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Es autor de filmes con The Beatles, Pink Floyd, Jimmy Hendrix y The Who, entre otros

Cultura - El Mostrador

Las aventuras de Tony Palmer, el documentalista musical que compartió con los grandes

por 9 diciembre, 2015

Las aventuras de Tony Palmer, el documentalista musical que compartió con los grandes
El veterano documentalista británico, cronista de seis décadas de música, desde el rock a la ópera, es el invitado del Festival In-Edit, que presenta diez de sus cintas. Aquí hace un repaso a algunas de ellas, como “Bird on a wire”, con Leonard Cohen, y “Ginger Baker in Africa”, junto a su amistad con John Lennon, Leonard Cohen, Frank Zappa y Eric Clapton.
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Después de más de 100 filmes musicales, de haber sido un amigo cercano de John Lennon, de que Eric Clapton lo invitara al primer show de Cream, de dirigir junto a Frank Zappa la primera cinta rodada en video y de haber llegado al alma de Leonard Cohen durante una gira, el cineasta británico Tony Palmer no le adjudica mayor peso a la música en su iniciación profesional. Lo suyo no comenzó con fanatismos ni un oído melómano. Lo suyo partió con una mujer.

“Estudiaba Ciencias Morales en la Universidad de Cambridge y nunca había pensado en tener una carrera en música y cine, pensaba dedicarme a alguna carrera académica. Tenía un amigo en Oxford y un día me preguntó: ‘¿qué vas a hacer el verano?’ No tenía nada por hacer y me invitó a trabajar en un filme que se iba a rodar durante el Festival de Salzburgo, en 1964. Yo era el asistente del asistente del asistente, y básicamente tenía que cargar cajas”, cuenta.

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Tony Palmer. Crédito foto. Jorge Letelier

 

“Un día estaba descansando exhausto en un museo, cuando entra el pintor Oskar Kokoshka y en una esquina estaba la mujer más hermosa que había visto en mi vida, completamente desnuda. Kokoshka comenzó a pintarla y yo pensé: ¿y además me van a pagar por esto? Olvidé todo lo demás y decidí que iba a buscar trabajo en la industria del cine”.

Escuchar a Palmer es como el sueño del mitómano, el que construye historias fantasiosas sin más sustento que la imaginación. Pero lo del británico es, sin falsa modestia, unir una anécdota tras otra sobre genios del rock, tipos que cambiaron la cultura popular del siglo XX y a los que conoció íntimamente, los filmó y estuvo parado al medio de un tiempo y espacio que no volverá a repetirse.

“Yo creo que los años que van desde 1965 hasta 1971, es un gran momento en la historia de la música popular, una época dorada. Nada se le ha igualado. Fue un momento de creatividad tal como la Rusia de fines del siglo XIX o la Viena de inicios del siglo XX, con Freud, Mahler, Klimt. Fue algo completamente extraordinario.

-¿Por qué cree que sucedió?

-Solo sucedió, fue algo totalmente casual, aún me preguntó por qué. Londres fue en los 60’ el centro de la cultura universal. Esos son momentos que ocurren y no hay una explicación lógica.

La historia es conocida. En 1963 llegó a Cambridge llegó una banda que estaba empezando a hacerse conocida: Los Beatles. Como reportero del periódico universitario, Palmer asistió a la conferencia, pero no preguntó nada. “Al rato me tocaron el hombro, me giro y era John Lennon. Me dijo: ‘tú no preguntaste nada, ¿por qué?’”.

“’Porque todo era muy tonto’, le dije. ‘¿Tú que estudias?’, inquirió Lennon. ‘Ciencias Morales’, le respondí. ‘Eso es bastante tonto’, respondió, agudo, el Beatle. En ese momento me pidió que le mostrara parte de la universidad. Eso hice y quedó muy agradecido. Me dio un papel con su número telefónico. ‘Cuando vengas a Londres, llámame’”, recuerda Palmer.

Se demoró tres años en ir a Londres. En ese momento ya estaba trabajando en la BBC y había debutado con el filme “Benjamin Britten & his festival”, la primera cinta del canal británico en ser exhibida en EEUU. Y sacó su papelito con el número y lo llamó. “Me contestó su publicista, le di el mensaje y a las tres horas me llamó Lennon. ‘¿Por qué te demoraste tanto en llamar?’, fue lo primero que me dijo”, cuenta.

Estar parado en el lugar y momento indicado, fue la clave para Palmer. Lo que le permitió enfrentar su trabajo más ambicioso con la ayuda del cerebro de los Fab Four. Mientras conversaba con Lennon, le comentó de su trabajo en la BBC, y este le dijo: “¿Por qué no haces algo con el rock & roll?, porque no está saliendo nada en televisión”, recuerda.

“Pero yo no conocía a nadie en ese mundo. La única excepción era Roger Waters, quien había sido compañero de universidad. Entonces Lennon me dijo, ‘yo tengo los contactos, tú sólo filma’. Y llamó a todos: Jimi Hendrix, Cream, Frank Zappa, Eric Burdon de The Animals, Pete Townshend de The Who. Así salió “All my loving”, mi segundo filme”, dice Palmer.

La última gira

Invitado por el Festival In-Edit, Palmer está presentando diez de sus filmes y dará hoy miércoles, una masterclass sobre su trabajo en la Sala de Cine UC (16.00 hrs.). Dos de estos filmes son parte de “All my loving”, su fresco epocal que tiene 17 partes y la palabra definitiva para adentrarse en ese período único.

En cada una de las presentaciones que hace de los filmes en In-Edit, Palmer hace gala de su saludable memoria para los detalles y narra con precisión el origen de ellos. Y si hay uno que destaca por sus anécdotas sabrosas, es “Bird on a wire”, el registro de la que iba a ser la última gira de Leonard Cohen por Europa en 1972, filmada con tal minuciosidad por Palmer que el poeta y músico canadiense se expone en su más cautivante intimidad y profunda sensibilidad.

-¿Cómo logró mostrar el lado más personal de Cohen?

-Fue una suma de casualidades. En 1971 el manager de Cohen me llamó para que fuera a una reunión a Nueva York, para ofrecerme un proyecto. Llegué allá y me reuní en su oficina y me dijo que quería que filmara la gira de Cohen por Europa, que sería la última porque el sello no le renovó el contrato. En ese momento entra él a la oficina y el manager lo echa en el acto. ¡Cohen no sabía que se había quedado sin contrato y sería su última gira!

Al canadiense no le gustaba salir de tour y el filme lo expone claramente: es tal el desgaste emocional en sus conciertos y el compromiso que logra con sus fans, que es una empresa que termina siendo avasalladora y donde muestra su vulnerabilidad a niveles por momentos sobrecogedores.

“Sólo le pedí que pasara lo que pasara, me dejara filmar absolutamente todo”, cuenta Palmer. En la cinta se muestra la torpeza del cantautor para manejar la descarada seducción de una fan, así como la cándida ingenuidad para solucionar problemas, como el momento en que unos asistentes exigen la devolución del dinero por el mal sonido, a lo que Cohen les responde pagando de su bolsillo.

Durante la presentación del filme, Palmer desempolva la anécdota de una asistente a la premiere de “Bird on a wire”en Canadá, cuando le dijo que le había arruinado la imagen que tenía del canadiense porque verlo en el filme era mucho mejor que escucharlo en sus discos.

“Leonard Cohen odió absolutamente el filme. Tanto, que me dijo que él haría un nuevo montaje, financiado de su propio bolsillo. Le entregué todo el material y llegó con la versión dos, que era terrible. El mismo la detestó profundamente. Esa versión nunca salió a la luz y el filme se perdió para siempre”.

-¿Cómo lo recuperó entonces?

-El manager de Cohen era el mismo de Frank Zappa. Con Zappa hice “200 motels”, la peor película del mundo pero no sé por qué a todo el mundo le gusta, fue el primer largo rodado en video en la historia. En 2008 o 2010, el manager me dijo: ‘por qué no lanzámos de nuevo esta película con todos los ajustes que quieras’. Él tenía todos los archivos y me dijo si los quería usar, ahora que Zappa estaba muerto.

Entonces el manager fue a buscarlos a su bodega y un día me llama completamente excitado. Había encontrado unas latas que decían “Bird on a wire”, 48 en total. ¡Estaba casi todo el filme! Del soundtrack pudimos recuperar el 70%, había muchos negativos que estaban literalmente desintegrados. Entonces tomé todo el material y uní digitalmente 3.000 fragmentos, uno a uno.

-Pero la teleserie no terminó allí.

-Así es. Para lanzar el filme en DVD yo quería usar un dibujo de Pablo Picasso donde sale una paloma. Tenía una amiga aristócrata, Lady Ashcroft, y le pregunté quién podría manejar los derechos de la obra de Picasso. Ella me dijo que en España había una fundación o institución que velaba por la obra, y me dio un número. Llamé y me contestó una baronesa o condesa o no sé qué, quien no entendió absolutamente nada de lo que estaba hablando. Le volví a explicar que deseaba usar una imagen de Picasso para ilustrar el DVD. Entonces me dijo que le enviara la película. Así lo hice y un mes después –cuando ya me había olvidado del asunto- gedores.y donde muestra su vulnerabilidad a niveles por momentos sobrecogedores.me llamó y me dijo que la película la había hecho llorar y que podía usar la imagen. Yo le volví a preguntar sobre los honorarios que me costaría y la condesa me dijo: ‘Ud. no me entiende Mr. Palmer, yo le estoy cediendo los derechos, no quiero dinero”. Así fue como obtuve gratis la imagen de Picasso que ilustra el DVD.

En auto por el Sahara

Otro filme que Tony Palmer está exhibiendo en In-Edit es “Ginger Baker en Africa”, cinta de 1973 que muestra al demencial baterista de Cream con su proyecto de instalar un estudio de sonido en Lagos, Nigeria. La relación del director con Baker se remontaba a la época de los Yardbirds, el grupo inicial de Eric Clapton. Palmer escribía críticas musicales para el diario The Observer y fue invitado por Clapton al primer concierto del nuevo grupo que estaba formando, Cream. Así conoció a Jack Bruce y Ginger Baker, sus compañeros en el primer power trío de la historia del rock.

“Lo que hicieron fue completamente sorprendente. Escribí una larga reseña de ellos y nos hicimos cercanos. Como el grupo duró muy poco, apenas dos años, luego filmé sus conciertos de despedida, en el Royal Albert Hall.  Al tiempo me encontré con Ginger y le dije de hacer un filme sobre su periplo en Africa, ya que él estaba trabajando con la música de la costa oeste del continente. Ginger fue la primera persona en reconocer el valor de la música africana, armó un estudio en Nigeria cuando nadie antes lo había hecho”, dice.

Fue a su estilo impredecible, Baker le dijo a Palmer que irían a Africa pero no en avión. “Tenemos dos complicaciones, Ginger”, le respondí. “Hay que cruzar el Mar Mediterráneo  y después atravesar el Desierto del Sahara. ‘No es problema, iremos manejando’”, respondió el colorín baterista.

La mitad del filme es justamente esa travesía en un viejo jeep, surcando polvorientos poblados argelinos y cayendo en las manos desconfiadas de la policía local, quien retuvo sus pasaportes y no quería dejarlos ir. Luego, en Lagos, la cámara de Palmer documenta casi obsesivamente las larguísimas jam sessions que Baker efectuaba con sus colegas africanos, entre los que estaba el legendario Fela Kuti. Las secuencias parecen un largo trip monocorde e hipnótico, acompañada de la voz de Palmer, quien parece haber estado bajo el mismo influjo del sobreestimulado Baker.

-Buena historia. ¿Sabía que en In-Edit se exhibe “Lambert & Stamp”, sobre los legendarios managers de The Who?

-Claro que la conozco. Las imágenes en que aparece Kit Lambert la filmé yo. Son mías y se las cedí al filme.

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