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“Latinos del sur” de Víctor Hugo Ortega: Escribir para reconocerse

por 20 febrero, 2018

“Latinos del sur” de Víctor Hugo Ortega: Escribir para reconocerse
El autor está advertido de la importancia simbólica de la ciudad como espacio en el que el hombre se afinca, vive e imagina. Por eso nos habla de ciudades, de calles y barrios. Allí aparecen Tijuana, Santiago, Valparaíso, Montevideo o Ciudad de México. Porque sabemos que la ciudad es un lenguaje vivo, un  habla, una polisemia, tal como decía Roland Barthes.
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"La identidad solo llega a ser un asunto importante cuando está en crisis, cuando algo que se ha asumido como fijo, coherente y estable es desplazado por la experiencia de la duda y la incertidumbre"

Kobena Mercer

Escribir en Cambria, tentar una teutónica de lo propio, sumergido en un continente castigado, sufrido, golpeado. “Latinos del sur” (editorial Hojas Rudas, 2017) de Víctor Hugo Ortega, editado como libro-objeto y cuyo diseño lleva por nombre “Lotus book”, por la forma que se genera al abrirlo (en 180°); es de aquellos poemarios de raigambre, con un contenido político que se cuela en cada verso, en cada estrofa.

Escribir con conciencia de lugar es, siguiendo a De Certeau, una práctica de lugar. El reconocimiento de un origen, y no de una esencialidad. Ser latino, más aún, ser un latino del sur, es enfrentarse a una historia común, de dolores y traumas, de crisis y patetismos. Casi como el guión tortuoso de un melodrama. Casi como una familia a la cual le falta el padre.

“Latinos del sur, / de padres ausentes, / cariños fragmentados” (poema “Ausencia del padre”).

“Hermanos latinos del sur, / complicidad desconocida; / no estamos solos en el mundo, / que fue una mentira / y hoy es verdad” (Poema “Hermanos”).

“Latinos somos también los del sur, / tan latinos como los del norte y el centro, / como los cruzadores de la frontera famosa, / ese muro que divide las lenguas, / división del poder y la salvación, / reja de llanos y dolores (Poema “Latinos del sur”).

“Nunca voy a ir a Vietnam. /Nunca voy a ir a Camboya. / Nunca voy a ir a Tailandia. / Nunca voy a ir a Birmania  (…) Nunca voy a dejar / de ir a Montevideo. / Nunca voy a dejar / de ir a México. / Nunca voy a dejar / de querer a Santiago. / Nunca voy a dejar / de caminar por la plaza fantasma de mi pueblo. / Con cariño (poema “Nunca”).

Y no solo eso. El autor está advertido de la importancia simbólica de la ciudad como espacio en el que el hombre se afinca, vive e imagina. Por eso nos habla de ciudades, de calles y barrios. Allí aparecen Tijuana, Santiago, Valparaíso, Montevideo o Ciudad de México. Porque sabemos que la ciudad es un lenguaje vivo, un  habla, una polisemia, tal como decía Roland Barthes. La ciudad somos todos los que la habitamos, la sufrimos, día a día, en el metro, en la micro, cruzando fronteras y más fronteras.

“Yo estaba en Talca cuando miré al cielo y pensé que / las ciudades son como las personas, erran, hablan más de la cuenta” (poema “Desconfío”).

“El color de Santiago es plomo, / que no es lo mismo que gris. / Hay una pequeña diferencia: / el plomo es pesado y azulado, / el gris es suave, como las cenizas” (poema “El color de Santiago”).

“Asiento delantero: chileno solo, / asiento trasero: uruguayo y mexicano. / El chileno junta palabras / y dice que el nuevo mapa es chingón y copado; más Juan Gabriel en Uruguay, / más Gardel en México, / más sueño en Chile, / para que México sea sudaca” (poema “Sueño de mapas”).

Estamos frente a un libro lúcido, festivo (aunque no por ello menos conmovedor, desgarrador), con un lenguaje claro, preciso, incisivo, que prescinde de figuras retóricas demasiado rebuscadas y que, además, se nutre de múltiples referencias, intertextos. Desde intelectuales de la talla de Rem Koolhaas, poetas como Redolés, hasta los compases de Michael Jackson, Emmanuel o Juan Luis Guerra.

Escritor Víctor Hugo Ortega

En “Latinos del sur” hay movimientos, emociones, tránsitos, contra la urgencia moderna y la levedad gris que todo lo envuelve, incluso los cuerpos y sus resistencias. En este sentido, se trasluce con evidencia un manifiesto, una declaración de intenciones, que se plasma en una palabra crítica, en la porfía y el resentimiento,  en la desconfianza hacia el orden establecido, lo aparente, sin dejar de lado la ironía, la alegría, la música y los cantinfleos.

“Me asusta un país sin movimiento, / las calles sin movimiento, / la gente fija en las calles / y los árboles postizos. / El río Mapocho sin agua, / la Alameda en eterna construcción. / Los buses parados en la carretera / y la radio apagada (…) Quiero al país en eterno movimiento, / sin la traición inalterable / de dos clavos oxidados, / que fijan al país en una pared” (poema “País en movimiento”).

 “Algo está mal en el barrio / la plaza está fría / la gente no pasea a los perros / las cuecas no se escuchan / los borrachos no pelean / nadie espera en la banca de la esquina” (poema “Sospecha”).

“Me asusta la ciudad solitaria, / con bancas limpias y basureros vacíos, / las farmacias cerradas; los kioscos sin diarios. / La calle se mueve y nadie se cae: / es domingo (…) Camino por la calle que cruza la ciudad, / voy contando las cosas que eran y ya no son: / cines, teatros, cafés, palacios. / Hoy todo es asco de modernidad” (poema “La ciudad solitaria”).

“Latinos del sur no usamos bigote, / ni camisas floreadas, / ni cadenas de oro /tenemos poco estilo, /pero nos gusta la cumbia / y con eso estamos” (poema “Latinos del sur”).

Guardando las proporciones, el nuevo libro de Ortega se integra a la larga lista de poetas y escritores preocupados por la identidad latinoamericana, tal como Gabriel García Márquez, Octavio Paz o Pablo Neruda. Hay un compromiso, una necesidad de insertarse, de pensar y pensarse desde este lado del continente. Porque como dice Martin Heiddeger, “el habitar es el rasgo fundamental del ser, conforme al cual son los mortales”.

Se puede descargar el PDF del libro, en el siguiente link: https://goo.gl/ZwPGbS

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