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CULTURA|OPINIÓN

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¡La construcción y reconstrucción de la cultura y las artes es urgente!

por 11 enero, 2020

¡La construcción y reconstrucción de la cultura y las artes es urgente!
Unesco presentó un informe el año 2013 donde muestra que los países y continentes que invierten más en estos temas aumentan considerablemente la cualidad de sus ciudadanos y el aumento de la economía a mediano y largo plazo, debido a los procesos cognitivos que se logran dar con el ejercicio de públicos cada vez más activos a los eventos y exposiciones de arte clásico o contemporáneo.
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Una de las urgencias que nos convoca desde las artes es para una mejor calidad de vida y de sensibilidad crítica/estética en nosotrxs. Cualquier disciplina o trabajo que realicemos, sea de artes o no, el hecho de potenciar lo que respecta a las necesidades de una comunidad ingente de artistas se dirige, de forma instantánea, a la cultura en general, es decir, mientras menos se invierta en las artes (y no es solo poner una cantidad de dinero a disposición cada año y esperar a ver quienes se lo adjudican), menos se invierte en la cualidad abierta de la sensibilidad y creatividad de las cosas del mundo y la realidad. Cualquier profesión que intente cambiar las condiciones de realidad negativas de un mundo requiere, de un forma u otra, de esta creatividad, y las artes son un tipo de eslabón donde la comunidad se nutre del principio sobre cualquier descubrimiento e invención; es la base histórica de esa creatividad, y nace desde la creación de todxs quienes quieran acceder a ella.

Es importante entender que este no es un tema menor. Estamos perdiendo los espacios físicos y simbólicos donde desarrollaremos la cualidad estética y espiritual de la población. Los espacios de transmisión del arte NO pueden perderse, pues son los lugares formales donde se intenta desarrollar estas experiencias, las que son un patrimonio, no solo para nosotros, sino para todas las generaciones posteriores. Desconocer esto es dejar un legado técnico instrumental sobre lo sensible en tanto política; un legado sin sustancia de vida.

Unesco presentó un informe el año 2013 donde muestra que los países y continentes que invierten más en estos temas aumentan considerablemente la cualidad de sus ciudadanos y el aumento de la economía a mediano y largo plazo, debido a los procesos cognitivos que se logran dar con el ejercicio de públicos cada vez más activos a los eventos y exposiciones de arte clásico o contemporáneo. Ahora, el tipo de modelo humano que digiere tal o cual experiencia estética es otra reflexión, pero, en este caso, es el mínimo común denominador sobre estándares básicos hacia arriba en la permanencia y potenciamiento, posiblemente propedéutico, de una población que daría importancia a sus recursos estéticos e intentaría ponerlos a prueba en su cualidad de enriquecimiento de la calidad de vida espiritual. Este tipo de informes, obviamente, obedece a lógicas del mercado capitalista dentro de la cultura y las artes, no se dirige a las bases del proceso creativo de un mundo fuera de esas lógicas. Sin embargo, es interesante percatarse del potencial cualitativo que tienen estos temas para la inversión, la cual, obviamente sería extremadamente mejor si se trabaja desde una inversión de bases con respecto a un programa que no quede atrapado en los sistemas de modelamiento economicista, pues, a pesar de su posible éxito, este siempre se mediría en base a esos estándares, y, a mediano y largo plazo, no produciría, aristotélicamente hablando, felicidad en las personas. Aquí me permito un paréntesis pertinente para recordar una frase que mencionó en una entrevista a este mismo periódico, el 15 de noviembre del 2019 el filósofo Franco Berardi, el cual rechazó la invitación de asistir al próximo congreso del futuro  por la indignación a la nula reacción del gobierno chileno en materia de derechos humanos hoy en día. En esa entrevista, él recuerda una pancarta chilena donde se podía leer: “no era depresión, era capitalismo”.    

Es importante entender que este no es un tema menor. Estamos perdiendo los espacios físicos y simbólicos donde desarrollaremos la cualidad estética y espiritual de la población. Los espacios de transmisión del arte NO pueden perderse, pues son los lugares formales donde se intenta desarrollar estas experiencias, las que son un patrimonio, no solo para nosotros, sino para todas las generaciones posteriores. Desconocer esto es dejar un legado técnico instrumental sobre lo sensible en tanto política; un legado sin sustancia de vida.

El patrimonio de una comunidad no es solo tangible, sino intangible. En el ejemplo del caso del Centro de Arte Alameda, este contenía a los dos: por un lado era espacio físico que, por su trayectoria y particularidad arquitectónica (a pesar de las dificultades técnicas que se mejoran con dinero y voluntad política) contenía particularidades históricas que no podemos desconocer. En ellas se integra, también, el patrimonio intangible, donde, a través de su historia, han circulado una inmensa cantidad de experiencia y relaciones de vinculación con el arte. Su registro no se puede borrar, pues han sido hechos cualitativos de vida a través de una organización fabricada para ello. La historia del lugar, en este sentido, no se puede desconocer, como lamentablemente se ha omitido en la discusión política gubernamental. Se podría comprender esta omisión, pues no es su obligación ser expertos en el tema artístico y su incidencia en la calidad simbólica, espiritual e incluso económica. Pero lo inaceptable es el vacío de respuesta a una vinculación con los y las agentes que intentan resguardar estos pocos espacios existentes en Chile, y sobre todo, el vacío de respuesta para con una población que requiere, con urgencia, los pocos “oasis” (para el caso de Santiago) dentro de un vértigo individualista y productivista que se encuentra inserto en demasiados cuerpos dado por la “obligación” de sobrevivemcia en un mundo simbólicamente muy agresivo en el afecto. La respuesta de la ministra Valdés fue muy escueta y de protocolo en relación a un posible apoyo estructural. El ministerio no realiza una declaración pública de las dimensiones de la cultura y sus pérdidas. Bueno, lamentablemente, de esxs operadores no se puede esperar reflexiones medianamente profundas y prospectivas. 

En la no pérdida de los lugares y el potenciamiento de los temas propuestos es donde los afectos mencionados tienen la posibilidad de entrar en otros sentidos, u otras lógicas como lo llamarían otrxs”, con respecto a las relaciones con el Otro y apuntar a rearticulaciones de lo común para convivir y explorar los procesos de sensibilidad desde lo institucional, a partir de la perspectiva integradora en la búsqueda de posibles identidades locales vinculadas a la cultura y las artes, más que en la desesperada y poco exitosa carrera de posicionamiento internacional.

Licenciado en Arte. Candidato a Doctor en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad, UV.

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