y algo de envidia frente al éxito. El que amasó una fortuna, el que triunfó, es un personaje que despierta sospechas y que no merece crédito alguno. Pero la crítica surge también del espíritu de fraile inquisidor que tienen algunos, uno de los aspectos más tenebrosos de nuestro tejido social. La historia de personajes como Savonarola o el Padre Cisneros ha demostrado, en todo caso, que aquellos que se alzan como guardianes de la probidad y de las virtudes ciudadanas son, en su vida privada, los que mejor encarnan aquello que condenan.

También hay algo de limitación y de tontera en la derecha. Algo que los haría, al decir de Neruda, dignos embajadores en Avignon. Tontera de nacimiento. A decir verdad, no entiendo a los críticos del ex Presidente. No entiendo que no capten que un candidato es escrutado doblemente que un ciudadano común. Y que, exigido a esos extremos, probablemente nadie pasaría la prueba.

También hay algo de limitación y de tontera en la derecha. Algo que los haría, al decir de Neruda, dignos embajadores en Avignon. Tontera de nacimiento. A decir verdad, no entiendo a los críticos del ex Presidente. No entiendo que no capten que un candidato es escrutado doblemente que un ciudadano común. Y que, exigido a esos extremos, probablemente nadie pasaría la prueba.

En los días que vienen, veremos al más mediático de los fiscales –cámaras mediante– desplegar diatribas contra el candidato con mejores posibilidades de triunfo. Y los querubines de la decencia inmaculada, ¡de derecha!, amplificarán el show. Mientras tanto, la izquierda dura, la de los cabildos ciudadanos, la que puede aniquilar la democracia liberal, la misma que pregona la retroexcavadora, estará a sus anchas y tendrá una oportunidad electoral que no merece.

El Gobierno actual ha sido, además de ineficiente, desastroso. Su autoridad no ha sido capaz de evitar que La Moneda (la casa de los Presidentes de Chile) se transforme en un vertedero, a propósito del último paro; tampoco ha podido impedir que un pueblo del sur de Chile sea objeto de un asalto de mapuches armados.

No obstante lo anterior, parte importante de la derecha seguirá buscando un ángel lleno de virtudes. Un ángel que, por su propia naturaleza, no puede ser elegido ni votar. Qué apapayados, ¿no? De una buena vez, ¡paren!

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