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La paradoja del género en la comunicación científica

por 14 marzo, 2021

La paradoja del género en la comunicación científica

Crédito: Foto de ThisIsEngineering en Pexels

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En los últimos 60 años la comunicación científica se ha desarrollado y expandido significativamente en el mundo, haciendo que la ciencia sea cada vez más accesible. Hoy es un área de investigación bien establecida, una práctica y una profesión. No obstante, en Chile es un campo y un desafío relativamente joven.

Las mujeres han estado haciendo comunicación científica (a menudo pasada por alto) durante siglos, recorriendo un largo camino. Primero transitando desde un campo masculinizado hasta un creciente desequilibrio de género que lo ha convertido en un campo feminizado.

No obstante, la sobrerrepresentación de las mujeres en la comunicación científica no se ha traducido en una transformación sustantiva del área y sus prácticas.  Los hombres siguen ocupando las posiciones más altas, en términos de reconocimiento, estatus, posiciones de liderazgo, recompensa financiera y de reputación, a pesar de estar subrepresentados.

Las mujeres en el campo todavía tienen menos voz y presencia reconocida como expertas en estos espacios, a pesar de ser el género predominante en el sector

Ellos informan con más frecuencia sobre todos los temas científicos en medios de comunicación, con más apariciones en cámara en las principales cadenas de televisión, periódicos y sitios de noticias científicas del país, situación que se repite a nivel global. De igual forma, continúan siendo los oradores principales, invitados expertos y panelistas en toda clase de eventos donde se requiere de la comunicación científica.

Así las cosas, las mujeres en el campo todavía tienen menos voz y presencia reconocida como expertas en estos espacios, a pesar de ser el género predominante en el sector. Si a eso le sumamos salarios más bajos y menos estatus, estamos frente a todas las características de una clásica feminización, marginación y desvalorización observada en otras áreas, en este caso subordinada a la práctica científica, de la misma manera que la práctica docente está subordinada a la producción de conocimiento y es también un campo feminizado.

Tener diversas voces en la comunicación científica es tan positivo como lo es para la práctica científica. Sin embargo, ambas áreas están aún definidas por las tensiones de género, raza, clase, el acceso y las dinámicas de poder. Lo que se comunica, cómo se comunica, a quién se comunica. Asimismo, el conocimiento científico que se comparte se realiza desde una perspectiva, que está atravesada por todas estas tensiones y que usualmente representa la visión dominante.

En este momento de la historia, que es particularmente desafiante para la comunicación científica, en medio de una pandemia, con una crisis climática que se agrava y las crecientes preocupaciones de la ciudadanía sobre las nuevas tecnologías, desde la inteligencia artificial hasta la modificación genética, resulta urgente avanzar en llevar el valor de la diversidad a la comunicación de las ciencias.

Es, sin duda, un buen momento para reflexionar sobre la necesaria transformación de la comunicación científica, a través de las interseccionalidades de género, raza, clase social e inclusión sociocultural, pero, sobre todo, para cuestionar explícitamente las dinámicas de poder (en este caso, las de género) que se dan también en la comunicación científica y que han estado eclipsadas por la “sobrerrepresentación” de mujeres en el área.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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