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El futuro de la inversión social se llama talento

por 16 mayo, 2019

El futuro de la inversión social se llama talento
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Sorprende cuando un representante de una empresa privada dice sin tapujos que en su compañía no son buenos. Fue un ejecutivo de 3M, participante de un programa pro bono en beneficio de una organización educacional, quien dijo que su empresa no se dedicaba a hacer el bien, sino a la rentabilidad económica a través de la innovación.

Fue en el contexto del Latin America Pro Bono Summit, celebrado recientemente en Ciudad de México, convocando a más de 80 representantes de organizaciones sociales del país norteamericano y a cerca de 30 de empresas privadas. Los speakers fuimos representantes de la Global Pro Bono Network, una red de organizaciones sociales intermediarias de programas pro bono, donde Trascender es el representante chileno.

La diversidad de presentaciones, paneles, preguntas, intercambios de contactos, conversaciones de café, almuerzo y pasillo, redundaron principalmente en torno a dos conceptos: triple impacto y talento.

Esas simples palabras del ejecutivo de 3M nos dio luces de lo que significa triple impacto: una experiencia transformadora para el colaborador participante; una compañía que gana un trabajador fidelizado, con un mayor insight y nuevas habilidades; y una organización social que obtiene herramientas de gestión por las que no podría pagar ni con un año de sueldo de su director ejecutivo. Empresa 2, sociedad 1, si le sumamos que 3M apuesta a la innovación no sólo en su operación, sino que también en su relación con el medio, tal vez merezca otro medio punto. Claro que no son buenos, sólo son inteligentes.

Ahora quiero ir al meollo del asunto: el talento. Para mí, a estas alturas es obvio, pero es justo que lo explique. Al margen de los recursos económicos que puedan invertirse en un programa de esta naturaleza, el principal valor de los programas pro bono está en el talento que la empresa pueda poner a disposición de una organización o un proyecto social, en el talento que crece en un colaborador que se motiva por una causa social, y en el talento de una organización social que con cuatro personas hace el trabajo de diez. Para no quedar fuera, también debe existir talento en el intermediario pro bono (sí, como Trascender), que debe construir una relación virtuosa entre asesores y asesorados, para que nadie pierda su valioso tiempo. Es por esto por lo que el futuro de la inversión social se llama talento.

También nos sorprendió la simpatía de las miembros de la red, cuya mayoría son mujeres, pero eso será tema para otra columna. Lo segundo llamativo fue la motivación por promover el pro bono como la mejor metodología de voluntariado corporativo y, tal vez, de inversión social privada. Lo tercero, consecuencia de lo anterior, fue el ánimo de compartir visiones, experiencias, metodologías e incluso proyectos. Palabras como la colaboración y el networking pasaban de ser meros conceptos, pareciendo más bien principios o paradigmas de trabajo.

Así, el Latin America Pro Bono Summit fue una experiencia completa, incluída la visita a un lugar enorme como Ciudad de México. De los taquitos que comí, los shots de aguardiente que tomé, y las mexicanas y mexicanos que conocí les puedo hablar en otra ocasión. Sólo permítanme una recomendación, si su trabajo les permite viajar, aunque sea dentro de Chile, no lo duden ni por un momento; hay más aprendizaje en un viaje laboral que en meses de capacitación.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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