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El Defensor de la Niñez: una luz de esperanza Opinión

El Defensor de la Niñez: una luz de esperanza

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Pablo Urquízar
Por : Pablo Urquízar Abogado, Jefe de Gabinete Ministerio de Defensa Nacional
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Despachado desde el Congreso Nacional y ad portas de ser ley la Defensoría de los Derechos de la Niñez, resulta fundamental evidenciar su contenido y los desafíos que enfrentará el próximo Defensor.


Recordemos que según la CASEN 2015, en nuestro país existen 4.369.035 niños, correspondiendo al 24,9% de la población total. Asimismo, según cifras del Sename, el año pasado hubo 167253 niños vulnerados y adolescentes infractores de ley, siendo 10329 los que se encontraban privados de su medio familiar en residencias de protección y 6647 en familias de acogida.

Es precisamente en la infancia vulnerada donde hemos conocido la negligencia, las muertes, el maltrato, las discriminaciones arbitrarias y el completo abandono en que se encuentran los niños por parte del Estado. La indiferencia ha sido transversal, ni siquiera aquellos encargados de velar por el respeto de los derechos humanos de todas las personas por igual, han visibilizado el dolor permanente de los niños y las niñas institucionalizados. Y es que el Instituto Nacional de Derechos Humanos Humanos (INDH), durante mucho tiempo hizo “vista gorda” de las vulneraciones ocurridas al interior de las residencias, interviniendo recién en este último tiempo y sólo en circunstancias de haber cambiado su Director.

Por eso, la Defensoría de los Derechos de la Niñez, cumpliendo el mandato de la Convención de los Derechos del Niño y de la Observación General N° 2 del Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas, viene a ser una luz de esperanza para los niños, especialmente, aquellos vulnerados. Su objeto es la difusión, promoción y protección de los derechos de los niños, siendo una entidad autónoma e independiente con personalidad jurídica y patrimonio propio.

El Defensor además, cuya duración será de 5 años, dentro de sus funciones tendrá la de hacer valer los derechos de los niños ante los órganos de la administración del Estado con el seguimiento respectivo para su cumplimiento; visitar los centros residenciales de protección y aquellos en donde los adolescentes se encuentren privados de libertad; denunciar las vulneraciones de derechos respecto de las cuáles tome conocimiento; presentar querellas cuando se trate de hechos que revistan los caracteres de gravedad y relevancia en determinados delitos, interponer recursos de protección y de amparo para resguardar los derechos fundamentales y; recomendar propuestas de cambio tanto a nivel legal como administrativo de manera de ir avanzando hacia la construcción de una sociedad que respete verdaderamente a los niños, entre otras.

Todo lo anterior, teniendo en consideración siempre los principios del interés superior del niño, autonomía progresiva, el derecho y deber preferente de los padres a educar a sus hijos y la igualdad y no discriminación arbitraria.

Con la finalidad de colaborar con su función, el Defensor contempla también un órgano colegiado asesor del Defensor que se conformará con representantes de la sociedad civil, de organizaciones de niños y de las Universidades reconocidas por el Estado y acreditadas.

Con todo, resulta importante advertir cuatro problemas que sin duda serán un desafío para la Defensoría: el primero, dice relación con la total ausencia regional que tiene existiendo sólo en la Región Metropolitana, esto sin perjuicio de que la propia ley consagra la intención de expandirse a las demás regiones. Por otro lado, muchas de sus atribuciones las tiene de forma genérica el propio INDH, lo que podría provocar conflictos de competencia entre uno y otro, o caminos y soluciones distintas para una misma situación. En tercer lugar, y teniendo en cuenta la protección universal de derechos por cuyo cumplimiento deberá velar el Defensor, será tremendamente prioritario el especial foco en la infancia vulnerada dada la dramática situación de nuestro país. Por último, el llamado a la clase política para que el primer Defensor y los que vengan, tengan la estatura, las competencias, el carácter y la experiencia que se encuentre a la altura del desafío que se requiere.

Así, la nueva institucionalidad viene sin lugar a dudas a sembrar una luz de esperanza, poniendo un elemento relevante para que de una vez por todas, hagamos realidad los derechos humanos de todos los niños, sin discriminación.

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