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El gran revuelo legal por el bigote de Super Mario

por 18 marzo, 2017

Financial Times
El gran revuelo legal por el bigote de Super Mario
Lo que resulte de la demanda de Nintendo contra la firma MariCar, que arrienda a sus clientes disfraces de su personaje más emblemático, va más allá de ambas marcas, considerando que los juegos, los cómics y los dibujos animados japoneses inspiran a una gran cantidad de fanáticos alrededor del mundo y que alimentan a un mundo de cosplayers y de autores de dojinshi.
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Por Leo Lewis*

Un caso de derechos de autor en Japón, que ha generado debate en redes sociales, tiene divididos en dos partes a los expertos en materia legal y ha borrado la línea entre lo “definitivo” y lo “ridículo”. Es posible que todo esto dependa de la situación de un bigote falso, y posiblemente, también de un sombrero.

El corazón de esta crisis intelectual es el vello facial perteneciente a Super Mario, el personaje de Nintendo que viste una jardinera y que por más de tres décadas ha sido el rostro de videojuegos que lo han convertido en uno de los personajes de ficción más reconocidos de todos los tiempos.

Pero este verdadero monumento al logro japonés está siendo explotado de manera malvada, reclamó Nintendo en un arranque de ira, por una empresa de Tokio llamada MariCar, que ofrece servicios a los turistas extranjeros que están hambrientos por la cultura “otaku” y buscan pasar un buen rato.

El negocio de MariCar, que ha crecido más del triple desde que comenzó este embrollo legal, consiste en arrendar disfraces de varios personajes de Nintendo que aparecen en la exitosa serie de videojuegos de Mario Kart y en ofrecer a sus clientes un recorrido turístico en una flota de go-karts habilitados para la vía pública. Es un evidente caso de infracción de los derechos de autor, según algunos, ya que Nintendo demandó a MariCar por daños que ascenderían a US$90.000 el último mes ¿Pero es así?

La eventual respuesta del tribunal a esta demanda, dicen los abogados, trascenderá más allá de Nintendo y MariCar. Por eso tanto escándalo. Los juegos, los cómics y los personajes animados japoneses inspiran a una gran cantidad de fanáticos alrededor del mundo que muestran su pasión a través de una amplia variedad de homenajes, pero por sobre todo  disfrazándose (“cosplay”) o creando y publicando de manera independiente sus propios dibujos (“dojinshi”).

Los japoneses, dueños de la propiedad intelectual en cuestión, le han dado su espacio a los fanáticos, precavidos ante el poder de la protección legal “del uso privado” tratando de no poner en riesgo su reputación de manera innecesaria.

Pero como el cosplay ha evolucionado en una industria global rentable, donde las convenciones internacionales pueden mover a más de medio millón de asistentes y cobran las entrada a quienes se disfrazan, las empresas como Nintendo se están empezando a sentir menos caritativas (en especial ahora que la firma planea abrir un parque de atracciones temático de Mario en los Universal Studios en Osaka) y pueden presentir que la resolución dictada en contra de los negocios como MariCar puede ser útil algún día. Tal parece que todos han estado esperando con ansias un caso de prueba que se pueda ganar.

El argumento de Nintendo es doble. El primero es que MariCar, económicamente hablando, está infringiendo la ley de prevención de competencia desleal. Nintendo va a argumentar  que MariCar, en conjunto, es muy similar a MarioKart, acusando que el operador turístico está lucrando de manera deshonesta con la “propiedad intelectual que hemos creado con tantos años de esfuerzo”.

Pero Nintendo puede tener problemas con eso, dice uno de los mejores abogados de Propiedad Intelectual (PI), ya que MariCar no sólo ha registrado con éxito su nombre en la oficina japonesa de registro de marca, sino que además la semana pasada ganó una demanda de Nintendo en contra de su marca. Un abogado veterano de  PI familiarizado con el caso dijo: “Jugué Mario Kart cuando era niño. Me encantaba Mario Kart. Pero nunca lo llamé ‘MariCar’”.

La esperada segunda línea de ataque (la infracción de los derechos de autor) es incluso más compleja y expone a Nintendo a la humillación centrada en el bigote, si los tribunales se toman el derecho de definir ellos mismos lo que hace que Mario sea precisamente Mario. Nintendo, dicen los abogados, puede haber presentido que no los llevaría a ningún lado el atacar el ingreso económico de arrendar los trajes de Mario, pero en vez de eso se enfocará en la página web promocional de MariCar que utiliza imágenes de consumidores felices vestidos como Mario.

Ya que Nintendo es sin duda alguna el dueño de la imagen de Mario, puede que gane su reclamo si es que puede probar que los clientes tienen un real parecido a Mario. En esto se va a enfocar la discusión legal de los cuatro elementos básicos de la apariencia de su héroe: su gorro rojo, su polera roja, su jardinera azul y su frondoso bigote.

La pregunta que puede estar torturando el sistema legal japonés, y por la cual tanto abogados como fanáticos del cosplay están conteniendo el aliento, es si los cuatro elementos deben ser evidentes para el reclamo que sostiene Nintendo, o si alguna combinación de tres de ellos puede ser suficiente para defender su argumento.

Como los recepcionistas de MariCar confirmaron, no están arrendando bigotes falsos.

*Traducido por Pilar Pino, Traducción Inglés Español Universidad Arturo Prat (UNAP).

 

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