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La escuela como espacio fértil para construir diálogo

por 10 marzo, 2020

La escuela como espacio fértil para construir diálogo
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Llegamos a marzo y el regreso a clases, como nunca antes en Chile, se presenta como un momento de muchas expectativas e incertidumbre. Un consenso respecto a este momento es que las comunidades escolares, como espacios de interacción social privilegiados, tienen un papel clave que jugar. Porque volver a reencontrarse es un hito significativo, repleto de posibilidades.

Cada escuela y sala de clase es así, un lugar donde se construye la identidad individual y colectiva de nuestros niños y jóvenes. Donde se aprende a convivir y compartir sentimientos y emociones que configuran nuestra matriz sociocultural. Donde se promueven y se desarrollan habilidades cognitivas, sociales y emocionales que los estudiantes necesitan para poder contribuir, de manera positiva, a nuestra sociedad y el futuro.

Por otro lado, las ansiedades que tanto alumnos como docentes puedan traer al aula, en respuesta a la contingencia nacional, podrá tener efectos sobre el aprendizaje y la convivencia. Para hacer frente a esta excepcional vuelta a clases, es importante que la comunidad educativa tenga en cuenta la importancia de la escuela como espacio de contención social y afectiva. Como terreno fértil para construir diálogos, donde habilitar la palabra será clave para deconstruir prejuicios sobre "otros" y ayudar a crear conciencia sobre los derechos y valores humanos fundamentales.

Más aún, es primordial entender que cualquier crisis representa no solamente un desafío, sino también una oportunidad de crecimiento y aprendizaje. ¿Cómo abordar las preguntas imperativas que surgen a partir de los últimos acontecimientos? ¿Cómo ayudar a los estudiantes a poner estos eventos en una perspectiva significativa? Es importante tomar lo que estamos viviendo para aprender y alentar una exploración continua de los problemas que esta situación ha dejado aún más en evidencia, especialmente para ubicarlos en un contexto histórico local y global.

Una escuela y una educación para el siglo XXI deben estar conectadas a su entorno con sus fortalezas y debilidades. En ese sentido, la educación debe dar las herramientas para que los alumnos puedan tornarse en ciudadanos activos y responsables por un desarrollo sostenible.

Aunque es un gran desafío lograr la convivencia cuando los entornos en general se han vuelto más complejos, ahí también está la riqueza de la comunidad escolar, por s potencial en promover el aprendizaje social y emocional. Este es un proceso que debe organizarse y promoverse intencionadamente y de manera transversal, no solo en momentos excepcionales, sino de manera constante, como un objetivo de largo aliento.

La crisis como oportunidad de aprendizaje de valores y habilidades, puede ser entendida, así, como otro de los pilares de la educación para el siglo XXI. Cada grupo escolar deberá, en ese sentido, encontrar sus propios modos y acciones para sentirse especialmente útil en este momento transformacional que vivimos como país.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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