
Beatriz Salgado, buza científica: “Exploro un mundo en el que me encantaría que hubiera más mujeres”
“No es tan común ver a mujeres buzas. Al igual que en la ciencia, es un área mucho más masculinizada”, dice. Pero ve con optimismo cómo eso ha ido cambiando.
Beatriz Salgado Murillo tiene 33 años y es de las pocas mujeres que se dedican al buceo con fines científicos en nuestro país. Partió su formación profesional como Bióloga Marina en la Universidad de Valparaíso, y trabajó como divulgadora y educadora científica en sus primeros años fuera de la Universidad.
Desde esos años practicaba buceo deportivo, actividad que complementaba con trabajos de verano en la escuela de buceo PleamarSub, lo que le permitía costear las exigentes certificaciones y el equipamiento especializado que esta disciplina requiere.
Cuando conoció ECIM (Estación Costera de Investigaciones Marinas), donde hizo su práctica profesional, se dijo a sí misma que volvería a trabajar ahí, y algunos años después logró su objetivo en el laboratorio de Evie Wieters y luego en el Nutme (Núcleo Milenio para la Ecología y Conservación de los Ecosistemas de Arrecifes Mesofóticos Templados).

Créditos: Cedida
¿Qué significa exactamente ser buza científica, en qué consiste?
No era algo que tuviera en mente al inicio de mi carrera. Mi profesión ha ido cambiando mientras he estado en el ECIM. Hice mi práctica aquí en 2012-2013 y regresé hace unos cinco años. Desde que salí de la Universidad siempre trabajé como comunicadora científica y educadora ambiental, en distintos espacios con adultos mayores, niños, niñas y pescadores. Sin embargo, sentía que me estaba alejando del mar, y yo quería volver.
En ECIM volví a trabajar con Alejandro Pérez Matus y Evie Wieters Buchanan, investigadores de la estación y Director y Directora Alterna del NUTME, quienes utilizan el buceo en sus investigaciones. Fue entonces cuando pensé: “Quiero volver aquí y bucear”. Pero no como el buceo deportivo que practicaba desde que salí del colegio, sino un buceo científico.
Mi pega varía: equipos, experimentos y recolección de muestras, por ejemplo. Tengo una carterita plástica que yo misma hice; es como un frasco con tapa y con hoyitos para que salga el agua. Si necesito subir muestras de especies, las voy poniendo ahí dentro. Ahora también trabajo para todas las líneas de investigación del NUTME, que son varias. Esto incluye también mucha gestión, administración y planificación.
¿Siempre supiste que querías ser buza?
Soy bióloga marina. La verdad es que la carrera la conocí bien tarde en el colegio, porque mi mamá quiso estudiar esa carrera en algún momento, pero estuvo cerrada muchos años en dictadura. Mis padres son profesionales de la agronomía, trabajan con la tierra. Siempre la familia estuvo ligada a la tierra, y al mar también. Mi abuelo era navegante y mi papá en algún momento también se metió a bucear, a sacar pescado. Somos de Concón, Viña del Mar, Laguna Verde, entonces, siempre estuve muy cerca del mar.
Siempre quise estudiar Agronomía, hasta que mi mamá me dijo: “Bea, intenta algo nuevo. Ya sabes que te gustan los cultivos, las plantas, la tierra… este es un camino seguro, pero prueba otra cosa. Y, con todo el privilegio que eso significa, si no te gusta o te cuesta, te cambias a Agronomía y, a lo más, pierdes un par de años”. Y nada, entré, me enamoré y aquí estoy: Bióloga Marina.

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¿Hay alguna diferencia importante entre bucear siendo hombre o mujer, considerando que el buceo —al igual que la ciencia— es un ámbito históricamente masculinizado y con poca presencia femenina?
No es tan común ver a mujeres buzas; al igual que en la ciencia, es un área mucho más masculinizada ¡Hace algunos años esta brecha era mucho más notoria!. Sin embargo, en los últimos cinco o seis años, gracias a los programas de inserción de mujeres en ciencia y en STEM, me he encontrado con más niñas, jóvenes y mujeres adultas interesadas o asombradas por estas áreas. Siento que esos programas están dando resultados.
Cuando nosotras éramos más jóvenes, no teníamos referentes femeninos en la ciencia. Para mí no era algo que me llamara la atención como “Oh, no hay ninguna mujer que lo haga”, porque estaba tan normalizado que las mujeres no estuvieran, que simplemente no estaban.
Después, cuando una ya está intentando meterse en la ciencia, te das cuenta de que realmente no hay muchas mujeres. Empecé a hacer una lista mental de mis referentes cuando era niña: Jacques Cousteau, David Attenborough… grandes exploradores y comunicadores. Ya más adelante, en la universidad, conocí el trabajo de Jane Goodall y Sylvia Earle, investigadoras pioneras que nunca habían sido nombradas en mi formación, y me pregunté: “¿Dónde estaban estas mujeres?”. Tuve la oportunidad de conocer a Sylvia Earle en Estados Unidos y casi me muero de emoción. Incluso pude compartir con ella y participar en un taller; fue maravilloso. Ahora pienso: “Qué ganas de haberla conocido antes”.
En cuanto a si hay alguna diferencia importante entre bucear siendo hombre o mujer, no la hay en cuanto a capacidades, sin embargo el buceo, especialmente el técnico, sigue siendo un ambiente con mayor presencia de hombres. En mi equipo de buceo técnico soy la única mujer. En la estación hay otras mujeres buzas —Catalina, Gabriela, Emilia, Fernanda y Camila— que trabajan a profundidades más someras, hasta 20 metros, y son espectaculares, pero en el equipo técnico solo estoy yo. Cuando practicas buceo siempre lo haces en dupla, por seguridad, y en mi caso mi dupla histórica ha sido Rodrigo Alarcón (encargado de seguridad y operaciones náuticas en Nutme).
Como llevamos varios años trabajando juntos, y tantas horas bajo el agua, nuestro consumo de aire y ritmo de trabajo son muy similares. Estamos en gran sincronía: nos comunicamos y nos conocemos muy bien, algo fundamental, porque bajo el agua no se puede hablar. Existe un lenguaje de señas, y si quieres decir algo más complejo, también usamos libretas para escribir.

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No hay mucha gente que sea buzo, y menos aún técnico o científico, como lo hacen ustedes. Para llegar a ese nivel se necesitan capacitaciones específicas, licencias y mucha práctica. ¿Cómo fue tu camino para lograrlo?
Creo que estuve en el lugar correcto en el momento perfecto. ECIM tiene investigadores e investigadoras que están súper activas en la investigación y en busca de nuevas tecnologías y nuevas herramientas. Cuando vi al equipo de este proyecto pensé: “Yo quiero entrar ahí, quiero ser parte de eso; ese es el camino”.
Para lograrlo, primero obtuve licencias más clásicas de buceo, como PADI (Professional Association of Diving Instructors), NAUI (National Association of Underwater Instructors) o DGTM (Dirección General del Territorio Marítimo y de Marina Mercante, que es chilena). Son licencias deportivas que te enseñan a bucear desde cero, y que saqué por mi cuenta. Luego, las certificaciones más orientadas al buceo científico y profesional las hice acá en la estación.
Por ejemplo, hicimos cursos de descompresión, de Nitrox, y otros, donde aprendes a bucear con otras mezclas de gases que te permiten bucear más tiempo y/o más profundo. En el buceo deportivo tradicional se bucea con aire comprimido (21% oxígeno, 78% de nitrógeno y otros gases en menos cantidades). Lo que se hace es que se toma el aire que respiramos normalmente y se utiliza un compresor para meterlos a gran presión en botellas, de las que luego respiras con tu equipo de buceo.
¿Cómo es el buceo científico que realizas y qué capacitaciones requiere?
A diferencia del buceo deportivo, nosotros superamos el límite de descompresión, lo que significa pasar más tiempo bajo el agua y a mayor profundidad. Esto exige descompresión: subir lentamente y hacer paradas para que el cuerpo elimine las burbujas de nitrógeno acumuladas en los tejidos. Por eso utilizamos más de una botella: un gas para el fondo, otro para la subida y otro para la superficie.
Con el sistema que típicamente trabajamos con Rodrigo, llevamos tres o cuatro botellas —dos en la espalda y una a cada lado— más carteritas para recolectar especies, equipos oceanográficos para instalar en el fondo, planillas para anotar y todo lo necesario para tomar datos y comunicarnos bajo el agua. En Chile el reto es doble: el agua es fría todo el año y muy turbia. En primavera y verano la productividad del mar es altísima, hay días en que a las 9 de la mañana parece de noche bajo el agua, sin luz alguna, lo que obliga a usar linternas para continuar con la investigación.

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Ahora en el Nutme estamos incorporando otro sistema más: el CCR (rebreather de circuito cerrado). Este equipo recircula el aire y permite estar mucho más tiempo bajo el agua y llegar a mayor profundidad con menos carga. Filtra el dióxido de carbono de la exhalación, lo mezcla con oxígeno y lo reinyecta, ajustando la mezcla según la profundidad. Hace pocos meses nos capacitamos con Rodrigo y otro compañero, Tomás, en esta técnica. Por ahora estamos aún en etapa de entrenamiento, mientras que Alejandro Pérez Matus, director del Nutme, y Vladimir Garmendia, estudiante de doctorado del mismo proyecto, tienen más capacitaciones encima y ya han usado el CCR a 70 metros de profundidad.
¿Te gustaría más reconocimiento a la labor que haces?
Y eso que ni siquiera hemos hablado de las madres que son científicas, yo no soy madre, pero las que lo son lo tienen difícil. La maternidad es algo que uno se cuestiona mucho en la ciencia, porque implica una pausa también en los experimentos, en las investigaciones que suele ser muy difícil.
Y la ciencia es rápida, requiere estar haciendo mucho y compartir los resultados en publicaciones científicas y congresos. Tú te fuiste y perdiste. Imagínate que lograste tener una hija y tu trabajo es muy amable con la crianza, perfecto. Pero después tienes que ir a comunicar porque te exigen participar y comunicar tu investigación. ¿Con quién vas a ir a dejar a tu lactante, por ejemplo? Es muy bueno que intenten visibilizar a las mujeres, pero también como somos pocas y se abren nuevos espacios, hay una presión de estar en todas.
Otra cosa que me llama la atención es que cuando entré a estudiar biología marina, y también lo he visto en otras generaciones, las mujeres son la mayoría en los cursos, pero algo pasa y luego en los espacios laborales muchas veces somos minoría. ¿Qué sucede con el resto? ¿Por qué ocurre esta inversión de proporciones? También me parece que estas son preguntas claves.

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¿Qué podemos hacer nosotros en Chile como personas para impulsar a que más gente, más mujeres también puedan dedicarse a la ciencia, a investigar?
Creo que es muy importante la comunicación, que se trabaje con los y las científicas en Chile, que estemos en los espacios públicos, me refiero también en la tele o en los diarios, en las revistas, en las conversaciones. Por una parte, pienso que es relevante levantar referentes de mujeres que inspiren a otras a ver en la ciencia y en el buceo un camino profesional posible, y por otra parte, que se implementen políticas al interior de los espacios laborales que no solo busquen incrementar la participación de mujeres en número, si no que también propicien las condiciones para que esto ocurra sin perjudicar su bienestar ni el de otras personas que muchas veces tienen a su cuidado.
Ahora bien, independiente del género, a nivel país hay un problema transversal que enfrentan quienes trabajan en ciencias, que es la precarización laboral. Muchas veces se trabaja sin contrato, por proyectos altamente competitivos o de corta duración, lo que dificulta la estabilidad y la proyección.
Es super importante que quienes están hoy tomando decisiones para diferentes políticas públicas y legislativas consideren los datos que son producto de las investigaciones. Muchas veces las y los científicos recomendamos y luego los políticos proponen o votan sin tomar en cuenta esta información, como ha sido el caso de Dominga.
Las ciencias y la tecnología pueden ser aliadas muy importantes para los desafíos que se vienen. Llevándolo a una cancha mucho más chica, el que en nuestro equipo estemos usando estos circuitos cerrados de buceo es una apuesta super grande para empujar el límite de lo que conocemos. A mí me parece que es un desafío tanto del cuerpo como de la exploración del medio marino.