De choque de placas tectónicas y de culturas, luego de ideas e ideologías en la República, con un sello industrial único, algo duro, nunca ha perdido su vocación independiente, su fuerza autónoma. Ella es ella.
Este texto del destacado cronista nacional Miguel Laborde recorre la historia, el paisaje y el imaginario de Magallanes, revelando cómo este territorio extremo, por siglos olvidado, hoy emerge como un espacio estratégico, cultural y simbólico clave en la identidad y proyección de Chile.
La imagen oficial –muy alemana– es casi demasiado perfecta. Como si sus casonas de madera, con balcones labrados y flores colgantes, fueran parte de una escenografía fílmica. Es mucho, sin embargo, lo que hay tras esa pulcra fachada. Historias nada de típicas.
La Región de Ñuble se perfiló con el tiempo; tenía la vocación de ser origen de grandes personajes llamados a encarnar los valores del país.
Algo de tierra bendita tiene esta región, lo que advirtieron los diaguitas hace siglos. Su refinada cerámica es un retrato de sus atributos, los que se reparten entre la montaña, la costa generosa y esos oasis alargados de Elqui, Choapa y Limarí.
Todo es grande en este territorio, incluso en el mapa. Es la región donde está el río más largo, la mayor mina del mundo a tajo abierto y el observatorio astronómico más importante del planeta. Es la rica “capital minera de Chile” y surgió el nombre del “Norte Grande".