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CULTURA|OPINIÓN

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Felervpukey tayiñ che dugun ‘El che dugun ha seguido y seguirá su caminar’

por 24 febrero, 2020

Felervpukey tayiñ che dugun ‘El che dugun ha seguido y seguirá su caminar’

Crédito: Agencia Uno

Cada 21 de febrero se celebra el día Día Internacional de la Lengua Materna, en el marco de esta fecha que reconoce en el lenguaje un resguardo de las tradiciones, recuerdos, modalidades únicas de pensamiento y expresión, la académica Elisa Loncon reflexiona en torno a la importancia del resguardo de la lengua de los pewenche, el che dugun ‘lengua de la gente’. "Como lo enseñan los padres pewenche, es necesario aprender a defender el idioma propio desde niño porque es el idioma del amor a la familia,  del cariño al hogar, a la naturaleza, a sí mismo. Si a los niños le enseñan a despreciar ese idioma los dejan sin armas para enfrentar la discriminación, y esto es la violencia que conduce al etnocidio, al lingüicidio" advierte Lonkon en esta columna.
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Los pewenche ‘gente del pewen’, conforman una identidad territorial del pueblo mapuche que vive en la pre cordillera de Los Andes, de la 8va y 9na. Región. Poseen conocimientos territorializados en ese espacio montañoso, junto al río Ralco y al Queuco, con prácticas culturales ancestrales propias. Su lengua denominada che dugun ‘lengua de la gente’, tiene gran vitalidad, particularmente en la zona del Alto Bío Bío donde es lengua materna de los picikece (niñas y niños) y de uso cotidiano en el hogar. El 90% de la gente lo  habla. De este modo, la socialización, la relación familiar, de afecto, la comunicación, sus conocimientos todo lo realizan en che dugun, los niños llevan su lengua en el corazón y en la mente. Cuando escuchan o les dicen ese idioma no sirve, el malestar lo sienten dentro se sí mismo y cuando se sienten valiosos, el valor les nace del corazón y su lengua se vuelve poderosa; ello se aprecia en sus miradas y en sus sueños de hacer justicia ante tanta negación de sus derechos. Las familias pewenche son numerosas, tienen de tres a cuatro hijos, mantienen la familia extendida y practican la economía de subsistencia, tienen ganados, ovejas, cabras, vacunos, aves. La mujeres cultivan la huerta, hilan, hacen telares, producen miel. Los hombres siembran pequeños huertos y crían animales; en el verano la mayoría se va a la veranada a pastar los animales.

Tanto las familias y los picikece no están exentos de la violencia que sufre el pueblo mapuche y que también se vive en la escuela, como consecuencia de las políticas públicas y la represión policial.  Aunque el che dugun es la lengua funcional de la familia,  no lo es en la escuela cuyo curriculum se desarrolla en castellano, a excepto durante la asignatura de lengua indígena donde el che dugun ocupa cuatro horas pedagógica a la semana, en el mejor de los casos. Las escuelas tienen profesores que no saben el idioma pewenche, además fueron formados en las universidades reproductora del pensamiento eurocéntrico, en Chile no existen universidades indígenas ni interculturales como en otros países con mayor reconocimiento de los derechos indígenas (México, Ecuador, Bolivia). Acá se violan los derechos de los niños al no permitirles ser educados en su lengua y cultura, tal cual lo exige la Declaración de los Derechos del niño, Articulo 30.

Cuando la cultura propia no tiene valor en la escuela, ni en las metodologías de enseñanza, tampoco en los contenidos de aprendizaje, ni en la formación valórica, la educación lejos de educar, violenta a los niños. Por ello, es urgente la descolonización de escuela, incluso de la educación intercultural bilingüe, como también denunciar el maltrato del sistema escolar que hoy presentan nuevas formas de racismo, por medio de la discriminación lingüística escolar, amparada en políticas de inclusión como ocurre en los Programas de Integración Educativa en Chile. Las características y riquezas del plurilingüismo y de la diversidad cultural del estudiante indígena no deben ser leídas como síntomas de patologías o trastornos, porque el bilingüismo no es una enfermedad y la diversidad cultural tampoco.

En este breve artículo me referiré a conversaciones  con tres familias pewenche, realizadas en los últimos meses, con las que he hablado en che dugun y del che dugun, también hemos hablado de la visión de les picikece de su cultura y de las preocupaciones de los padres y autoridades tradicionales sobre la escolarización, la defensa de la lengua materna y de la resistencia lingüística, cultural e identitaria. Entre las cosas que les pedí en la conversación fue que me hablaran de lo hermoso de ser pewenche, qué les gusta y no les gusta de ello, esta misma pregunta la hice en relación con las asignaturas que cursan en la escuela, además de pedirles algunas reflexiones en torno al valor del che dugun. A los padres y sabios también les pedí que me hablaran de cómo valoran a sus picikece y que hablaran de los consejos que les dan.

El orgullo y valor de ser pewenche

Ciciken es una niña de 12 años,  ella me dice que lo más lindo de ser pewenche es poder apreciar la naturaleza, a ella le gustan los animales, principalmente el caballo. Inaymañ (11) dice que a ella le gusta ser niña pewenche porque vive en el campo, le gusta la naturaleza, además disfruta de tener una familia grande. Su hermano (13) señala que por su condición pewenche tiene beca indígena en la escuela y le gusta tener epu dugun ‘dos lenguas’. El hermano mayor acaba de terminar el liceo y dice que para él el che dugun es su orgullo, sin embargo, “él no más sabe que es valioso” porque sus profesores por ejemplo ni se enteran de que el es orgullosamente bilingüe de castellano y chedungun. 

Un joven padre comenta que su hija que estudia en Los Ángeles le dice: “ser pewenche es lo mas lindo que hay”, ella habla che dugun y dice “azmatukenu picike ciñura ‘las niñas no mapuche me admiran por mi lengua’. 

Los picikece todos colaboran en las labores del hogar, los hermanos de Inaymañ ayudan  al papá y a la mamá. Cortan pasto, ayudan a sacar la miel, a cuidar los pavos, lavan platos. Inaymañ ayuda a cambiar los pañales  a su hermanito de siete meses, hace aseo, le da comida a los pavitos y a los pollos. La otra niña que estudia en Los Ángeles aprendió el telar y su abuela es orgullosa de su agilidad. Cabe destacar que en los hogares mapuche, el modelo de picikece se diferencia del niño urbano porque en la comunidad participan de las tareas del hogar, trabajan, asumen responsabilidades según su edad  y esto además de cultivar valores colectivos les permite un proceso de autovaloración y auto reconocimiento de sus capacidades.

La mamá y el papá de Ciciken dicen que su hija, es muy amable, copera y está pendiente de todo, sabe hacer el pan, la comida, “a veces uno esta trabajando y ella tiene la comida lista”. Ciciken cuando grande quiere ser domadora de caballo. Inaymañ quiere ser abogada para “defender a los otros, para que no le rechacen por su cultura o que les acusen por algo injusto”. Un familiar suyo fue acusado injustamente por defender su tierra. Su hermano mayor quiere ser psicólogo porque podría ayudar a las personas y en la zona pewenche hay muchos niños y jóvenes que necesitan de este profesional, debido al desarraigo cultural que produce salir de allí,  el hermano menor quiere ser cirujano.

Los padres dicen que sus hijos vibran con la cultura, asisten con gusto a las ceremonias del pvntewvn y kamarikun, ambas son encuentros de agradecimiento a la tierra. Para participar de estas prácticas hay que tener kvñpen, un vínculo cósmico, espiritual y familiar que ellos identifican con nombres especiales;  como los profesores wigka no tienen este vínculo, cuando asisten, solo pueden mirar sin participar.

Weñagkvn /los dolores

Ciciken no lo ha pasado muy bien en el colegio, el hermano de Inaymañ tampoco; ambos han tenido problemas con las matemática y el castellano, según sus profesores no comprenden la  lectura por eso han entrado Programa de Integración Educativa (PIE), allí dicen, les ayudan a mejorar el manejo del castellano, les cuentan cuentos, “me preguntan cómo se llama el cuento, quién lo relata, cuál es el personaje principal” dice Ciciken, lo que ella hoy comprende perfectamente. 

La madre no se convence de que su hija tenga problemas de aprendizaje, “en la casa ha aprendido y hace de todo” dice ella. Pero una profesora ha dicho que “es taimada y tímida. También dice que hay niños incapaces de tomar un lápiz porque tienen flojera”. Como madre se angustia frente a este discurso y más aún porque en las reuniones de padres los tema lengua, cultura y rendimiento escolar no se abordan, “las reuniones se hacen en castellano  y la gente de la comunidad no opina porque no tiene el castellano fluido para intervenir, entonces nadie dice nada”. Por otro lado, según ella hay padres que siendo pewenche “están en contra del che dugun…, reaccionan así porque tienen miedo a que cuando sus hijos lleguen al pueblo y no hablen bien el castellano”. Distintas son las reuniones comunitarias convocadas por la organización, allí todo hablan porque se hace en che dugun.

Así los padres reconocen que hay weñagkvn ‘tristeza’ en los niños y en sus vidas por llevar una lengua y cultura diferente a lo que la escuela enseña. Uno de los padres dice que cuando dejó la comunidad para ir a estudiar al pueblo “echaba de menos la naturaleza, el fogón, el mundo mapuche. Yo me amargaba solito y en la noche lloraba”. El otro padre recuerda que a él el profesor le regañaba, con palos le pegaron por no aprender en la escuela, dice. Su señora dice, gvmakey faciantv/ ‘hoy todavía llora’ y se ríen juntos. Su esposa cuenta que su profesor cuando se enojaba le doblaba las hojas de su cuaderno para indicarle cuantas hojas de copia de palabras tenia que hacer. Aun así reconocen que en la comunidad eran todos iguales como pewenche y el sufrimiento era menor; en cambio en el pueblo lloraban porque además eran tratados como indios.

El joven egresado de cuarto medio dice que “hay personas afectadas psicológicamente por la violencia del sistema, el  cambio de mundo cuando salen de la zona es tan grande que les cambia la percepción de la vida, algunos llegan al extremo de odiar su cultura”. En su opinión esto se debe a la educación chilena, a la historia que se enseña y que niega a los mapuche. El desarraigo cultural se ve en el pueblo, en Los Ángeles por ejemplo, confirma el joven.

En un mismo hogar, niños de una misma familia no todos tienen la seguridad respecto al valor de su lengua. En la conversación familiar uno de los niños dice “A mi no me gusta el che dugun, cuando salimos de la escuela no ayuda con las otras asignaturas”. 

En la escuela también hay profesores que “tiran para arriba” a los niños pewenche,  que aconsejan, empatizan con ellos, así lo reconocen algunos niños y padres. Los profesores no son de la zona a excepto los kimelfe/profesor de che dugun y los encargados de talleres pedagógicos .

El profesor pewenche encargado de talleres pedagógico dice que “se podría contextualizar toda la educación si la escuela dejara el espacio; ello depende de la dirección del establecimiento y del profesor, pero si no hay interés, simplemente no se va hacer, rvf gelay interculturalidad/no hay interculturalidad de verdad”. En su experiencia como profesor siempre parte del contexto “de lo que somos nosotros” y los niños todos participan sin temor de hablar en público.

Como se ve, lamentablemente la escuela practica el epistemicidio (Sousa, 2017), la negación del pensamiento y sabiduría propia, para colonizar e imponer una sola lengua, una sola cultura. El tema central no es que la gente este en contra de que sus hijos aprendan castellano, sino que ven que la escuela lo es eficiente para el desarrollo de las lenguas, por un lado les conduce abandonar el che dugun y por otro, no les garantiza el aprendizaje del castellano. Los picikece en el hogar y en la comunidad reciben una educación propia que potencia la lengua, el vínculo espiritual con la naturaleza, y algunos son mas sensible a esta crianza que es imperceptible por el curriculum escolar eurocéntrico donde el che dugun, la espiritualidad ni la naturaleza juegan rol alguno para el desarrollo del conocimiento. Además se les enseñan en una lengua que no conocen en profundidad, por lo que tienen dificultades para entender al profesor; a esto se suma, en algunos casos, las actitudes no tan favorable  del profesor frente a su cultura y a su condición de niño pewenche, que repercute desfavorablemente en su rendimiento. 

Felervpual che dugun/ la continuación del che dugun

Los padres dicen que el che dugun no acabará, en cualquier lugar la gente se habla en su lengua, incluso niños no mapuche lo están hablando, si se pierde o se olvida, la vida ya no será buena y lo pasaran muy mal, comentan. El colonialismo wigka pasará por encima y ellos no están dispuesto a eso/ Cewpvle zuguluwi ce kvmey. Picikece wigka suguletuy. Aflayay ce dugun,  aftufule, goymatule weyalkvletuayiñ , wente rupatuafuy wigka iñciñ mu. 

Reconocen que en la lengua también se trasmite el valor a los ancestros. “En el corazón pewenche va la sangre del papá, de la mamá y de los ancestros, eso es el che dugun”. La lengua también ayuda a ser “che/gente”, concepto que les  define como diferentes frente a los otros; “y que deben usar en su defensa”, lo dice un padre de familia . 

En la vida mapuche, los niños desde que nacen son considerados personas, picikeche/persona pequeña. Toda persona se rige por  los valores del az mapu (concepto de la filosofía mapuche) y estos forman parte de su código ético de vida. Para ser CHE, hay que ser: 

  • kimce ‘sabio’, norce ‘justo’, newence ‘tener fuerza’ no la fuerza física sino actuar con la fuerza del espíritu,  poyence ‘ser afectivo, cariñoso’. 

Ser persona también es una condición finita que se puede perder cuando no se asumen los valores señalados o, cuando no se respeta al otro o a la naturaleza, lo que es restituible durante la vida, al reconocer el error. La muerte termina definitivamente con esta condición. De este modo,  la sabiduría, el afecto, la rectitud y la fuerza espiritual orientan el sentido de ser mapuche/gente de la tierra. Entre las tareas asignadas a la persona figura propiciar el kvme mogen/buen vivir, ello se logra mediante el comportamiento centrado en mantener el equilibrio entre todo lo que habita en la naturaleza;  el desequilibrio es causa de enfermedad.

Gvlam/consejos

Los padres quieren que sus hijos sean buenas personas, que sean profesionales, y que sean siempre los mejores, que ayuden a su comunidad, a la gente que esta débil en conocimientos propios, colaborar en lo que sea posible. “Hay que respetar la tierra que nos vio nacer y convivir con ella, con el agua,  las veranadas. Afuera hay tecnología, gente alterada, los wigka empresariales piensan que se trata de arriarnos como animalitos y la vida pewenche no es así”

En la experiencia mapuche, la continuidad del idioma ha sido en gran parte fruto del trabajo de las familias y los pewenche lo tienen claro, “los padres son los que deben hablar che dugun a sus hijos, si ellos no lo enseñan, otros no lo harán”. Los niños deben  aprender a defender el idioma desde chicos, porque es el idioma del amor a su propia familia, a la mamá, al padre, al hogar y a la tierra. Despreciar ese idioma es despojar a los picikece de ese cariño y dejarlo sin armas para defenderse .

Los niños también envían consejos para los otros niños, “No tener vergüenza de hablar che dugun, nunca dejar atrás la cultura, escribir la leyes en che dugun y también la nueva  la constitución. 

Cierre

Los pewenche y mapuche de todas las identidades demandan la justicia cognitiva fundamentalmente en la educación, que se reconozcan los derechos culturales, lingüísticos y educativos de los picikece. La lengua propia y la cultura además muestran el horizonte que no lo puede otorgar el castellano ni otras lenguas, porque con su lengua materna codifican la realidad y su mundo. Con la lengua además construyen los conocimientos para enfrentar los grandes problemas de la humanidad como el desequilibrio ecológico, las enfermedades mentales, la relación del hombre con la mujer, del ser humano con la naturaleza. El uso de su lengua les permite adentrarse en una complejidad de sistemas y niveles de significaciones, racionalidades, valores y prácticas culturales que, dan cuenta de una filosofía propia, otro modo de vivir y construir el saber.

Cuando la cultura propia no tiene valor en la escuela, ni en las metodologías de enseñanza, tampoco en los contenidos de aprendizaje, ni en la formación valórica, la educación lejos de educar, violenta a los niños. Por ello, es urgente la descolonización de escuela, incluso de la educación intercultural bilingüe, como también denunciar el maltrato del sistema escolar que hoy presentan nuevas formas de racismo, por medio de la discriminación lingüística escolar, amparada en políticas de inclusión como ocurre en los Programas de Integración Educativa en Chile. Las características y riquezas del plurilingüismo y de la diversidad cultural del estudiante indígena no deben ser leídas como síntomas de patologías o trastornos, porque el bilingüismo no es una enfermedad y la diversidad cultural tampoco. 

Como lo enseñan los padres pewenche, es necesario aprender a defender el idioma propio desde niño porque es el idioma del amor a la familia,  del cariño al hogar, a la naturaleza, a sí mismo. Si a los niños le enseñan a despreciar ese idioma los dejan sin armas para enfrentar la discriminación, y esto es la violencia que conduce al etnocidio, al lingüicidio. También todos los profesores debieran enfatizar una y otra vez el valor que tiene la lengua materna de los niños, fundamentar científica y pedagógicamente su importancia, no solo la profesora de che dugun.

Las escuelas como en todo Chile en la búsqueda de un exitismo funcional al sistema neoliberal trabajan para lograr buenos resultados SIMCE, y se han olvidado de los estudiantes, de sus necesidades identitarias, espirituales, y lo peor de sus derechos humanos fundamentales como lo es la lengua materna. En el caso particular pewenche la falta de valoración de la cultura propia, entre otros, se debe a la falta de formación de profesores para desempeñarse en contextos bilingües; los profesores se preparan para enseñar en escuelas monolingües de español y no para atender el bilingüismo tampoco para entender otras culturas, es evidente la falta de formación intercultural en la educación.

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