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BRAGA

María del Mar Ramón sobre el consentimiento y los escurridizos límites del “no es no”

por 14 septiembre, 2020

María del Mar Ramón sobre el consentimiento y los escurridizos límites del “no es no”
El Mostrador Braga conversó con la escritora feminista y cofundadora de la Organización “Red de Mujeres”, María del Mar Ramón, sobre la necesaria construcción de una cultura del consentimiento que nos invite a revisar nuestras prácticas sexuales, redefinirlas, dialogar en torno a ellas y establecer un nuevo lenguaje que comprenda los complejos factores que se conjugan al relacionarnos.
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El Mostrador Braga conversó con María del Mar Ramón, escritora feminista y cofundadora de la organización no gubernamental argentina Red de Mujeres, autora del libro “Tirar y vivir sin culpa”, sobre cómo la culpa una vez impuesta en forma de mandatos sociales, repercute en la capacidad de las mujeres para decidir libremente sobre algunas prácticas o formas de relación y los fuegos cruzados que aparecen frente a axiomas como “No es no” en que la subjetividad del deseo puede quebrar el argumento al momento de examinar los límites, para ella “escurridizos” del consentimiento, que no se solucionan con una simple cuestión moral.

“Yo creo que la culpa sobre el placer es un poco una policía que te mantiene súper interiorizada y te ordena de cada vez que estás yendo lejos a disfrutar de cosas –siempre dentro de los marcos éticos y legales, sin irrumpir sobre las libertades de nadie, sino que con vos misma- entra un algo que te jala y te dice ‘No, no. No puede ser de esta manera’ y a mí me llamaba mucho la atención por qué esto pasaba con las mujeres y las identidades feminizadas; sí, los hombres sienten un montón de culpa, pero la viven de una forma totalmente diferente (…) Hay algo de un sometimiento necesario con respecto a la censura del placer como un ente autónomo, que resulta útil para que nosotras nos sometamos más fácilmente a ciertos tipos de relación que siempre le es más funcional al sistema patriarcal. Si todas las mujeres supiéramos que el placer es algo posible en nuestras vidas y en nuestra relación con nuestras vidas sexuales y con nuestro cuerpo, probablemente tendríamos más opciones para elegir a lo que estamos dispuestas a ceder y a lo que no”, comenta para iniciar esta entrevista.

Le experiencia feminista y la sexualidad en el espacio público

Para María del Mar, la experiencia de la “amistad feminista” sería central al momento de compartir relatos sobre nuestras vivencias “no como una cuestión teórica, sino como una experiencia colectiva” que desarma mitos y que permite saber que hay vivencias compartidas y transversales a todas las mujeres “se empieza a volver una forma muy contra hegemónica de producir conocimiento, porque la ciencia no nos estaba dando la información, pero las amigas sí, las amigas, los contactos, las redes de mujeres”, propone .

“Nuestra sexualidad no es lo privado ‘lo que se dice en la cocina’ y la sexualidad de los hombres tiene que ver con las pajas que vemos en la televisión”, dice para relevar la importancia de abrirnos al diálogo sobre las múltiples formas en que se desarrolla nuestra sexualidad. “Nuestra sexualidad contada por nosotras tiene que poder estar en un discurso que llegue a muchas mujeres”, propone “y por el otro lado, yo creo que la sexualidad como validación, como ser mujeres deseables y cogibles por los varones, sigue siendo una referencia que tenemos, en un mundo muy patriarcal donde el deseo de los hombres importa mucho y creo que poder darle un poco más de relevancia a nuestro propio deseo, es un ejercicio necesario, que es complejo de hacer en soledad, pero sí con nuestras amigas”.

A partir de este poner en común, una conclusión relevante de este ejercicio para la autora sería “Cómo empezamos a explorar la sexualidad como una experiencia consentida y placentera y no como un mandato, ni de obligación para que los hombres nos quieran y no nos dejen, ni de obligación para ser mujeres que todavía parece que servimos en la sociedad”.

El consentimiento: lógicas iniciales

Es el tema que más le interesa, sobre el que más piensa y evoluciona, indica María del Mar “creo que hay un error en saldar el término y no disputarlo todo el tiempo” y aclara cree necesario revisar constantemente las evidencias en las ciencias sociales, puesto que se van modificando en conjunto con los procesos sociales y subraya “creo que eso es algo muy importante que hace el feminismo -o el que a mí me interesa- y es reconocer su propia falibilidad para explicar el mundo y creo que eso es algo que es una potencialidad y que tiene que ser una potencialidad de cualquier ciencia social y es decir; esto no es infalible, todo el tiempo está cambiando y todo el tiempo estamos pensando porque bueno las relaciones con las personas son dinámicas”.

Dicho esto, apunta a que en un primer análisis del consentimiento el enunciado “no es no”, parecía resolver la problemática de raíz.

Posteriormente, cuenta que un evento llamó a la reflexión sobre el mismo axioma que dio paso al cuestionamiento “no sé si uno siempre puede decir que no y eso nos puso en un área muy jabonosa”, dice y profundiza con un poco de humor “además yo soy fan de las cosas que no se pueden resolver moralmente, como bueno, no hay acá buenos ni malos, si no un problema súper trascendental de la forma como nos relacionamos y es de la forma en cómo concebimos el consentimiento”.

En esta línea, la autora establece el consentimiento “en términos contractuales en los que todas las partes pueden decidir” y diferencia de inmediato “muchas veces no todas las partes tienen la misma posibilidad de decir lo que quieren y lo que no” y problematiza “pero que una parte no tenga esa posibilidad, no quiere decir que la otra parte esté consciente de ese hecho. O sea la otra parte, en general los varones no siempre saben y tienen en cuenta que nosotras no podemos decir que no o no sabemos decir que no por una galería de razones”.

Comenta “el primer mal entendido” del término examinado y ejemplifica: “Claro, vos te relacionás a tus anchas en tu vida privada, pensando que siempre podés decir lo que querés y lo que no querés, porque eres un varón y el mundo históricamente te ha escuchado y por eso y no podés entender que alguien que es de tu misma edad-poniéndonos en una situación muy consentida típica-, que está de manera consentida en tu apartamento, no pueda decirte que no”(…) “Entonces ahí hay un primer quiebre”, continúa “y ahí la primera propuesta que hacíamos en un momento con red de mujeres es que hay apelar mucho a la verbalización constante del deseo, de lo que queremos, de lo que no queremos, hay que erotizar mucho la palabra, que para eso el sexting está súper bien, hay que darle un valor a eso y no apelar al silencio o al pre supuesto y que los varones también habitúen la pregunta constante”.

Los escurridizos límites del “no es no” (o ¿Qué parte no entendiste?)

El problema que puso en cuestión al resolutivo “no es no” fue una situación ocurrida con un periodista, que María del Mar relata así “resultó que en esas hubo una situación de denuncia de acoso a un periodista de Guatemala y en todos los testimonios ellas decían que este tipo era una figura de mayor autoridad y el tipo les preguntaba – o sea había aprendido un lenguaje- pero estaba en una posición que era muy difícil negociar porque ellas siempre tenían mucho más que perder si decían que no y además no preguntaba una vez, preguntaba: ¿te puedo dar un beso? Le decían que no y entonces preguntaba 17 veces más. Él hacía la pregunta

A partir de este ejemplo, para María y las mujeres de la Red “las definiciones taxativas sobre el consentimiento son muy difíciles de llevar a la vida y cualquiera a la que le interese una vida sexual activa, sobre todo con varones hetero cis sexuales, puede también entender que las dinámicas son muy complejas y son mucho más finitas y más difíciles de poner en definiciones clavadas en piedra”, subraya.

El consentimiento desde su definición a la práctica

Para la escritora, las definiciones taxativas en torno al consentimiento son una cuestión muy compleja de resolver, “había una definición circulando ‘el consentimiento es cuando los deseos sexuales de dos o más personas coinciden’, pero no es siempre así y hay relaciones en las que una no tiene tantas ganas en el momento, pero después va sucediendo que no… esas son relaciones consentidas, o sea no siempre que no es placentero no es consentido”, dice para ahondar en los casos que mirados en retrospectivas parecen ser situaciones no consentidas o de abuso, que en el momento que sucedieron fueron relaciones catalogadas como consentidas.

Y es que no es sólo una cuestión de límites difusos. La escasez de lenguaje para definir las dinámicas que se dan en torno a lo sexual, dan espacio para catalogar situaciones que por complejas que sean podrían no constituir abuso explica María, “Entonces ahí también yo tuve mucho miedo de que todas estas definiciones cayeran en la trampa de pensar que todo es un abuso sexual y no darle un marco de mayor a que hay agresiones sexuales, que hay malas prácticas sexuales, a que hay abusos sexuales y que no está todo en el mismo orden”, dice.

El análisis caso a caso es relevante para María, también lo es el lenguaje, “hay una diferencia enorme entre malas prácticas sexuales y abuso sexual y es una diferencia que a nosotras nos conviene hacer y yo creo que esto también y lo que pasa también habla de una carencia del lenguaje que recién ahora estamos pudiendo hablar de las violencias de nuestras experiencias sexuales y tenemos pocos términos, tenemos abuso, tenemos violación, malas prácticas sexuales no se usa casi, agresión sexual no se usa casi, entonces tener pocos términos y tener pocas palabras hace también que tendamos a meter todo en la misma bolsa y también bueno, claro es difícil, entender con las herramientas de hoy, entender la sexualidad de ayer para la mayoría de nostras, pero yo sí creo que es necesario pensar con mucha responsabilidad sobre nuestras historias sexuales, no por las acusaciones, sino porque para nosotras va a ser invivible y va a ser invivible pensar la sexualidad en esos términos que queremos plantearla y en ese nivel de inflexibilidad y un poco de amenaza, pienso a nivel personal, o sea para mí sería invivible y sobretodo cuál es mi lugar de agencia ahí”.

En este punto de la conversación, la escritora conviene “que el consentimiento es una capacidad de negociación que una puede negociar sobre su sexualidad y que puede negociar hasta qué punto y hasta qué otro punto quiere no quiere. Y es una capacidad de negociación constante que se va actualizando todo el tiempo y se habla y se dice qué se desea y qué no, porque para negociar es necesario un lenguaje”, destaca y subraya “Pero para negociar hay que estar más o menos en las mismas condiciones, yo no puedo negociar con alguien que no está en las mismas condiciones, es muy compleja ese término de negociación cuando no estamos en igualdad de condiciones”.

¿Cuáles son los términos en los que a veces decidimos negociar? Yo no puedo decir que una relación sexual en la que yo no tenía muchas ganas de coger, pero no quería que el tipo que yo veía en ese momento y pensaba ‘bueno si yo no tengo esta relación sexual el tipo no me va a llamar’, es algo no consentido. Es algo consentido, es algo sobre unas bases de negociación que a mí me parecen un poco chotas hoy en día, pero que igual hay una negociación que se puede hacer, pero es una negociación posible entre partes que tienen que poder dialogar sobre eso".

El sexo de ayer y las lógicas de hoy

Para concluir la autora de “Tirar y vivir sin culpa”, insiste en la necesidad de analizar caso a caso las situaciones que pongan en cuestión los límites del consentimiento “eso nos habla de una brecha que hay entre la teoría y la praxis de nuestras vidas y por eso creo que una cuestión como el consentimiento tiene que pensarse mucho como una herramienta que se usa en la práctica, mucho más que como un debate teórico mirando al pasado, porque las que tenemos que consentir somos nostras y eso todo el tiempo está en tensión”.

Por otro lado, reflexiona en torno a una cultura del consentimiento que incluya también a los varones en el análisis “los varones hétero cis sexuales también fueron criados que ‘cuando dicen que no, quiere decir que sí y después cuando dicen que no es no, pero después cuando hay silencio, no hay ninguna preocupación' y también fueron criados en que la sexualidad heteronormada es como penetrativa y ya, no hay un registro del placer y no hay tampoco un diálogo, entonces entiendo que a nadie le guste pensar en los varones, pero yo sí creo que hay que apelar a que la sexualidad de todas y todos tiene que ser mejor y tiene que ser más consentida, no en la próxima generación, sino en esta”. E invita a los varones a “revisar sus prácticas sexuales  puedan empezar a hacerlo ahora y tengan otras prácticas ahora”

Y finalmente a las mujeres “también creo que como mujer o como identidad feminizada te puedes arrepentir y ello no necesita que esto tenga que estar en un manto de una cuestión no consentida, muchas veces la sexualidad no es algo placentero –yo soy una militante del placer- pero es una trampa caer en que la sexualidad que no es placentera no es consentida, porque no es tan así, no podemos caer en esos axiomas que yo entiendo que me he dedicado mucho a hacerlos, pero que hoy en día sí que tenemos que construir una cultura del consentimiento que hace diez años no existía y creo que es ahí donde tiene que estar puesta la concentración ideológica de nuestras relaciones sexuales y de nuestras fantasías".

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