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Bodyguard (Guardaespaldas): el mejor estreno de serie que vi en 2018 CULTURA|OPINIÓN

Bodyguard (Guardaespaldas): el mejor estreno de serie que vi en 2018

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Así es. Como resulta imposible escapar de los tópicos del mundillo del análisis audiovisual, aquí estoy otro año más, compartiendo mi valoración obstinada por el drama policial británico y una curiosa devoción por ese artista de la televisión del siglo XXI llamado Jed Mercurio (creador de Line of Duty [BBC One]; Critical [Sky1]; Bodies [BBC Three], entre otros). Seguiré haciendo sus relaciones públicas hasta que se transforme en un icono pop.

[cita tipo=»destaque»]Sin duda es una serie de varios clímax. Ya en el episodio 3 (de 6) logra tantos peaks, que bien podría calificar para la categoría multiorgásmica. Tal vez por eso el final parezca edulcorado y soso, lo que carece de importancia cuando te han dado un paseo intensísimo antes de llegar al destino. Y no podía ser de otra forma cuando el tema son las bombas.[/cita]

Desde luego no ha sido lo único que ha sorprendido. Por nombrar algunos casos, considero que Sharp Objects (HBO) toma el testimonio de esos guiones que cuentan historias de supervivencia con perspectiva de género, en plan “los ricos también lloran”. En la misma línea, la segunda temporada de The Handmaid’s tale (Hulu) resulta tan agobiante como atractiva. El paralelo entre June Osborne (Offred) y Kunta Kinte asusta. En el contexto de una propuesta distópica, viene a ser Raíces (ABC) de nuestro siglo, porque como se sabe las amputaciones están a la orden del día en Gilead. Y no puede faltar en este preámbulo una historia de machitos rancios como The Terror (AMC), maravilla histórica basada en el libro homónimo de Dan Simmons. Si no has visto Fariña (Antena 3) y Dogs of Berlin (Netflix), 2019 es el momento de darles una oportunidad. El universo narco goza de buena salud.

Bodyguard

Ahora, lo que nos convoca: Bodyguard (BBC One). En principio la cita al filme de los 90 (Kevin Costner y Whitney Houston) puede tirar para atrás. Esto pinta a historia de amor rosa como las de toda la vida, pensarás. Pues sí, no puede escapar de ese lugar común. Pero pisa ese territorio de la mano de Jed Mercurio, lo que es garantía de una historia singular muy acorde a la velocidad de nuestros tiempos, porque la temporalidad y los ritmos son piezas claves en el mundo de Mercurio.

El subordinado y obediente sargento del Comando de Protección, David Budd (Richard Madden, Robb Stark en Juego de Tronos), es un veterano de la guerra de Afganistán cuya cabeza ha quedado un tanto desajustada por los traumas vividos. El pánico y la ansiedad se lo comen vivo en un oficio donde no puede dar señales de debilidad. Su cara estresada y las manos temblorosas son síntomas de la crisis que vive. Todos sus superiores son mujeres, y por esas ironías de la vida le toca proteger a Julia Montague (Keeley Hawes), que viene a ser el ministro Chadwick en versión británica (sin ofender a Julia, por cierto). Es decir, la jefa de jefas.

Para poner más condimento a la cosa, la Secretaria de Estado tomó decisiones políticas que afectaron la seguridad de los soldados británicos asentados en el frente. Para entendernos bien: al guardaespaldas le toca proteger al cargo político que lo ha perjudicado directamente. Pero según dijo Wojtyla, el amor es más fuerte. Por ahí vienen los tiros. Nunca mejor dicho.

La clave: el guión

Si bien en Bodyguard las balas no están ausentes, curiosamente las escenas de acción son las que llevan menos despliegue físico. Ahí está la magia de Jed Mercurio quien logra combinar tres aspectos para hacer del guión una pieza notable: (i) escenas con personajes estáticos (literalmente, parados e inmóviles); (ii) una banda sonora in crescendo envolvente y sostenida; y (iii) diálogos finamente verosímiles potenciados con acentos que marcan el origen social de los personajes. Son escenas largas y agotadoras (desde el punto de vista del espectador) que tienen el poder de desplazarte al borde de la cama o asiento.

Sin duda es una serie de varios clímax. Ya en el episodio 3 (de 6) logra tantos peaks, que bien podría calificar para la categoría multiorgásmica. Tal vez por eso el final parezca edulcorado y soso, lo que carece de importancia cuando te han dado un paseo intensísimo antes de llegar al destino. Y no podía ser de otra forma cuando el tema son las bombas. Desde el Sabotage (1936) de Hitchcock que la producción audiovisual inglesa viene construyendo el miedo a las explosiones urbanas. Pues esta serie toma el testimonio de lo señalado y su idea central es que todo pende de un hilo (verde o rojo). Toda una metáfora de la vida global.

Bodyguard (Guardaespalda) está disponible en Netflix. Recomiendo contar cuántas veces David repite la frase “yes ma’am” durante la temporada.

¡Buen 2019!

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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