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Libro "Los Asaltantes del Cielo" de Gonzalo Contreras: Personajes

por 11 noviembre, 2019

Libro
Contreras sabe dotar de movimiento a sus personajes. No solo físico, que por supuesto existe, es un movimiento interno, el del pensamiento a disposición de la realidad y el tiempo que los rodea.
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En la película del año 2014 La desaparición de Michel Houellebecq, una ficción donde se fabula sobre lo sucedido durante un par de semanas en que el escritor francés desapareció del mapa, activando las alarmas de un posible acto terrorista, hay una escena donde uno de los secuestradores conversa con Houellebecq acerca de su proceso de escritura. El autor, de manos atadas y sorbiendo con dificultad de una copa de vino tinto, responde: "Depende. Si se trata de una novela, lo más importante son los personajes".

De forma caleidoscópica los personajes comienzan a interactuar, dotados de vida y fuerza, hacia una resolución que tiene altas posibilidades de conducirlos hacia el despeñadero. Esta tensión, presente a lo largo de la novela, dibujada a través de delgadas capas que se van quitando con delicadeza en conversaciones, recuerdos, confesiones y gestos que se suceden en distintos lugares de un Santiago contemporáneo, crean un espiral de tensión psicológica que obliga a los dedos del lector acariciar con anticipación la siguiente página.

Este diálogo se me vino a la cabeza al poco avanzar en la última novela de Gonzalo Contreras, Los Asaltantes del Cielo. Se trata de los personajes. En este caso nos encontramos con algunos que ya conocimos hace veinte años en El Nadador, afrontando nuevas etapas de sus vidas. Y quien toma el hilo en esta ocasión, a través de una indagadora tercera persona es Cristina Borda, recientemente separada y en uso de su nueva y creciente libertad, se deja asaltar por Gastón, un apuesto joven, a quien conoció durante una fiesta en San Francisco y la incita a fugarse para pasar juntos la noche en Monterrey. Así comienza la acción.

Contreras sabe dotar de movimiento a sus personajes. No solo físico, que por supuesto existe, es un movimiento interno, el del pensamiento a disposición de la realidad y el tiempo que los rodea, tiempo que se expande y contrae al interior de la conciencia de Cristina.

Cuando los personajes ya se encuentran de vuelta en Chile, deberán sortear las dificultades de un frágil presente y un difícil pasado que no termina de cerrarse. Frágil como el proyecto de Gastón de llevar a cabo una ópera basada en "La Tierra Baldía" de T.S. Eliot. Difícil, como la relación de Cristina con su padre. Un antipático y a la vez cariñoso Max Borda y su tía Virginia, hermana de su madre muerta y ahora pareja de Max.

De forma caleidoscópica los personajes comienzan a interactuar, dotados de vida y fuerza, hacia una resolución que tiene altas posibilidades de conducirlos hacia el despeñadero. Esta tensión, presente a lo largo de la novela, dibujada a través de delgadas capas que se van quitando con delicadeza en conversaciones, recuerdos, confesiones y gestos que se suceden en distintos lugares de un Santiago contemporáneo, crean un espiral de tensión psicológica que obliga a los dedos del lector acariciar con anticipación la siguiente página. No es coincidencia, que, durante una comida en un restaurant, donde se presentan y miden sus fuerzas opuestas las dos parejas, de fondo un cantante callejero interprete Just Like a Woman de Dylan. Max repara en la canción llevándolo a un pasado ya lejano, antes de que todo ocurriera, o apenas comenzaba a suceder. Tiene ahora al frente a su hija convertida en como dice la letra:  "toda una mujer, que sí, hace el amor como una mujer, y sufre como una mujer", pero el temor actual; "es que se quiebre como una niña". Tal vez al intentar tomar el cielo por asalto termine estrellándose, cayendo desde una gran altura. "En lo único que debemos reparar es en no ser unos imbéciles" le dice Max a su hija. Y a ella le importa no serlo a sus ojos y los de Virginia, y que Gastón no lo sea a los suyos.

Por otra parte, los personajes secundarios, atractivos, bien delineados, como la familia de Gastón y la compañía involucrada en el montaje de la ópera sobre "La tierra baldía", comandados por un inolvidable Dynamo, se enlazan perfectamente en el flujo conjetural en el que se va transformando la novela de Contreras. Personajes que dejan de ser solo un manojo de palabras y comienzan a parecernos reales. 

El término Tomar el cielo por asalto o asaltar los cielos, expresión que se le atribuye a Marx, pero anteriormente fue utilizada por los románticos alemanes, en especial en Hölderlin, quien relata en algunos de sus poemas el asalto que libraron los Titanes contra los Dioses del Olimpo, se instala como una fijación bajo la piel. O tal vez en forma de una reflexión oculta, sobre el arte como posibilidad de vida.  

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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