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“Somos lo que comemos”: el análisis de la filósofa Valeria Campos sobre la alimentación y su invitación a pensar+comer BRAGA

“Somos lo que comemos”: el análisis de la filósofa Valeria Campos sobre la alimentación y su invitación a pensar+comer

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Javiera Bruna
Por : Javiera Bruna Fonoaudióloga y Comunicadora
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La filósofa chilena, Valeria Campos, conversó con El Mostrador Braga, sobre la nueva realidad alimentaria surgida por la aparición del Covid-19, virus que justamente es originado por el consumo humano de un tipo de mamífero, considerado en algunas culturas como alimento. “Nuestro modo de relacionarnos con el mundo, lo tenemos a partir del modo de relacionarnos con el alimento”, comenta.


La doctora en Filosofía, Valeria Campos, desarrolla parte de su trabajo en torno a la reflexión sobre el rol que juega la alimentación en las sociedades, pues para ella, “todos nuestros significados se derivan de nuestra experiencia alimentaria”.

En el contexto provocado por la expansión del Covid-19, que tiene como efecto a gran parte de la población confinada en sus hogares, la alimentación cobra un papel preponderante en el día a día. El Mostrador Braga conversó con Valeria Campos sobre la relación entre la alimentación y este periodo de encierro, donde temas de carácter político, filosófico, lingüístico, feminista, cultural, afectivo y temporal son parte de la reflexión sobre el cotidiano acto de comer.

Y es que alimentarse sin duda ha sido una de las preocupaciones del encierro y la amenaza del desabastecimiento ha puesto en tensión el sentido común de las personas en plena crisis sanitaria.

“Es complicado hablar de la contingencia, hay hartos factores que influyen, pero lo primero que podría comentar respecto de la cuestión de la alimentación, es que se supone que el virus nació porque la gente comía la sopa de murciélagos”, comenta Campos dando inicio a la entrevista.

Políticas alimentarias y reflexiones a partir de la crisis

El encierro ha puesto sobre la mesa la importancia de adquirir alimentos en el mercado, las experiencias observadas en supermercados lo demuestran. Contra toda lógica, la amenaza del desabastecimiento, desencadena reacciones sociales contrarias a las esperadas en el marco de las medidas preventivas de la pandemia; aglomeraciones, acaparamiento, especulación, revelan nuestra naturaleza más primitiva, justamente asociada a la necesidad biológica de comer.

En relación a esta situación, la filósofa propone que “lo primero que tenemos que hacer es replantearnos el modo global de producir  y consumir alimentos”. Éste, de acuerdo a su análisis, sería el punto de partida, ya que la industria alimentaria ha influido en las creencias sociales sobre las formas de producción y consumo.

“Siempre nos han dicho que tenemos que producir a nivel industrial, que todas las externalidades negativas de la industria alimentaria, ya sea agrícola, ganadera o extractiva como el caso de la pesca;  hay que asumirlas, porque hay que alimentar a la población mundial, siete mil millones de personas, porque hay hambre”, explica.

Esta forma de ver el mercado de la alimentación es asumida por la sociedad en general,  reflejándose  en la costumbre de ir al supermercado y poder acceder a todo de forma sencilla. De acuerdo a su examen, no existiría en este punto de la historia de la civilización, una forma alternativa más simple que comprar en el supermercado. Por tanto esto es algo a lo que nos hemos habituado como comunidad.

Campos, narra, que este modo industrializado de producción de alimentos es algo relativamente reciente, “proviene de la revolución verde de 1940 donde hay un acuerdo global mundial de reconvertir toda la agricultura campesina a agricultura industrial, con esta escusa de alimentar a la población, que en algún punto debe haber sido verdad, pero que hoy en día también se le suman problemas de distribución, de acceso a alimentos que son los que realmente generan los problemas de hambre más que la falta de alimento”,asegura.

Ese es el diagnóstico inicial de Valeria para esta situación, por tanto existiría una relación entre los mercados que disponen la forma en que la sociedad se alimenta y cómo esto influye en la salud de las personas;  “La salud en general tiene que ver primordialmente con la alimentación”.

Visión médica reduccionista

Haciendo referencia a que tal vez esta premisa de la salud podría resultar obvia, aunque no le parece que sea así, continúa explicando que “la medicina hasta el momento no se ha hecho cargo de manera profunda de la alimentación, del impacto que tiene en la salud”, con esto se refiere a que salvo  la existencia de la nutrición como disciplina médica, el problema de la alimentación ha sido reducido a la obesidad y mal nutrición producida por el hambre, en este sentido, el análisis que ha dedicado la medicina a esta materia, piensa, ha sido reduccionista.

Para ella, la medicina sólo ha visto la alimentación como“el proceso metabólico según el cual tu cuerpo descompone los alimentos y los utiliza en su funcionamiento, porque es un acto básico de sobrevivencia, pero no está asociado a sus funciones que se supone que realiza el humano como pensar, reflexionar, generar conocimiento, generar arte, generar significado, esas funciones humanas que te separan de lo animal y la comida te junta con el animal y no solo con el animal con el vegetal, porque todo lo que vive se alimenta , eso es algo que dice Brillat-Savarinque es el primer gastrónomo reconocido como tal”.

A lo anterior agrega que “en la visión del primer médico de la civilización occidental, que es Hipócrates,  decía: que tu medicina sea tu alimento y que tu alimento sea tu medicina, veía en el alimento la fuente de todas las enfermedades”, la filosofa explica que de acuerdo a esta premisa, para Hipócrates  “el alimento lo ve como otro distinto que tú, que tu incorporas de manera material a tu cuerpo y que gracias a los procesos metabólicos se va a transformar en tu cuerpo”. De acuerdo a esta planteamiento, el acto de comer no sería un acto tan simple como lo que parece ser y comenta que le impresiona que esto sea tomado tan a la ligera, debido a que “eso mismo que tú estás comiendo va a ser parte de tu cuerpo, es lo más importante de la vida preocuparse por comer”.

Finalmente alimentarse no sólo sería un proceso metabólico, tiene muchos otros significados e impactos en la vida, en las sociedades, no sólo se trata de nutrientes, justifica que pensarlo de ese modo sería un error.

Unión entre supervivencia y  pensamiento

Modelos políticos, industriales, su repercusión en la salud y hasta las ventanas de reflexión que se generan a propósito de esta crisis sanitaria, han sido el hilo conductor de la conversación con Valeria Campos y es momento de pensar ¿Dónde se genera la conexión entre la supervivencia y la reflexión?

Para ella, “la alimentación siempre ha ocurrido como una necesidad biológica básica, tú la haces no más sin preocuparte demasiado por ella, hasta que se vuelve lo más importante en una situación de crisis”.

Y es que el supermercado y las dinámicas de disponibilidad inmediata, ilimitada, abundante, no permitirían visibilizar el largo proceso que existe en la cadena de obtención del alimento y esa inmediatez aporta a la pérdida de perspectiva y sentido que involucra todo este proceso.

En esta línea, reflexiona, “nadie se preocupa mucho de lo que come y cómo lo come y de conseguir comida, salvo que no tengan nada que comer y sufra hambre, entonces cuando la cosa se pone difícil, como es el caso de ahora que estamos en esta crisis, parece que de verdad era importante, pero como nunca nos hemos preparado para esto, no sabemos bien qué hacer”

En este escenario de encierro, Campos vislumbra una oportunidad para emprender acciones que mejoren la calidad de nuestras reflexiones en torno a este tema.

“Lo que yo no quiero hacer en ningún caso es romantizar esta situación actual, me parece fatal, horrible, no quiero estar encerrada, creo que si yo estoy encerrada es por culpa de un modelo económico, político que es dañino, que no nos permite organizarnos comunitariamente”.

Pese a lo anterior, cree en los balances finales una vez acaba la pandemia, “después de estar encerrados mucho rato y darnos cuenta que la comida se acaba y darnos cuenta de que el supermercado no es una fuente de la eterna generación espontánea de alimentos, después de darnos cuenta de todo esto, por una vía que ojalá no hubiese sucedido; creo que podremos empezar a organizar nuestros modos de consumo, distribución o comercialización, intercambio de otra manera”.

Sugiere que una vía inteligente sería sacar el alimento del mercado formal y organizar cooperativas de consumo que se conecten directamente con cooperativas de productores y de esta forma erradicar el modelo del retail, que a su parecer “es muy negativo para el alimento, es un muy mal modelo de mercado”, sentencia.

Pensar+comer

“¡Claro!,como te comentaba, ¡de repente tengo que cocinar todos los días o tengo que comer todos los días en mi casa!”,dice la filósofa, mientras examina el cambio de rutina en torno a este lugar de la casa. “(…) significa una oportunidad para involucrarnos en la cocina, toda la familia, no solamente la mujer y empezar a relacionarnos con el alimento de una manera cercana. Creo que cuando uno cocina empieza a generar una sensibilidad con el alimento que cambia tu manera de relacionarte con el radicalmente”, dice.

En este punto, para la Valeria la relación que tenemos con la alimentación también tendría que ver con un proceso de vinculación emocional íntima con el alimento, y esto, de acuerdo a su manera de ver, podría aportar en la generación de conciencia respecto del mismo, como parte del mundo y de la naturaleza con la que construimos una relación diaria.

Cocina, espacio privado y perspectiva de género

Para opinar acerca del género y su relación con la alimentación, Campos retoma la tesis que reviste a la alimentación como un algo básico para la supervivencia, que no ha sido materia de discusión en las esferas intelectuales, ni políticas, ni en la cultura históricamente, a esto sólo restaría un espacio que no forma parte las esferas anteriores, el espacio doméstico. “¿Y quiénes son las reinas del espacio doméstico? –Pregunta-, las mujeres”.

A esta reflexión, suma que entonces la tarea de alimentar quedaría en manos de las mujeres, “las mujeres son las nutricias”, explica. Desde la lactancia, hasta la cocina “debemos continuar con ese rol de ser las alimentantes para siempre y quedarnos en este espacio doméstico”, desarrolla y continúa “entonces se denigra todo junto, la alimentación y la mujer, es como una denigración que va en paquete”.

A este asunto se suma la profesionalización de la cocina, el que para la filósofa también constituye un simbolismo que relega a las mujeres al espacio privado al que hace referencia anteriormente, comenta que con la profesionalización de la cocina, que data de principios del siglo XX, ocurre la entrada de los hombres a la cocina y con ello la figura del chef y la profesionalización de este espacio, ocultando el rol que ha cumplido desde siempre la mujer en este espacio. Entonces, “cuando la cuestión se vuelve profesional, cuando se intelectualiza, cuando se sistematiza, cuando se vuelve pública entra el hombre y la mujer sigue recluida en ese espacio privado”, concluye.

Lenguaje, hambre intelectual y  metáforas alimentarias

Finalmente, el trabajo de esta pensadora de la alimentación se sostiene en una tesis radical “nuestro modo de relacionarnos con el mundo, lo tenemos a partir del modo de relacionarnos con el alimento”, asegura.

El lenguaje por tanto, estuvo también presente en esta conversación, ya que el alimento también está dotado de contenido simbólico, inicialmente desde sus representaciones más básicas como forma, color y sabor, hasta las metáforas alimentarias como “hambre de saber”.

“Dentro de las investigaciones más filosóficas que hago, menos política, más filosófica, está el haberme dado cuenta de que si bien los filósofos no hablan de comer, toda la filosofía, toda la teoría del conocimiento está explicada en metáforas alimentarias”. Comienza a explicar y enumera, “tengo hambre de conocimiento, me devoré un libro, digiero tu idea, voy a mirar en mi interior, incorporé lo que tú me dijiste el otro día (…) ¿cómo lo incorporaste?, -se pregunta- ¡¿te lo metiste para adentro cómo?! “, exclama para ejemplificar que el ejercicio intelectual está lleno de metáforas alimentarias, hecho en el que tal vez tampoco hemos reflexionado hasta hoy.

Valeria Campos, agradece las incursiones antropológicas que han contribuido a entender que la alimentación no es sólo un fenómeno biológico, sino también cultural y espera “darle dignidad” a ese fenómenos biológico a través de sus estudios.

Y aprovecha esta línea para cerrar la conversación, haciendo referencia a la cocina chilena:

“Sobre la cocina chilena hay una cosa que me gustaría decir, creo que es un error hablar de cocinas nacionales, hace poco fue el día de la cocina chilena, yo lo celebro porque quiere decir que estamos valorando a nivel público un modo de hacer cocina que se da aquí en este territorio que compartimos, que tiene su historia y sus materias primas, ¡fantástico! Pero asociar el carácter cultural de la alimentación a las fronteras de un Estado-Nación, me parece que es problemático. Entonces yo trato de no asociar, sobretodo porque hablar de cocina chilena en singular es no reconocer que Chile es un territorio gigante que tiene muchas cocinas no una. Entonces ¿dónde están las fronteras de la cocina? No hay fronteras en la cocina, la cocina es la única práctica humana que por definición no tiene ninguna frontera”, finaliza.

Si quieres saber más acerca del trabajo de Valeria Campos, puedes ingresar a su cuenta de Instagram @pensarcomer o participar de un curso online en que desarrollará estos y otros temas, disponible a partir del 30 de Abril.

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