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Reflexiones sobre lo que fue la Muestra de Dramaturgia 2016

por 13 noviembre, 2016

Reflexiones sobre lo que fue la Muestra de Dramaturgia 2016
El territorio de la muestra de dramaturgia nacional, es uno que busca permearse de todo aquello que está aconteciendo en el teatro más nuevo, tal vez no necesariamente más innovador -por lo menos este año- pero si aquel de quienes están desarrollando nuevos planes escriturales y, por lo tanto, escénicos, también. Se deja tocar por las nuevas influencias que surgen en ese terreno salvaje y nunca del todo colonizado que es el teatro, por tanto, siempre se aplaude el esfuerzo y la búsqueda de nuevas voces; decisiones más o decisiones menos, la curatoria de este festival hizo su trabajo con seriedad, competencia y pluralidad. Se le brindó la posibilidad a nuevos dramaturgos, lo que permite que vayan tomando posición otros artistas y desarrollándose nuevos mundos escriturales.
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Diversidad de enfoques dramatúrgicos, estilos de teatrales y dispositivos escénicos es una característica determinante de la muestra de dramaturgia nacional hoy. No podría hablar de un sello de escritura o temáticas, sino por el contrario, resulta interesante en esta muestra la variación y lo disimiles que son las propuestas.

La muestra de dramaturgia nacional, sin duda, este año fue particularmente atrayente, en tanto se puede observar en ella el intento de abrir nuevos espacios, nuevos formatos y apuntar a constituir o desarrollar nuevas audiencias; lejos de tratarse de espectáculos elitistas y vinculantes solo al medio artístico, la muestra de dramaturgia nacional, evidentemente, apuesta por desarrollar escenificaciones de calidad, reflexivas, con intereses en distintos lenguajes teatrales, pero al mismo tiempo, con un marco referencial de un público amplio e inclusivo. Bajo este aspecto, observar a colegios asistiendo a esta muestra, me parece un fenómeno totalmente positivo, puesto que en este sentido, las nuevas audiencias se están insertando en el medio artístico y no se les está llevando una obra “vendida” a un colegio, sino que la audiencia entra al “medio cultural”.

La Muestra de Dramaturgia, sin duda, este año apostó por una apertura a nuevas audiencias y expansión en territorios, atrayendo al público a sumergirse en lo que está sucediendo en la escena actual.

En este sentido, el que la muestra incluya nuevos formatos de expresiones artísticas y nuevas miradas, por ejemplo, integrando muestras públicas (como teatro Container y Cocina pública de Valparaíso), indica que se está rescatando una originalidad en nuestra propia dramaturgia, descentralizando el evento, apuntando a provincias y, por sobre todo, rescatado un sello identitario.

El territorio de la Muestra de Dramaturgia Nacional, es uno que busca permearse de todo aquello que está aconteciendo en el teatro más nuevo, tal vez no necesariamente más innovador -por lo menos este año- pero si aquel de quienes están desarrollando nuevos planes escriturales y, por lo tanto, escénicos, también. Se deja tocar por las nuevas influencias que surgen en ese terreno salvaje y nunca del todo colonizado que es el teatro, por tanto, siempre se aplaude el esfuerzo y la búsqueda de nuevas voces; decisiones más o decisiones menos, la curatoria de este festival hizo su trabajo con seriedad, competencia y pluralidad. Se le brindó la posibilidad a nuevos dramaturgos, lo que permite que vayan tomando posición otros artistas y desarrollándose nuevos mundos escriturales.

A su vez, los directores enfrentados a ese fenómeno multiforme que es la dramaturgia, trabajaron con intensidad, puesto que, independientemente que algunos montajes puedan gustar más y otros menos, cada una de las propuestas estaba bien ejecutada, haciendo relación con los lenguajes de cada director y se veía en ellas una toma de posición en torno a la teatralidad.

Los directores convocados son artistas de trayectoria, que estuvieron a la altura de este evento artístico, instalando puestas en escena que proponen un leguaje particular al mismo tiempo que se relacionan con las dramaturgias que han sido el pie forzado para su creación.

Sin duda, la dupla nombrada para realizar la dirección artística, parece muy acertada, puesto que tanto Jaime Lorca como Aliosha de la Sotta son artistas que han estado permanentemente en la escena nacional actual, desde enfoques diferentes pero, por lo mismo, tan complementarios para guiar un proceso artístico en sus diversas etapas. Pienso que el que ellos estén dirigiendo este evento artístico, también realza un reconocimiento a estos grandes directores chilenos que están innovado desde ópticas diferentes en ámbitos sociales, educativos y estéticos.

En la categoría de Autores de Trayectoria, fueron elegidos Una pensión en Yungay, de Leonardo González dirigida por Jesús Urqueta y La irreflexión de las cosas vivas, de Juan Claudio Burgos, dirigida por Heidrum Breier. En Autores Emergentes resultaron ganadores La vida terrestre de Nebraska, de Bruce Gibbons, dirigida por los Contadores Auditores, duo conformado por Juan Andrés Rivera y Felipe Olivares,Tarde de verano, de Ana Corbalán, dirigida por y La cuna de fuego, de José Antonio Soto, Rodrigo Pérez a cargo de la dirección de la puesta en escena.

Todo este equipo de trabajo fue seleccionado y es una apuesta, casi un juego, no en el sentido de “improvisado”, puesto que hay un pensamiento previo sobre que director es más idóneo para un texto determinado, sino por el efecto de lo impredecible, “Veamos que resulta de todas esas relaciones, gestiones y políticas públicas”.

Las obras seleccionadas son diversas y bajo el marco de selección de textos y formato, hubo un buen equilibrio, puesto que el festival tenía variación, con diferentes formatos, tales como textos que implicaban un desarrollo más performativo y post dramático y otros que al ser tratados al aire libre, tenían un aspecto más experiencial y, por tanto, una percepción diferente, desde este punto de vista, el espectador podía hacer un recorrido amplio al ver todos los montajes.

No deja de ser cierto que toda selección supone tomar decisiones, instalar identidades, y ensayar posibilidades; nunca habrá certeza completa de resultados y justamente eso es lo interesante, los procesos, los diálogos artísticos y el movimiento cultural que se genera a partir de esa premisa es enriquecedor en sí mismo, por ello, aunque esas múltiples opciones pueden ser discutibles, son también parte de la grandeza de la selección que, como se dijo, es amplia, inclusiva y esto siempre será una ganancia cultural y artística.

La selección este año dio como resultado, montajes escénicos dotados profesionalismo pero en algunos casos, -no se si por el corto tiempo de producción- otros trabajos carecían de profundidad, faltaban ser más afinados para mostrar esa belleza escritural-escritural.

En términos generales, si pudiese hablar de una sensación que nos deja la muestra de dramaturgia este año, me atrevo a decir que esta se intenta renovar, rescatar nuevas tendencias dramatúrgicas, abarcar a una mayor diversidad de audiencias, tanto escolares, como el acercamiento a otros territorios, intenta en ese sentido ser más dinámica, con un discurso variado e innovador. Sin embargo, la calidad de las propuestas en general, tanto escena, dirección, como texto, no parece que haya trascendido a la misma muestra. Con esto pretendo decir, desde mi opinión, qué el resultado artístico estuvo atrevido, pero que no emergió una obra que causara mayor impacto, a diferencia del año pasado donde, por ejemplo, existió una obra como “Hilda Peña”.



Debido a la magnitud del festival, me explayaré en términos generales sobre las obras, destacando aspectos interesantes que emergieron de la muestra.

“La vida terrestre de Nebraska”, por ejemplo, tenía indagaciones y temáticas destacables, puesto que había un dialogo entre el porno y el teatro, ingresando en el mundo de los grandes referentes, así pudimos ver a actrices porno leyendo escenas de Chejov, además, desde la óptica y sello pop de los Contadores Auditores el texto cobró una riqueza y locura a la par, capaz de producir reflexión dotándolo de una extrañeza particular en su atmósfera, en este sentido, resultó asertivo que ellos dirigiesen el texto de Gibonns, sin embargo, en cuanto a la historia misma, era compleja de seguir, y a momentos pasaba a segundo plano, me parece que es una obra que requería más tiempo de digerir y profundidad, tanto el montaje mismo y actuaciones dado que se trataba de una historia con diversas temáticas entramadas, lo que lo hacía interesante pero compleja de trabajar: extraterrestres, infidelidades, desamores, porno y Chejov corriendo al mismo tiempo. Por cierto, el coctel al inicio, a cargo de la Cocina pública y teatro Container, aportaba totalmente, dándole teatralidad a la misma obra, al formato, le dio un color interesante a la muestra.

Por otro lado, “Tarde de verano” le entregó a la muestra un aspecto performativo y experimental interesante, puesto que el texto impregna de imágenes el espacio, a su vez, “La irreflexión de la cosas vivas” sorprende por sus actuaciones, que funcionan como un soporte al montaje. “Una pensión en Yungay”, con sus atractivos y delirantes personajes, que a la vez pueden ser reconocibles en una pensión común, precisamente en un barrio como Yungay, aportaba estilo y color local, no obstante, desde la dirección, se experimenta con elementos de sonidos, efecto que le entrega profundidad y transmedialidad al proyecto. Sin embargo, la obra era innecesariamente larga y eso hacia que esta finalmente se volviera reiterativa, puesto que tenía tres finales posibles. De todos modos, se destacan las actuaciones (algunasn notables) y una dramaturgia delirante e innovadora, porque rescata un barrio memorable y lo enlaza con historias donde cada integrante posee un misterio, muy particular, en relación al barrio Yungay.

Por su parte, “Cuna de fuego”, con la intensidad y tejido de los textos e historias que propone, poseía fuerza y energía escénica, desde la dirección se le entrega un desborde interesante a las diálogos a momentos interesantes, aunque algunos de sus personajes eran estereotipados y existían acciones un tanto predecibles, pienso que el texto fue abordado desde un aspecto complejo para dar una relectura del mismo.

Cada uno de esos textos tendrá que desarrollar un recorrido propio en el camino de constituirse como una obra que vaya más allá de la muestra misma. Y esperamos que así sea, en la medida que mientras mayor sea la cantidad de espectáculos en Chile, mayores serán las posibilidades de generar un público interesado y activo.

Uno no conoce los textos, sólo ve la puesta en escena, (aunque es atractivo que el festival proponga un ítem en la pagina para que estos sean leídos), es interesante imaginar las tensiones o acercamientos entre el imaginario escritural y su concreción en las tablas, las miradas artísticas diferentes, los lenguajes estéticos que buscan sostener con materiales tan distintos y a la vez tan cercanos (palabras, signos cuerpos) una obra de arte que se sostenga por sí misma y genere esa (tan difícil de conseguir), relación con el público. Es imposible saberlo, es una incertidumbre imaginar qué tipo de relaciones se constituyeron entre dramaturgos y directores, tal vez hasta sea irrelevante, pero también puede ser que reflexionar sobre esto, entregue luces sobre la diversidad de esta muestra, sobre los resultados distintos de cada trabajo y sobre los modos que tienen las nuevas teatralidades de articularse.

No deja de ser sugestivo, si el deseo del dramaturgo, la ilusión y esas imágenes que rondaban en su cabeza, fueron efectuados, no deja de conmover la idea que el director de alguna manera está aterrizando un pensamiento, un deseo, donde se despliega el fenómeno del desapego del texto y del reconocimiento o distanciamiento del mismo texto en la escena de parte del dramaturgo.

Me parece trascedente, además, que se realice un festival que realce la dramaturgia, puesto que siempre está bien expuesta la puesta escena, protagonista de lo propiamente teatral y por lo mismo genera mayor impacto, así, darle un lugar preponderante a la dramaturgia es enriquecedor e importante, estos acontecimientosle dan trascendencia (que se merece) al texto en si mismo.

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