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Vanessa Araya, la segunda muerte de una enfermera en menos de un año

por 12 mayo, 2021

Vanessa Araya, la segunda muerte de una enfermera en menos de un año
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Hace unos días nos enteramos del suicidio de una compañera y colega nuestra, Vanesa Araya. Luego de Florencia, esta es la segunda muerte de una enfermera en menos de un año, en el mismo lugar, con denuncias por acoso, con jefaturas y encargados al tanto del abuso de poder, indiferencia y maltrato que sufrían.

Dentro del ámbito de salud, el maltrato laboral, acoso sexual y acoso laboral es algo que se arrastra de décadas, inmersas en esta cultura jerárquica, con miles de historias que se podrían contar. Si bien no todas terminan con un suicidio, muchas han arruinado la vida y la salud de miles de personas, y, sobre todo, de mujeres.

Si una enfermera está ocupada, todas las enfermeras estamos ocupadas. Si una enfermera terminó sus tareas, es porque todas las enfermeras terminamos nuestras tareas. Toda enfermera es mi compañera, no mi competencia.

En nuestra área reina la impunidad: jefaturas cómplices y/o maltratadoras, directivos e instituciones que niegan este tipo de violencias, asociaciones sindicales y gremiales, que teniendo antecedentes no velan por las víctimas. El problema no radica solamente en que las víctimas “no denuncien”, es que no hay respuesta, justicia ni reparación para ellas, ni sanción para maltratadores y abusadores.

Nos preguntamos: ¿Cómo esperamos que denuncien? ¿Cómo es posible que la sociedad médica dueña de la clínica, donde ya perdieron la vida nuestras dos colegas, no fuera capaz de intervenir cuando sucedió el primer fallecimiento? ¿Cómo es que, siendo alertados, no hicieron nada y permitieron que esto sucediese?

En este contexto, creemos que ya es momento de levantar la voz, pues se han vulnerado derechos fundamentales: a la vida y a la integridad física, psíquica y moral. Demandamos que los empleadores cumplan con SU DEBER, que es preocuparse por la salud de trabajadoras y trabajadores.

Nuestras más sinceras condolencias a toda la familia, amigxs y cercanxs de la enfermera Vanessa Araya.

Como enfermeras feministas luchamos para que esta violencia acabe y exigimos que tanto nuestro estamento, como el resto de los equipos de salud, luchemos para que todas y todos trabajemos en un ambiente laboral libre de violencia y maltrato. Así como demandamos que “las autoridades” de los establecimientos generen y aseguren relaciones laborales de respeto y equidad, también es deber de nosotras como trabajadoras que exijamos protocolos de buenas prácticas y de respuesta al abuso y acoso laboral y sexual, con el fin de proteger y resguardar nuestro bienestar.

Por tanto, declaramos con sororidad: Si una enfermera está ocupada, todas las enfermeras estamos ocupadas. Si una enfermera terminó sus tareas, es porque todas las enfermeras terminamos nuestras tareas. Toda enfermera es mi compañera, no mi competencia.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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